Nacional 14/10/2018 - 12:01 a.m. domingo 14 de octubre de 2018

Narrativas en torno al golpe de Estado de 1968

Después de 50 años del golpe de 1968, la vida política del país continúa girando alrededor de dos ejes o visiones de la historia. ¿Cuan mutuamente excluyentes, ciertas o útiles son?

Omar Torrijos Herrera / Archivo | La Estrella de Panamá
Archivo | La Estrella de Panamá

Omar Torrijos Herrera

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Mónica Guardia
periodistas@laestrella.com.pa

Aun para quienes no creen en la historia como memorización de fechas, el día 11 de octubre es para los panameños uno de esos grandes eventos de obligatoria recordación, que representa en nuestro devenir, y guardadas las proporciones, el equivalente al 29 de mayo de 1453 (caída de Constantinopla), al 12 de octubre de 1492 (encuentro de Europa y América), o 13 de junio de 1990 (caída del muro de Berlín), fechas que separan eras o ciclos claramente diferenciados.

El 11 de octubre de 1968, del que se cumplieron 50 años este jueves, colocó frente a frente a dos de los líderes más importantes de la historia de Panamá: Omar Torrijos Herrera y Anulfo Arias Madrid.

De ese día nos queda ese periodo de 21 años que marcó a generaciones de panameños y del que proceden términos de uso diario como ‘la vuelta a la democracia', ‘la época de los militares', ‘antes del 68', frases que dan idea de su impacto como punto de ruptura y origen de tres periodos históricos diferentes.

‘No hay episodio de la historia del istmo que divida tanto a los panameños como el 11 de octubre, ni siquiera la invasión de 1989', sostuvo la historiadora Marixa Lasso, este jueves, durante el evento ‘Reflexiones históricas a los 50 años del 11 de octubre de 1968', serie de conferencias organizada por la Ciudad del Saber, el CIDEM, y la Asociación de Antropología e Historia de Panamá.

La división creada por el 11 de octubre es tan profunda que todavía hoy las dos figuras antagónicas del golpe de Estado continúan siendo los ejes de los principales partidos políticos de la actualidad (Panameñista, arnulfista, y el PRD, torrijista), cuyos partidarios se adscriben a narrativas históricas claramente diferenciadas.

MEMORIA HISTÓRICA

De acuerdo con Lasso, para comprender este fenómeno es importante referirse al concepto de ‘memoria histórica', que deriva en narrativas parciales y a veces sesgadas  de la historia, si se entiende esta como un registro científico de los hechos del pasado, continuamente reescrito y reevaluado a la luz de evidencias antiguas y nuevas.

Es una ‘memoria' que, de acuerdo con el especialista en semiótica Umberto Eco, crea cada grupo acorde a la estructura de sus concepciones y como parte de un proceso de afirmación de la identidad.

LÍDERES CARISMÁTICOS

Bajo un ángulo complementario se presentó el polítologo panameño Carlos Guevara Mann, quien durante su ponencia en el mismo evento, con su charla ‘Panamá en 1968', se refirió al concepto de líder carismático del sociólogo Max Webber. En este caso, alude al apego incondicional de los seguidores de un líder considerado extraordinario, excepcional, con cualidades de origen divino o ejemplar.

Como explicara Guevara Man, para Webber, uno de los intelectuales más lúcidos del siglo pasado, ese tipo de liderazgo impone un precio a pagar en la ciudadanía y que es la despersonalización y la pérdida de opiniones propias (‘la pérdida del alma'), el dominio de las emociones sobre la razón.

LA NARRATIVA ARNULFISTA O PANAMEÑISTA

Arnulfo Arias (1901-1988), fue tres veces presidente del pais y tres veces derrocado.

Pese a haber recibido todo tipo de impedimentos por sus enemigos para terminar sus periodos presidenciales, sus seguidores están convencidos de que logró dejar una estela de logros magníficos en beneficio de los más desprotegidos. Le dio el voto a la mujer, creó la Caja de Seguro Social. Balanceó los presupuestos del país. Protegió constitucionalmente a los campesinos del interior de la república.  

Para quienes se adscriben a la narrativa arnulfista, fue la última figura política de una democracia que, si bien no era perfecta, era una de las más sólidas del continente latinoamericano y se iba consolidando: desde 1959, Panamá había tenido (por primera vez en treinta años) tres periodos presidenciales completos y se preparaba para inaugurar el cuarto.

Los sesenta fueron una época de progreso material, en la que la economía del país crecía a un ritmo anual del 8% y se iban superando los problemas de atraso histórico con una creciente industrialización.

Al tomar posesión en 1968, haciendo uso de una potestad constitucional, Arnulfo Arias decidió hacer nombramientos y destituciones en la Guardia Nacional, lo que no fue aceptado por los militares, que derrocaron su gobierno con el único fin de defender los puestos que ostentaban y, sobre todo, las canongías derivadas de los negocios ilegales que mantenía esta organización mafiosa dedicada al tráfico de drogas, a la prostitución y a la ‘bolita'.

Bajo esta perspectiva, Omar Torrijos, con una máscara de nacionalismo, impuso a fuerza de las armas esa tragedia de veintiún años, que ensombreció la vida del país con la violación del orden constitucional, la denegación de las libertades y los derechos humanos, la persecución, las detenciones arbitrarias, el irrespeto al debido proceso, las torturas, la desaparición forzada y los asesinatos. 

Este periodo instauró una serie de prácticas que derivaron en el sistema de gobierno actual, con su clientelismo, paternalismo, corrupción, imperio del lumpen, y su buroccracia ineficiente y coimera.

Peor todavía, este periodo dejó como herencia a la figura nefasta de Manuel Antonio Noriega, protegido de Torrijos, que llevó al país hasta la miasma.

En lo económico, la dictadura militar fue igualmente un rotundo fracaso, que produjo un aumento del desempleo, y dejó impuestos injustos como el ITBM.

LA NARRATIVA TORRIJISTA

Omar Efraín Torrijos Herrera (1929 – 1981), fue comandante de la Guardia Nacional y dirigente del país entre 1968 y 1981.

De acuerdo con la narrativa torrijista, fue un general bondadoso que intervino como salvador en momentos en que el régimen político tradicional panameño estaba en plena implosión.

Su periodo de gobierno (primero de facto y luego constitucional) se caracterizó por la apertura. Torrijos abrió brechas para que los panameños más humildes se educaran y se unieran al proceso de desarrollo nacional. Fue amigo de los campesinos, de las minorías étnicas, a quienes llevó esperanza y progreso a través de sus patrullajes domésticos.

Terminó con el sistema de castas raciales y económicas que no eran otra cosa que rémoras del sistema colonial e impuso un nuevo sentido de democracia en el que todos los panameños eran igualmente valiosos: los indios, los negros, los pobres, los olvidados.

Si se le quiere imponer la etiqueta de dictadura, su periodo de gobierno debe ser considerado una ‘dicta-blanda' o ‘dictadura con cariño' cono él mismo lo bautizó.

La mayor herencia de Torrijos, es sin embargo, el haber guiado a los panameños al gran paso histórico que finalmente permitió alcanzar el perfeccionamiento de la nación: con su simpatía, con su justicia, con su inteligencia y capacidad de negociación, gestó una campaña internacional y diplomática, que unió a las mejores mentes de distintos sectores del país, para culminar la negociación de un tratado que le dio a los panameños la posibilidad de entrar en la Zona del Canal, venciendo al ‘coloso del norte', que se había apoderado de las riquezas del país.

Para los torrijistas, la época de ‘antes del 68' era una época de oscurantismo, en que el poder estaba usurpado por la clase oligarca, una serie de familias cuyas nefastas disputas por el poder obligaron a un grupo de militares a relevarlos de sus posiciones de mando.

COROLARIO

¿Cuan arraigadas están estas dos narrativas mutuamente excluyentes en la mente de los panameños de hoy? ¿Cuan útil es esta dualidad de sistemas para impulsar las actitudes necesarias para el entendimiento de la sociedad y búsqueda de metas comunes en beneficio del país?

De acuerdo con la mencionada historiadora Marixa Lasso, todavía los panameños poco hemos podido avanzar en un análisis científico del impacto social del golpe de Estado de 1968 y del periodo de gobierno de 21 años que le siguió.

La tarde de ‘Reflexiones históricas a los 50 años del 11 de octubre de 1968' realizada en la Ciudad del Saber fue concebida como punto de partida para un esfuerzo multi disciplinario que permita entender este periodo sin sesgos y recurriendo a las herramientas científicas.

Es un esfuerzo que, de acuerdo con Lasso, debe continuar, si se quiere alcanzar un entendimiento histórico más claro y objetivo. 

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