Nacional 10/07/2017 - 12:01 a.m. lunes 10 de julio de 2017

Las escuchas telefónicas que pretendían controlarlo todo

Durante la administración de Ricardo Martinelli se compraron dos equipos de espionaje, uno capaz de interceptar computadoras y otro que, a través del celular, permitía conocer los más íntimos secretos del blanco

Las escuchas telefónicas que pretendían controlarlo todo

Adelita Coriat
acoriat@laestrella.com.pa

En marzo de 2010, cuando la alianza entre Ricardo Martinelli y Juan Carlos Varela gobernaba el país, la empresa israelí MLM Pc Surveillance Systems hacía una propuesta a la Policía Nacional a petición del Gobierno panameño.

La compañía, experta en adquirir información de las computadoras de sospechosos, vendió a Panamá el programa PSS que se instalaría silenciosamente en la computadora del blanco usando un método de infección. Es decir, a través de un e-mail ‘inocente' con un link ‘infectado', identificaba en la computadora del objetivo los comandos que deseaba intervenir, los captaba y los mandaba al centro de control en forma imperceptible para el usuario.

De esta manera, los agentes recibirían los comandos de operación para capturar la data deseada, ya fuera audios, archivos, etc., que sería enviada al interesado de manera encriptada.

La infraestructura de comunicación estaría basada en servidores ubicados en un centro de control que capturaba la información para ser analizada por la Policía. La operación era segura; desde el centro de control a los servidores, y viceversa, sin levantar sospechas del blanco.

El contrato también incluía un programa de identificador de voz con tecnología biométrica que permitía localizar un blanco y procesar hasta 50 objetivos. Permitía trabajar en varios canales a la vez sin ser intrusivo, y detectaba al sospechoso en tiempo real, podía monitorear las llamadas con cobertura global.

La propuesta incluyó un equipo localizador de móviles llamado ‘‘circles” que, entre otras cosas, detectaba si el celular estaba apagado o encendido, y el momento en que usaba internet.

El sistema podía seguir a dos blancos a la vez para conocer sus movimientos, si se alejaban o se acercaban entre sí, y seguir la ruta.

La urgencia por obtener un equipo de esta naturaleza o capaz de interceptar las comunicaciones de sospechosos ya se había hecho sentir. Ese año, Martinelli envió un mensaje al teléfono de la embajadora de Estados Unidos en Panamá, Barbara Stephenson, en el que le pedía ayuda con las escuchas telefónicas, pensando que tal vez la entidad diplomática pondría a disposición de Panamá un equipo especializado para esta tarea.

A la diplomática no le cayó en gracia el mensaje. Escribió a Washington que el jefe de Estado tenía una actitud ‘infantil' y que pensaba que ‘las escuchas son la solución para todos los problemas de criminalidad', según se lee en un cable de ‘Wikileak' filtrado.

Después del amargo incidente diplomático, la embajada de EE.UU. envió dos agentes de la Agencia Antidrogas Estadounidense (DEA) para ayudar al Gobierno panameño en la interceptación de comunicaciones para operaciones antinarcóticos, denominada ‘Operación Matador'.

Dos años más tarde, un sueño se concretaba: saber todo de todos. El Gobierno efectuó una compra infalible que permitiría prácticamente conocer la vida íntima de cualquier persona que pusiera en la mira.

En 2012 hizo tratos con la empresa israelí que vendió al gobierno uno de los mejores aparatos de escuchas telefónicas que jamás haya tenido el Estado.

El uso que se le dio a este equipo tiene encarcelado al expresidente Ricardo Martinelli por haberlo utilizado para escuchar ilegalmente a cientos de blancos que, pasada su administración gubernamental, interpusieron querellas ante la Fiscalía.

La Corte Suprema de Justicia inició una investigación que hoy tiene a Martinelli tras las rejas en Miami, donde residía mientras solicitaba un asilo a EE.UU., a la espera de su extradición a Panamá.

En el expediente que se le sigue a Martinelli por cuatro delitos —entre ellos inviolabilidad del secreto y derecho a la intimidad— hay varias versiones de testigos protegidos que han contado cómo funcionaba el equipo y a quiénes se espiaba con él. Casi todas coinciden en la metodología, los nombres del personal que manejaba las máquinas o hacía los informes al ‘jefe', los nombres del personal que entrenó a los funcionarios panameños y la ubicación del sistema.

Entre ellas destaca la del testigo 8430145, que rindió declaración ante la Fiscalía Auxiliar. En su declaración describe que el equipo era de la más alta tecnología.

Cuando todo mundo pensaba que los mensajes de texto del Blackberry eran casi inviolables, este aparato lo hacía todo. Era capaz de interceptar el BBPin, el WhatsApp, el correo electrónico del móvil, el audio ambiente donde se encontraba el sujeto interceptado. Además, tenía acceso al directorio de contactos de la persona, la tarjeta de memoria, también localizaba geográficamente al teléfono y era capaz de guardar la conversación telefónica, saber con quién se reunía la persona y rastrear sus movimientos. En fin, a través de este aparato, se desnudaba la vida del objetivo hasta conocer todos sus secretos.

El testigo señala en su declaración que para la operación del sistema era necesaria la fibra óptica. Para ello, se contrató a la empresa Liberty Technology, que dio soporte de internet. Las antenas estaban instaladas en el área de los tanques de Balboa, cuyo permiso de instalación se obtuvo de la Autoridad del Canal de Panamá, por ser una zona controlada por esta entidad. El equipo consistía en tres computadoras que estaban conectadas a un servidor y éste, a su vez, a otros servidores de la estructura principal.

El testigo dijo, según la traducción del testimonio efectuado por la defensa de Martinelli y entregado a la Corte del Distrito Sur de la Florida, que el 4 de mayo de 2014, unos días después de las elecciones presidenciales, el CSN desmanteló las computadoras.

A las 7:30 p.m., aprovechando que estaba oscuro, transportaron los equipos en una camioneta color blanco en la que dos de los agentes entrenados, Didier (alias de Ronny Rodríguez) y Guillermo (el alias de Wiilliam Pittí), la transportaron a un sitio desconocido.

Dos días después de esto, según el testigo, también se removió el estante donde estaban situadas las computadoras y se dispuso en una casa chiquita del Consejo.

El primer día de agosto de 2014, el testigo entregó a la autoridad un disco compacto con parte de la información que probaba su versión.

El disco fue enviado a la Dirección de Investigación Judicial de la Policía Nacional el 8 de agosto donde transcribieron 40 minutos de grabación de una fuente que ocultaba el rostro y con voz distorsionada, pero entendible.

En este video, el testigo describe que instaló el equipo y que las primeras prácticas se hicieron con sus propios celulares. Los infectaban, por así decirlo, de dos formas. La más directa consistía en detectar con qué compañía mantenía servicio el blanco. Luego, el sistema entraba al teléfono de forma imperceptible, la pantalla parpadeaba por dos segundos que podían pasar desapercibidos. Una vez cumplido ese paso, el sistema se instalaba en el móvil y tardaba 24 horas para completar la tarea. A veces había que tratar varias veces.

La segunda forma de extraer los datos del teléfono consistía en mandarle un mensaje de texto SMS. Para esto había que enviar un mensaje al blanco que incluía un link que le llamara la atención. Era más efectivo y rápido, pero también tenía una desventaja y es que la persona no está acostumbrada a abrir los enlaces que le llegaban del teléfono de un extraño. Por ejemplo, aparecía que venía de un número 0034 y otros ocho dígitos, así la víctima pensaba que se trataba de un mensaje del extranjero.

Con este equipo se conocieron las conversaciones de adversarios políticos, ministros, sus esposas, magistrados de la Corte Suprema de Justicia, magistrados del Tribunal Electoral, miembros de la Iglesia, diplomáticos, periodistas, en fin, de todo a quien estaban interesados en hacerle un dossier .

Como esta, aparecen otras declaraciones, supuestamente de exmiembros que trabajaron en el Consejo de Seguridad Nacional, siguiendo órdenes de la persona que identificaban como ‘‘el jefe”.

Ese ‘‘jefe”, según la declaración jurada de Ismael Pittí, era Ricardo Martinelli, que ha sido requerido por el Gobierno panameño a Estados Unidos. La petición de extradición enviada por Panamá ha pasado la verificación del Departamento de Estado, entidad en la que finalmente recae la decisión de extraditar al exmandatario.

Entre tanto, Martinelli sigue una larga batalla legal para evitar pisar suelo panameño.

Detenido desde el 12 de junio pasado en la Prisión Federal de Miami, la defensa acaba de recibir un revés después de que el juez Edwin Torres negara una petición de fianza solicitada en reiteradas ocasiones, y de distintas formas. En cambio, el juez se comprometió, como un acto de deferencia hacia el exmandatario, a participar de un proceso expedito de extradición.

La próxima audiencia se fijó para el 25 de julio. A diferencia de las dos anteriores, en esta discutirá elementos de fondo del proceso de extradición.

Los fiscales que participan en Estados Unidos (en representación del Gobierno de Panamá) tienen la obligación de que se ejecute el acto de extradición, pero finalmente la decisión está en manos del Departamento de Estado. La audiencia de extradición es solamente un control de formalismos.

La defensa podrá utilizar los argumentos que crea necesarios para abortar la extradición, pero el juez ponderará solo los papeles que tengan que ver con la extradición, mas no con el fondo del caso penal.

En el caso que se sigue en Panamá también están imputados dos exdirectores del CSN, Alejandro Garuz y Gustavo Pérez, además de miembros del CSN, como Rony Rodríguez y William Pittí, ambos prófugos.


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