Nacional 07/09/2018 - 12:00 a.m. viernes 7 de septiembre de 2018

Cuarenta y un años para seguir luchando

Lastimosamente, los hay quienes olvidan el alto costo que se pagó por esa conquista

Luis Navas Pájaro
periodistas@laestrella.com.pa

Han transcurrido 41 años (1977-2018) de la firma, en la sede de la OEA, ciudad de Washington D.C., de los dos tratados popularmente conocidos como los Tratados Torrijos-Carter. Fecha epónima de la lucha anticolonial de la nación panameña.

Se cerraba y se abría otra etapa. Como siempre la celebración de esa victoria no fue unánime, los hubo quienes por sus mezquinos intereses jamás creyeron en las reales posibilidades de alcanzar ese anhelado objetivo. Para lograrlo se construyó una unidad cívico-militar o una yunta pueblo-gobierno dirigida por el comandante Omar Torrijos Herrera. Por supuesto no fue fácil. Un pequeño país como Panamá necesitó ganarse el apoyo y solidaridad de destacadas fuerzas y personalidades a nivel mundial.

Importa recordar que Torrijos como Carter pagaron personalmente muy caro el pacto de la descolonización de Panamá. Al eliminar la perpetuidad con la que ocuparon y segregaron diez millas de ancho del territorio nacional, o la llamada Zona del Canal; instalaron sus bases militares y explotaron monopólicamente nuestra posición geográfica, mediante canal o ferrocarril. Ese desenlace concitó el odio de los sectores ultraconservadores estadounidenses y de no pocos cipayos panameños. Esa fue una de las razones por las cuales el presidente Carter no pudo reelegirse, y posteriormente Torrijos, pereció en circunstancias altamente sospechosas.

Pese a todo, Panamá desde hace 18 años es dueña absoluta de su principal recurso económico, el Canal de Panamá, y además se desmantelaron las bases militares estadounidenses arbitrariamente instaladas en territorio panameño.

Lastimosamente, los hay quienes olvidan el alto costo de esa conquista. El épico avance se puede frustrar. En el horizonte existen amenazas conspiradoras. Están algunas empresas que participaron en la ampliación del Canal y sin razón exigen pagos millonarios, y aguardan a encontrar tribunales o funcionarios tanto nacionales como internacionales que les sean cómplices.

Da mucha pena la manera como los panameños estamos encarando ese y otros problemas sensitivos concernientes al manejo del Canal.

Peligrosamente se ha resquebrajado la unidad de los panameños frente al problema canalero. Por ejemplo, la Junta Directiva de la Autoridad del Canal de Panamá, perdió la más mínima credibilidad al estar algunos de sus miembros penalmente encausados, mientras que otros es notoria su dedicación exclusiva a gestionar negocios particulares. Dejó de ser representativa de diversos sectores de la sociedad panameña y únicamente, salvo honrosas excepciones, está al servicio de pequeños sectores empresariales, porque tampoco ostentan la representación de todos.

Lo mismo se podría decir sobre los naturales conflictos en la cotidianidad laboral en el Canal. Se olvida con facilidad que el Canal ya no es propiedad de una potencia hegemónica y que le pertenece a todos los panameños. Teniendo muy en cuenta esa premisa se deben dilucidar las contradicciones obviando el afán de infringirle una derrota a la contraparte. Es y seguirá siendo la negociación o escuchando las razones la vía para dar paso a los acuerdos. De esta manera, todos saldremos ganando. Debemos dejar a un lado el pernicioso método militar, el del ‘ordeno y mando' instaurado por quienes construyeron y dirigieron el canal durante todo el siglo pasado. Se hace necesario construir un nuevo paradigma que nos permita solventar las dificultades de la administración y operación del Canal de Panamá. A nuestro juicio ese nuevo paradigma favorecerá el diálogo, el convencimiento, propiciará el empoderamiento y, por supuesto, los consensos.

Da lástima que el país que logró la mayor de las conquistas políticas rehúya enfrentar juiciosamente la explotación de la vía interoceánica para beneficio de todos, repito, para la mayoría de los panameños.

Por todas estas razones es impostergable que los panameños seamos capaces de ponernos de acuerdo para designar hombres y mujeres que, por su integridad e inteligencia, le confiemos la dirección y administración del Canal de Panamá. Estoy plenamente seguro en que esta tarea pendiente, junto a otras, la vamos a alcanzar.

DOCENTE UNIVERSITARIO

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