Nacional 18/08/2019 - 12:00 a.m. domingo 18 de agosto de 2019

‘El complot ha sido divertido para mí': la carta que involucró a Margot Fonteyn

A mediados de abril, el presidente Ernesto de la Guardia anunciaba que la intentona revolucionaria de Roberto Arias y Margot Fonteyn había fracasado. Pero todavía faltaba el último capítulo

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Mónica Guardia
guardiajmonica@gmail.com

A finales de abril de 1959, Panamá era "trending topic". El drama que tenía lugar en el país se desenvolvía como una novela de acción que los cables noticiosos ofrecían en pequeñas dosis que consumidas con pasión en todas partes del mundo.

Encarcelar a la primera bailarina de mundo, Dame Margot Fonteyn, estrella del Royal Ballet —aunque fuera por una noche, en una celda decorada con flores y con un funcionario bilingüe dedicado a satisfacer sus necesidades— fue como encender la mecha de una dinamita.

La trama reunía elementos que la hacían fascinante: una bella y delicada bailarina (Margot); un esposo revolucionario, prófugo de la justicia (Roberto ‘Tito' Arias); un primo mitómano que azuzaba a las masas desde Cuba y Nueva York (Rubén Miró); una red de amistades en los más altos círculos de poder y glamour del mundo (Errol Flynn, John Wayne, Aristóteles Onassis).

El día 24 de abril, pasado el humillante episodio de la cárcel, Margot Fonteyn se refugiaba en el hogar materno de Londres, Inglaterra, temiendo por la vida de su esposo.

En Panamá, el comandante Bolívar Vallarino, de la Guardia Nacional, dirigía la búsqueda de su marido, contra quien pendía una orden de captura.

Avionetas, carros patrullas, policías a pie recorrían la zona sur de Coclé, entre Penonomé y Chame.

‘Tito' había desembarcado el domingo 19 en la playa de Santa Clara, acompañado de unos siete extranjeros y el panameño Floyd Britton. No parecían andar en nada bueno. Ese mismo día, en horas de la tarde, un grupo de estos se enfrentó a tiros con la policía. Floyd Britton salió herido y logró llegar hasta la ciudad de Panamá. Otro de los hombres murió. Sus documentos de identidad revelaron que se llamaba Joaquín Baquero Núñez. Tenía treinta y cinco años de edad. Era cubano y trabajaba para una empresa editora en La Habana. Consigo llevaba una pistola calibre .45 completamente nueva.

Al día siguiente, martes 21, enterrado en las blancas arenas de la rivera coclesana, los guardias encontraron el segundo cargamento de armas ligado a la rebelión. Eran 24 pistolas hechas en Argentina, tres revólveres, una ametralladora calibre .30, y mil rondas de municiones.

Habla el presidente

Dada la gravedad de los hechos, el día viernes 24 de abril de 1959, el presidente de la República, Ernesto de la Guardia, daba la cara ante la opinión pública a través de una conferencia de prensa con periodistas locales y extranjeros.

El presidente, que en tres años no había tomado un día libre por temor y desconfianza hacia su primer vicepresidente ( ver biografía de Ernesto de la Guardia en Protagonistas del Siglo XX Panameño , por María Mercedes de Corró), se dirigía al público con una sinceridad aplastante.

Los esfuerzos realizados por su gobierno, la policía y los organismos internacionales habían logrado desarticular la intentona revolucionaria hábilmente concebida, dijo.

El jefe de Estado mostró una bolsa azul de viaje hallada en una cabaña de Santa Clara alquilada por Tito Arias, que contenía varios documentos comprometedores.

Además de documentos personales, pasajes de avión vigentes e invitaciones a fiestas, se encontró un mapa de Santa Clara y de la zona de Antón, otro de Colón con la estación de policía marcada; una tabla de mareas y un libro negro con un listado de armas y municiones.

Uno de los hallazgos más notables era una carta firmada por ‘The Duke', sobrenombre del popular actor de westerns John Wayne, socio de Arias en varias compañías exportadoras de camarones, con sede en Panamá.

Dentro de la carta venía un memo de la oficina de Wayne, en el que se detallaban los retiros de dinero hechos por Arias en los dos últimos años a la cuenta bancaria de la empresa, sumando $525 mil. El memo urgía una auditoría fiscal para verificar las cuentas.

‘Wayne parece un hombre culto y decente y no creemos que esté involucrado en este asunto. Lo mencionamos para dar un ejemplo de las cantidades de dinero que maneja Arias', comentó De la Guardia.

Pero el principal interés de los periodistas era Margot Fonteyn: ¿es cierto que dejó Panamá por voluntad propia?, preguntó uno de ellos.

‘Yo ordené la detención de Margot y su deportación', dijo el presidente. ‘Yo no creo en las vacas sagradas', continuó.

‘Si se llegara a comprobar su culpabilidad, pediría la extradición, de acuerdo con el tratado firmado entre Estados Unidos y Gran Bretaña en 1907', añadió.

¿Tendrá esta detención un efecto negativo sobre las relaciones con el Reino Unido?

‘No he recibido ninguna protesta de la Embajada Británica aquí sobre la expulsión de Margot y no espero recibirla. Ellos saben que tenemos el derecho, que hemos tratado a esta dama con consideración y cortesía. Los británicos saben que la ley es la ley'.

¿Hay pruebas contra ella?

El presidente aprovechó este cuestionamiento para dar a conocer el hallazgo tal vez más importante: en la bolsa azul de Tito Arias se encontraron unas cartas de la ciudadana británica residente en Nueva York Judith Tatham, una rubia de 27 años, exmodelo y amiga de Fonteyn, que había visitado el istmo hacía unas semanas.

De acuerdo con reportes del Daily News (Nueva York, 3 de mayo de 1959 y no mencionado por la prensa panameña), el presidente de la República leyó con ‘gusto' un párrafo de la carta enviada por la modelo a su amiga: ‘Qué maravilloso estar entre latinos nuevamente, después de esos antisépticos americanos. Me hace sentir mujer nuevamente'.

La carta también decía: ‘El complot está cuajando. Ha sido motivo de interminable interés y diversión para mí, desde las extrañas llamadas de Alastair, hasta la introducción de las felpas (en el Aeropuerto de Panamá) escondidas en dos cajas gigantes de toallas sanitarias de Macy's'.

Casualmente, el maletín contenía las felpas mencionadas, marcadas todas con el número 22, que la policía panameña interpretó como una identificación que se asignaría a quienes participaran en la invasión anunciada por Rubén Miró ( ver entrega anterior ).

Otro párrafo de la carta para Margot decía: ‘Solo espero poder servirle de algo a Tito mientras yo esté aquí. Él (Alastair) me asegura que fui muy útil como mensajera'.

Al preguntársele al mandatario si la señora Fonteyn regresaría a Panamá, dijo rápidamente: ‘No creo'.

‘Su esposo está prófugo. Si lo encontramos, irá a la cárcel', dijo el mandatario, quien pasó a describir a Arias como un ‘playboy' que no cumplía adecuadamente con sus obligaciones mientras era embajador de Panamá en el Reino Unido ( Panamá América , 24 de abril).

‘En muchas ocasiones la correspondencia de la embajada en Londres era firmada por la señora Fonteyn. Arias no cumplía con su trabajo. Probablemente no tenía tiempo, porque se la pasaba viajando alrededor del mundo con su amigo Aristóteles Onassis'.

Suficiente. El presidente daba por terminada la sesión. Lo importante era que el asunto de la invasión ya estaba concluido. ‘La única amenaza que tenemos pendiente es la prensa viciosa, que pone a gente contra gente y promueve la revolución social', dijo, haciendo alusión a la prensa oposicionista, liderada por el Panamá América , propiedad de Harmodio Arias, padre de Roberto Arias.

La Coalición Patriótica cede

Mientras que el común de la población se enfocaba en el encarcelamiento de Margot Fonteyn y las negativas de John Wayne a tener alguna relación con la ‘revolución panameña', los políticos de oposición tenían motivo para celebrar.

En plena conmoción invasora y por iniciativa del partido gobernante (Coalición Patriótica Nacional), se presentaba a la Asamblea Nacional un proyecto de ley largamente exigido por los enemigos del régimen, con el propósito de facilitar la inscripción de nuevos partidos políticos, su competencia. Un ‘noble empeño conciliador' de parte del partido gobernante, decía La Estrella de Panamá .

La ley electoral vigente, promovida por el fallecido presidente José Remón Cantera (la Ley 6 del 6 de febrero de 1953), imponía como requisito para la formación de un nuevo partido la cuota de 22 mil adherentes (el 20% del número de votos emitidos en las últimas elecciones).

Esta ley había cambiado la dinámica del poder en el país entre los años 1953 y 1959 al eliminar los pequeños partidos que durante décadas habían permitido a los viejos caciques de la política criolla hacer alianzas y mantener su influencia en la toma de decisiones de gobierno. Como efecto de esa ley, solo quedaron vigentes el Partido Liberal y la Coalición Patriótica Nacional, ahora en el poder.

Días después, el ministro de Hacienda y Tesoro, Fernando Eleta, anunciaba planes para una reforma agraria. El proyecto se dirigía a buscar soluciones al grave problema de la tenencia de la tierra en Panamá, país con la segunda peor distribución de la tierra en América Latina. El primer lugar lo ocupaba Paraguay. Solamente 14% de los jefes de cultivo panameños eran propietarios de la tierra que trabajaban, y daban trabajo a menos de 1% de la población agrícola, entonces el principal rubro económico del país.

Las medidas estaban claramente llamadas a apaciguar el interés de los campesinos en participar en las acciones revolucionarias, en momentos en que Rubén Miró hacía un llamado a las masas empobrecidas de la población panameña a apoyar la invasión de mercenarios cubanos que tendría lugar antes del 22 de mayo.

(CONTINÚA LA PRÓXIMA SEMANA)

Ver entrega anterior: A 60 años de la Revolución de Santa Clara

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