Nacional 03/12/2017 - 12:05 a.m. domingo 3 de diciembre de 2017

La cartografía, herramienta para visibilizar los territorios subalternizados

Las cartografías sociales son la muestra de que el sistema de vida es el resultado de la organización comunitaria del trabajo en los diversos ámbitos humanos y sobre la cual es posible el desarrollo humano

Por medio de la cartografía social, se logra proyectar grupos minoritarios que usualmente son invisibles para los gobiernos. / Archivo | La Estrella de Panamá
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Por medio de la cartografía social, se logra proyectar grupos minoritarios que usualmente son invisibles para los gobiernos.

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Cristian Abad Restrepo
periodistas@laestrella.com.pa

La cartografía social es una herramienta fundamental para pensar en otras formas de espacializar la cultura y los ciclos vitales de los territorios. Es decir, son configuraciones sobre cómo determinados grupos humanos, como las comunidades indígenas, afrodescendientes o campesinas con sus prácticas y actuaciones construyen sentidos políticos ‘desde' su territorio, que mediante su trabajo concreto a lo largo del tiempo espacializan su comprensión del mundo, su manera de ser y estar en la tierra. Quiero decir que todo territorio nos remite a formas de gestión, de manejo o simplemente de organización del trabajo para la reproducción de la vida y su respectiva prolongación.

MISIÓN Y VISIÓN DE FLACSO

La Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) es un organismo regional, instituido por la UNESCO para impulsar y satisfacer necesidades en el conocimiento de las Ciencias Sociales.

El Programa FLACSO-Panamá busca dotar a la población de análisis sobre los principales problemas que la aquejan, y contribuir con las estrategias de programas de solución.

No es posible entender el territorio sin su respectiva gestión, pero no hablo de una gestión moderna que responde a los recortes espaciales, a las escalas preestablecidas, ni mucho menos a un espacio contenedor de recursos naturales, sino de una gestión como resultado de una racionalidad de la vida (Bautista, 2014) que responde a los ciclos vitales de la existencia humana y no humana.

En ese sentido, el territorio, su gestión y la racionalidad que lo antecede y lo construye configura una triada fundamental para pensar la geograficidad de las comunidades en resistencia, para entender los sentidos movilizados en los procesos políticos, o sea, comprender las singularidades que responden a la diversidad epistémica (Grosfoguel, 2017) de los pueblos Ngäbe, Buglé, Emberá, Wounaan, Bri Bri, Garífuna, quilombolas, cocaleros, mapuches, quilotoas, wayuus, las comunidades negras del pacífico colombiano, las sociedades en movimientos (Zibechi, 2017) en la Patagonia contra la minería moderna entre otras, esos mundos posibles existentes (Escobar, 2015) que nos están hablando de otras maneras de pensar, de gestionar la naturaleza o el espacio-tiempo.

EL TERRITORIO COMO EXPRESIÓN DEL SISTEMA COMUNITARIO

Es la cartografía social una herramienta potente para comprender la gestión que hacen las comunidades sobre su territorio, por tanto, de una racionalidad que es la base sobre la cual la cultura se reproduce en el espacio-tiempo. Es decir, las cartografías sociales son la muestra de que el sistema de vida es el resultado de la organización comunitaria del trabajo en los diversos ámbitos humanos y sobre la cual es posible el territorio, o sea, la representación de los conocimientos de los ritmos de la naturaleza como por ejemplo el sembrar, los tiempos de cosecha, la alimentación, las fiestas y como es el sistema de relacionamiento para mantener aquel espacio-tiempo de pie, o dicho de otra manera, la cartografía social deviene en cómo es posible la vida de cual tenemos mucho que aprender.

La consecuencia de esto es fundamental para el Estado y su organización en tanto que, si no responde en términos de cuidado de la vida de los diversos territorios, las secuelas resultan siendo perversas. El efecto de esto implica grandes cambios políticos y también de pensamiento desde la diversidad territorial, porque existen otras formas de pensar y de producir conocimiento sin la cual no sería posible la existencia de las comunidades, que han estado antes, con y más allá que la modernidad (Bautista, 2015), sin esto simplemente no existiría los territorios.

Es importante enfatizar sobre la diversidad epistémica de los territorios, porque encubrimos los diversos lugares desde donde se reproduce la vida, lo cual es fundamental visibilizar para no reducir el territorio a una sola identidad nacional, a un solo proyecto de vida, a una sola cultura e identidad.

CÓMO HACER VISIBLES LOS TERRITORIOS Y SUS CONOCIMIENTOS

Para lograr visibilizar esos territorios tendríamos que acabar con el mono-lenguaje y las ficciones del Estado-nacional sea este panameño, colombiano, brasilero o argentino, dado que responden a un proyecto de orden y progreso donde múltiples territorios con sus epistemologías quedan por fuera y excluidas, o son incluidas, pero desigualmente, inferiormente y subyugadas (Grosfoguel, 2015) porque no participan de la identidad hegemónica y de los conocimientos de las elites nacionales.

Por ejemplo, la identidad brasileña, y aplica para todas las identidades nacionales de este continente, es una grande ficción, porque no existe el brasilero, sino múltiples identidades que están dentro de ese amplio recorte espacial del Estado nacional. No basta con decir ‘un Brasil' diverso por sí mismo, porque ese Brasil no es el Brasil de todos, es un Brasil -elitista-eurocéntrico-empresarial-militarista-blanco-supremacista, ese es el Estado, que defiende su hipotético éxito moderno, pero con múltiples problemas y luchas por el territorio.

Para no caer en los encubrimientos que se derivan del propio acrítico de nombrar el Estado brasilero, es necesario poner nombre y apellido a las cosas porque de lo contrario, como dice Grosfoguel (2015), participamos del lenguaje del poder que intenta mostrar las instituciones como neutrales, que intentan esconder para quienes las instituciones trabajan y porque no es cierto que el Estado brasilero trabaje para todos. Existe, entonces un Brasil de los quilombolas, un Brasil de las benzederas, un Brasil de los indígenas amazónicos, un Brasil de los ribereños y así por delante.

En ese sentido, el gran aporte de la cartografía social a las ciencias sociales y humanas críticas, sería visibilizar los espacios de la vida ante la encrucijada suicida en la que nos encontramos actualmente, ante el avance de la modernidad y su concepción de territorio soberano que continúa despojando comunidades, es decir, aniquilando la vida en nombre del progreso. Por esto, tal herramienta tiene la pertinencia epistémica y política en lo referente a la visibilidad de los territorios subalternizados como respuestas creíbles en tanto configuradoras de la gestión de los ciclos vitales del trabajo y de la naturaleza.

Tiene sentido, entonces, pensar el territorio y sus marcos de gestión diferencial como expresión de una racionalidad, de un proyecto de sociedad donde el orden y el desarrollo no necesariamente representan el horizonte cultural de vida de múltiples sociedades, pero parece que el Estado sólo gobierna para unos en detrimento de otros. La cartografía social nos puede apoyar en avanzar hacia una gestión pluriversal del territorio.

GESTIÓN PLURIVERSAL DEL TERRITORIO

La gestión del territorio, teniendo como principio el sistema comunitario, se constituye en una posible salida de la cual nosotros, todos, podemos aprender, pero también a partir de la cual todos nosotros nos podemos inspirar para descolonizar nuestro lenguaje, nuestro futuro y nuestras vidas.

No tiene sentido reflexionar sobre como mejoramos la civilización de muerte, como lo hacen los Estados-nación elitista de ajustar sus instrumentos de intervención, que sería como creer que el proyecto de desarrollo-moderna es posible, mientras avanza el sistema de genocio y ecocidio por toda América Latina y el Caribe. Pero si tiene sentido mirar hacia aquellos territorios y sus sistemas de gestión de reproducción de la vida, para aprender de sus categorías, que permita tematizar de otras formas la realidad (Bautista 2014) para ponernos a la altura de nuestros tiempos, que nos exigen otras maneras de gestionar la naturaleza y el trabajo. Es, entonces, la cartografía social un instrumento fundamental hacia aquella gestión pluriversal del territorio.

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