Nacional 10/02/2017 - 12:00 a.m. viernes 10 de febrero de 2017

Bocas del Toro, entre ‘exótico y salvajé'

La muerte de la turista estadounidense Catherine Johannet causó alarma a nivel nacional

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Ana María Pinilla V.
periodistas@laestrella.com.pa

El literato panameño Guillermo Sánchez Borbón habla de su Bocas del Toro natal como una lugar ‘bello', donde fue muy feliz. Sus tardes eran refrescadas por las aguas del río El Silencio, sobre cuyas orillas residía su familia. Allí, entre bananos, mar, río y selva, se desarrolló su imaginario personal. La fronteriza provincia fue el caldo de cultivo de la narrativa que luego se vería plasmada en ‘El ahogado', novela que el autor firma como Tristán Solarte.

Los exóticos parajes de la provincia inspiraron también la obra de Rafael Pernett y Morales, y sus seis libros y cuadernillos, entre otros, ‘Loma Ardiente y Vestida de Sol' .

LA RECÓNDITA REGIÓN

Bocas del Toro fue hasta el año 2000 el tesoro de los locales, que vivían sin sobresaltos entre conocidos y la lejanía de la capital panameña. En poco más de 16 años ha pasado a tener la triste fama de ser destino de turistas aventureros que han sufrido dramática suerte.

Interesados por la pureza de su naturaleza, lo salvaje de sus olas y un entorno hospitalario, los visitantes llegan ahora de todos lados y con esa afluencia internacional han llegado también los problemas.

En el año 2010, el país acostumbrado a ver Bocas del Toro desde lejos, fijo su atención en Isla Colón cuando William Dathan Holbert, mejor conocido como ‘Wild Bill', asesinó a cinco personas para hacerse con sus propiedades. Una práctica que Holbert trajo de Estados Unidos y otros países de Centroamérica y con la que en Panamá pretendía convertirse en gran hacendado. e ‘inversor'.

De acuerdo con versiones de otros extranjeros que lo conocieron entonces, Holbert organizaba fiestas e invitaba a todos los empresarios e inversionistas para ganarse su confianza y averiguar detalles de sus fortunas. Cuando confirmaba que tenían propiedades en venta o fortunas acumuladas comenzaba a planificar los crímenes.

Además de los crímenes por lo que Holbert permanece preso en un centro penitenciario de Chiriquí, se sospecha que es el responsable de la desaparición de cinco bocatoreños, a los que usó para enterrar a sus víctimas.

Esta semana, la Fiscalía solicitó para el ‘salvaje Bill' 33 años de cárcel, que pagaría en Panamá, mintras su nueva esposa, una chiricana de no más de 25 años lo espera para ‘rehacer su vida'.

LAS HOLANDESAS

A Lissanne Froon y Kris Kremers, al parecer ‘se las trago la tierra' en 2014, justo el 1 de abril, cuando ingresaron solas en el sendero El Pianista en el distrito de Boquete, un área selvática que une las provincias de Chiriquí y Bocas del Toro, desde donde empezaron su fatídica aventura.

En la búsqueda de las jóvenes, cuyo rastro aún no es certero, participaron las autoridades de seguridad de Panamá, rescatistas de Holanda, su país de origen, y perros entrenados, además de algunos patólogos holandeses.

Entre junio y agosto de 2014, se encontraron algunos restos y fueron entregado a sus familiares el pasado 12 de noviembre de 2014. Nada más se ha sabido del caso.

Casi un año después de la desaparición de las jóvenes holandesas, encontraron ahogado al taxista que transportó a las extranjeras hacia el sendero El Pianista.

No ha habido detenidos por el caso, que no se ha resuelto.

EL INGLÉS

Sin embargo, mucho antes de ‘Wild Bill' y el caso de las holandesas, en el año 2009 se denunció ante las autoridades la desaparición de Alex Humphrey, un ciudadano británico de 29 años, de quien no se supo más cuando un día dejó sus pertenencias en el Hostal Beiro y salió solo a caminar con su pasaporte y tarjeta de crédito.

El europeo fue visto por última vez en el balneario Majagua, en la ciudad de David, donde preguntó cómo podía volver a Boquete. No existe ningún registro de salida del país de Humphrey.

Por este caso tampoco hay detenidos, ni sospechosos.

MUERTE Y COARTADAS

El paisaje de la isla de Carenero, ubicada frente a Isla Colón, fue el último lugar donde Yvonne Lee Baldelli dejó una sonrisa.

El 26 de noviembre del 2011, su novio Brian Brimager, un exmilitar estadounidense, la asesinó y descuartizó.

Brimager confesó dos años después el asesinato que había ocultado con una elaborada y compleja coartada. En 2016 fue condenado a 26 años de prisión en una corte federal de San Diego, California, Estados Unidos.

A estos hechos que comparten escenario se sumó esta semana la muerte de Catherine Johannet, de quien se supo por primera vez por una alerta de los familiares enFacebook. El pasado 5 de febrero, cuando las autoridades panameñas encontraron su cuerpo en un sendero de Isla Bastimentos, ya se había alertado sobre su desaparición y no se conocían las causas de su muerte, que resultó ser por estrangulamiento. Catherine había llegado a Isla Colón, Bocas del Toro, de vacaciones, con unos amigos.

El último registro con vida de la joven fue el viernes 3, cuando al parecer pagó un paseo de Isla Colón hasta Bastimentos.

El FBI ha participado en el caso del que todavía no hay un supuesto.

La Policía Nacional (PN) ha realizado quince allanamientos en Bocas del Toro y ha capturado a ocho personas, tras el crimen de la joven estadounidense, pero también recuerdan que por ahora, no existen pruebas para procesar a los detenidos.

El ministro de Seguridad, Alexis Bethancourt, se trasladó a Bocas del Toro y destacó que antes de que ocurriera el homicidio de Johannet se había decidido reforzar las seguridad en la provincia.

UN PARAÍSO MILITARIZADO Y EL ESTADO AUSENTE

Aunque el diagnóstico fácil podría ser una flagrante ‘ausencia de seguridad', la vida en la región occidental del país que comparte frontera entre Panamá y Costa Rica es mucho más compleja.

Así lo explica Ángel Ricardo Martínez, periodista panameño que vive y trabaja en Isla Colón desde hace un par de años.

Para él periodista, Bocas del Toro es el mejor lugar para vivir en la República de Panamá, por sus condiciones paradisíacas, guarda la calidez que se añora de la capital y se perdió para siempre hace a penas veinte años.

En Bocas del Toro no hay tranque porque no se necesita carro, la renta es más baratas que en la ciudad, los servicios de Internet y celular son bastante buenos y no hay en todo el país un lugar con una mayor concentración per cápita de gente interesante, sean panameños, turistas o expatriados, dice.

Sin olvidar que todo paraíso tiene un costo, ‘la comida es cara, la salud es pésima y la oferta educativa es limitadísima', por lo que ha muchos locales, que nacieron y crecieron en Bocas o son presos de su paraíso personal o la necesidad los expulsa hacia otros lugares.

Es así como el turismo es lo único que sostiene, de forma ‘irregular', a los locales.

Potenciado a nivel internacional, Bocas del Toro es un destino ‘top', sobre todo para los amantes de la naturaleza, los ‘easy going', los que viajan solos, los confiados...sin darse cuenta, se ponen en peligro.

Con el sello de ‘Visit Panama', se vende turismo de aventura, sin seguridad y ‘la presencia policial es todo lo que hay que evitar', comenta Martínez.

También se somete a la multicultural oferta turística a la imposición de largos períodos de ley seca, incluyendo censura musical en Semana Santa, uno de los fines de semana más esperados y necesarios para la industria turística local.

La demanda creciente de propuestas turísticas está animando una construcción desmesurada con las mismas irregularidades que sufre la ciudad de Panamá y genera el descontento de los vecinos de Bocas del Toro, cuyo gobierno local aprueba construcciones en plena vía principal que no solo destruyen la arquitectura local, sino que en ocasiones no tienen absolutamente nada que ver con el turismo, lo que disminuye el atractivo de la isla.

Además, apenas llega un avión, ‘dos mujeres ponen una mesa en el aeropuerto para cobrar impuestos a los extranjeros', cuestiona el periodista, ya residente de Isla Colón.

Entre la presencia militar, el desorden, y la exuberancia de la naturaleza, los turistas llegan a una provincia que parece ‘tierra de nadie', donde cualquier aventura es posible, pero, como demuestran los casos relatados, también se puede perder la vida.

Mientras los trágicos misterios que esconde la provincia se resuelven, las furzas del orden público sancionan de viva voz a quien vaya con el torno desnudo (joven, ¡póngase la camiseta!) o lleve una lata de cerveza en la mano o tenga actitud pecaminosa.

En este régimen peculiar que atenta contra su principal fuente de ingresos: el turismo y la naturaleza, Bocas del Toro sigue estando ene l mapa mundial como un destino atractivo. Que siga siendo así dependerá de la capacidad de las autoridades para resolver hechos de sangre que, desafortunadamente, pasan en todas partes del mundo, también en este paraíso panameño.

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