Nacional 11/10/2018 - 12:01 a.m. jueves 11 de octubre de 2018

Los años 1968: ‘El ambiente propicio para un golpe'

En un ambiente sumamente tenso, el 12 de mayo de 1968 se desarrolló el proceso electoral que enfrentó a tres fuerzas políticos. El 30 de mayo se declaró a Arnulfo Arias como ganador por 40 mil votos de diferencia

Arnulfo Arias se encontraba en el cine a la hora del golpe militar. / Archivo | La Estrella de Panamá
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Arnulfo Arias se encontraba en el cine a la hora del golpe militar.

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Mónica Guardia
periodistas@laestrella.com.pa

El año 1968 ha pasado a la historia como el símbolo de una década caracterizada por el caos. La constante irrupción de acontecimientos violentos y multitudinarios que ocurrieron en estos 365 días de mediados del siglo XX ha llevado incluso a algunos autores franceses a bautizarlo como ‘los años 1968'.

En mayo, Francia vivió la mayor huelga general de su historia, convocada por los grupos estudiantiles de izquierda contrarios a la sociedad de consumo; se les unieron obreros industriales, los sindicatos y el Partido Comunista. Sus coloridas y originales consignas, propias de esa época, parecen ya historia antigua: ‘Prohibido prohibir', ‘Abajo el Estado', ‘La imaginación al poder', ‘Sé realista, pide lo imposible' o hasta ‘No confíes en nadie mayor de 30 años'.

En abril, fue asesinado el líder del movimiento de los derechos civiles Martin Luther King en Estados Unidos. En junio, el precandidato presidencial Robert Kennedy.

En 2 de octubre, en México, cientos de estudiantes fueron masacrados en la Plaza de Tlatelolco.

En Panamá,  tendrían lugar en mayo las últimas elecciones en 16 años, un duelo democrático entre David Samudio (de la oficialista Alianza del Pueblo); Arnulfo Arias (Unión Nacional) y Antonio González Revilla (Partido Demócrata Cristiano).

En octubre, un grupo de oficiales de la Guardia Nacional daría el primer golpe militar de la historia del país, dando inicio a un gobierno autoritario que produciría decenas de muertos y desaparecidos, y que finalizaría 21 años después con una dolorosa invasión extranjera.

LAS ADVERTENCIAS

‘El hecho característico de nuestros tiempos es el despertar de la conciencia de los pueblos a la necesidad de progreso, una idea que ha entrado en la psicología de las poblaciones paralizadas en sus formas primitivas o imperfectas de civilización', señalaba la encíclica Populorum Progressio , lanzada al mundo por el Vaticano en marzo de 1968.

‘Las malas condiciones de vida hieren a los campesinos en las economías agrarias y los lleva a tomar conciencia de su miseria no merecida y de las disparidades en el goce del bienestar y el ejercicio del poder', continuaba la carta.

Y no era solo el Papa Paulo VI el que predicaba sobre los peligros de la pobreza y desigualdad.

La Cepal también advertía: ‘...si el casi feudal continente latinoamericano no se decidía a realizar cambios más profundos en sus estructuras políticas y económicas quedaría rezagado en el proceso de desarrollo'. ( La Estrella de Panamá , 25 de abril de 1968).

La Cepal insistía en la falta de vías de comunicación y de transporte, carreteras, sistemas de riego, embalses y represas, plantas hidroeléctricas y líneas telefónicas.

La misma Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) reconocía, en un memorándum enviado al presidente Lyndon Johnson, en junio de 1966, la debilidad del presidente Marco Robles y del sistema político panameño. ‘Su coalición oligárquica —decía la CIA— ha sido incapaz de lidiar con los serios problemas que tiene el país. La disparidad de los estándares de vida entre los panameños, la amplia base de desempleo y la creciente pobreza, sobre todo en las áreas urbanas, son un peligro para la estabilidad'.

LA SITUACIÓN ECONÓMICA

Para el candidato oficialista David Samudio, ministro de Hacienda y Tesoro de Marco Robles y de Planificación y Política Económica de ‘Nino' Chiari, el país estaba encaminado.

‘Panamá se ha encontrado a sí misma y está camino de una nueva era', decía, esgrimiendo una y otra vez las pruebas de su optimismo: por primera vez en más de 30 años tres administraciones consecutivas habían llegado al término de su periodo constitucional.

La economía había crecido un promedio de 8% anual durante esa década. Se habían creado instituciones como el Idaan y el Ifarhu; se había invertido en educación, en la construcción de las represas de La Yeguada y Bayano, y en la ampliación de la Zona Libre de Colón.

Pero la realidad permanecía como la habían descrito el papa, la Cepal y la CIA. Los indicadores económicos mostraban una sociedad profundamente atrasada, con un analfabetismo del 20% y un sector agrícola en franco retroceso: del 23% del PIB en el año 1960 el sector del campo se redujo a 20% en 1968. En 1970, llegaría a un 17%.

La industria manufacturera aumentaba su participación en el ingreso nacional, de un 13% en 1960 a 15.8% en 1970, pero no lo hacía al ritmo necesario para absorber a las masas de campesinos que migraban hacia la ciudad.

LOS CANDIDATOS

Antonio González Revilla, un distinguido médico de reconocidos méritos, carecía de probabilidades de éxito. Su partido, la Democracia Cristiana, había corrido por primera vez en las elecciones de 1964, obteniendo solamente un 3% de los votos.

El mismo Samudio llegaba a las elecciones con una coalición gubernamental dividida y desprestigiada. El gobierno de Robles era percibido como corrupto y producto de un fraude electoral (1964). La alianza política que lo había llevado al poder se había desmoronado con el intento de golpe parlamentario de marzo.

A Arias, el caudillo, la alianza pro-gobierno le sacaba en cara su inestabilidad emocional y su pasado, cargado de pecados: su simpatía por Hitler y Mussolini, su persecución contra hindúes, antillanos y judíos, ‘sus aventuras románticas con damas extranjeras', su absolutismo, los desmanes de su policía secreta y hasta lo acusaba de asesinar a un militar.

A pesar de contar con el apoyo de grandes grupos de la población y de un sector de la oligarquía, Arias se mostraba incapaz de ganar la confianza de los militares y otros grupos del poder real.

El mismo memorándum citado, escrito por la CIA en 1966, lo mencionaba, junto con los dos partidos comunistas existentes en el país, como uno de los posibles focos de inestabilidad: ‘Aunque no es comunista, es demagogo y de naturaleza incierta. Dos veces ha sido elegido presidente y dos veces ha sido depuesto', decía la nota que, por el contrario, establecía a la Guardia Nacional como una ‘fuerza amiga' para el gobierno estadounidense.

LAS PROMESAS

ROMPIMIENTO CONSTITUCIONAL

Con el poder las armas, los militares se tomaron el poder

El desgaste de los partidos políticos y la confrontación entre los líderes nacionales generaron la intranquilidad en la Guardia Nacional.

Al llegar el poder, Arnulfo Arias tomó medidas que aumentaron el descontento entre los líderes de la Guardia Nacional.

Los militares permanecieron en el poder por 21 años.

‘Aquí hay unos pocos que lo tienen todo y muchos que no tienen nada. Eso lo cambiaremos el primero de octubre', decía el candidato oficial Samudio en sus giras por el interior de la República, asegurando que, una vez convertido en presidente, apoyaría al campesino; le entregaría la tierra al que la trabajara y haría justicia en el cobro de impuestos, ‘tanto entre los de arriba como entre los de abajo'. ‘Hay una rosca oligárquica que maneja el presupuesto, tumba y pone presidentes y tiene privilegios', insistía Samudio.

Arnulfo Arias prometía otro tanto: ‘Urbanizaremos el interior. La vida del campo y de la ciudad deben ser igualmente atractivas', decía, describiendo la dura realidad que, a su juicio, ameritaba cambios radicales: ‘Nos encontramos al borde de un caos institucional. Haremos una renovación total del sistema político, una revolución', alegaba en la recta final de las elecciones, como fuera recogido por La Estrella de Panamá .

Los candidatos prometían, pero, ¿cuál de ellos contaba con el respaldo político, la capacidad de persuasión y convocatoria y la autoridad moral y liderazgo para efectuar las reformas que el país tanto necesitaba?

ELECCIONES FRAUDULENTAS

Las elecciones populares se realizaron el 12 de mayo en medio de irregularidades y con los ánimos exacerbados: la Alianza del Pueblo, de Samudio, trató por todos los medios de evitar el triunfo de la Unión Nacional, de Arias, irrumpiendo durante las elecciones, destruyendo las urnas y recurriendo a la violencia.

El 13 de mayo, un día después de las elecciones, dos personas fallecieron en un ataque contra la arnulfista Radio Soberana, dirigido por Rigoberto Paredes, candidato a diputado por la Alianza del Pueblo.

El jueves 30 de mayo, Arnulfo Arias fue declarado vencedor por un margen de 41,545 votos. Pero, aunque la victoria presidencial era incuestionable, serias dudas se albergaron sobre su dominio de la Asamblea Nacional, que se habría obtenido, supuestamente, despojando a figuras como Rigoberto Paredes, Aquilino Boyd, Moisés Torrijos y Luis Chen de sus curules.

El 1 de octubre de 1968, Arias tomaría posesión, para acabar su gobierno apenas diez días después.

 

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