Lector opina 13/11/2016 - 12:00 a.m. domingo 13 de noviembre de 2016

Predicar con el ejemplo

‘En política el ejemplo debe ser el gran maestro'

Rafael Carles
rcarles@cableonda.net

La población percibe con certeza que la corrupción socava las instituciones, trastoca los valores morales, aumenta el llamado riesgo país y genera costos innecesarios que desencantan a la gente. Castigar con el látigo de la ley y generar una fuerte conciencia moral, capaz de repudiar esta conducta antisocial que es la corrupción, son dos tareas urgentes que tenemos como República. Para terminar con este flagelo basta aplicar la ley vigente, exigir transparencia a los funcionarios (tanto en su propia vida como en el manejo de los caudales públicos) y sancionar severamente una vez urdida la maniobra.

Hace poco tiempo el presidente Juan Carlos Varela hizo un llamado a la transparencia que puede resumirse en algunas disposiciones legales existentes y otras normas vigentes. Por ejemplo, la declaración jurada de patrimonio, a la cual se le ha incorporado un carácter quinquenal, y el derecho a la información por parte de terceros, cuando lo piden por escrito y denota un interés comprobable. No obstante, creer que con ello garantizamos la ética del funcionario es, en el mejor de los casos, una necedad y, en el peor, una hipocresía. Porque cuando el funcionario sella la declaración jurada con un Recibido , no hace más que dar una prueba de su cumplimiento formal.

¿Pero acaso no hemos visto en televisión o leído en periódicos sobre investigaciones judiciales del pago de coimas que se canalizaron a través de cuentas secretas mediante transacciones ‘offshore'? Y mientras tanto, seguimos pensando que la mera eliminación de la conocida figura del testaferro como receptor de bienes ilegítimamente adquiridos en la función pública es suficiente. ¡Ingenuos!

Lo cierto es que hay muchos funcionarios que todavía, después de haber tomado posesión 20 o 30 meses atrás, no han presentado sus declaraciones. Entonces, no se quejen cuando todos nos quejamos porque percibimos la corrupción y advertimos sobre el derroche de muchos y el progreso súbito de otros. La construcción de carreteras que llegan hasta la entrada de una finca privada y las conductas tan poco austeras de acondicionar con lujo las comodidades presidenciales son todas decisiones que señalan una falta de ejemplo de quien pretende trazar un camino ético.

Los sacrificios pedidos al conjunto de la sociedad panameña para salir adelante no han sido acompañados por conductas austeras y transparentes capaces de mostrar la solidaridad de los gobernantes hacia los gobernados. Un líder de nuestro tiempo, un líder democrático, y en especial en las peculiares condiciones que vivimos hoy, debe ser un arquetipo que señala con su propia conducta el camino a seguir. En política el ejemplo debe ser el gran maestro. No alcanzan solo las palabras.

La verdadera lucha contra la corrupción requiere que la comunidad estigmatice con el rechazo social a quienes se aprovechan de sus cargos. Pero una conducta ética no puede ser solo exigida a los altos funcionarios sino también a todos los responsables públicos o privados del manejo de recursos que provienen de terceros. En el campo de la política, es urgente una reforma electoral que dote de mayor transparencia las recaudaciones de los partidos durante sus campañas. Pues la conducta transparente no tiene que nacer en el momento en que somos funcionarios; debe partir desde el inicio, cuando se apela al apoyo de la gente.

De lo contrario, ¿qué mensaje estaríamos enviando, si nuestra consigna dijera: ‘Seremos transparentes y limpios cuando ganemos; mientras tanto, para llegar, necesitamos agarrarnos de cualquier instrumento'? ¿A qué épocas de la República estaríamos volviendo si legitimáramos que el fin justifica los medios? Debemos ser severos con nosotros mismos, pues nos va a permitir predicar con el ejemplo. Mirar para otro lado frente a situaciones poco transparentes es hacer simulacros de lucha contra la corrupción.

Los focos de la corrupción deben atacarse desde todos los frentes. De ahí la urgencia de que revivamos cinco puntos básicos que Chinchorro Carles utilizó desde la Contraloría General de la República para combatir la corrupción: 1) predicar con el ejemplo, 2) ser absolutamente austeros en el manejo de los dineros públicos, 3) brindar la mayor transparencia respecto del nivel de vida de los funcionarios, 4) estimular las actitudes solidarias de quienes sobresalen en el ejercicio de actitudes altruistas, y 5) terminar con la impunidad y utilizar todo el marco de la ley para procesar a los ladrones públicos.

En una corta oración: el combate de la corrupción requiere de una enérgica transparencia en el manejo del Estado y austeridad ejemplar del presidente y sus funcionarios. Un nuevo estilo político debe predicar con el ejemplo de los que están en la función pública para que de este modo pueda irradiarse hacia quienes son gobernados.

EMPRESARIO

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