29/07/2013 - 12:00 a.m. lunes 29 de julio de 2013

El espacio urbano de Colón

La ciudad de Colón surgió a mediados del siglo XIX, justo con el proyecto de construcción del ferrocarril transoceánico. Precisamente la...

Redacción Digital La Estrella
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La ciudad de Colón surgió a mediados del siglo XIX, justo con el proyecto de construcción del ferrocarril transoceánico. Precisamente la isla de Manzanillo, en donde está asentada la misma, estuvo bajo el control territorial —casi absoluto— de Estados Unidos de Norteamérica, quienes asumieron la posesión de la misma en virtud del pago de mil pesos al cubano Daniel George, quien era el propietario de la isla, situada entre la Bahía de Limón y la bahía de Manzanillo. Solo tres hectáreas quedaban fuera del control norteamericano, las cuales debían ser usadas para erigir edificios públicos.

El espacio urbano de Colón fue organizado por los Estados Unidos de Norteamérica. Fue un trabajo arduo en razón de las condiciones de insalubridad. Diseñaron la ciudad al estilo de la ciudad estadounidense de Filadelfia, conocido como tablero de damas, siendo un trazado urbano singular en América Latina. Progresivamente fueron acondicionando la ciudad, pavimentando sus calles. No obstante, su crecimiento físico fue frenado por las áreas bajo jurisdicción norteamericana, lo cual no permitió su evolución territorial más allá de lo que debía.

Los sucesivos gobiernos nacionales y locales procuraron adecuar el espacio urbano colonense con la construcción de edificios, parques, paseos y otras obras que fueron dándole contenido de ciudad. Se destaca, por ejemplo, entre esas realizaciones materiales, el Paseo Juan Demóstenes Arosemena o Paseo Centenario.

La ciudad de Colón se convirtió en un referente urbano importante y único. Desde luego fue así, porque no siguió el modelo de las ciudades coloniales fundadas por los españoles en América y en Panamá.

La historia del espacio urbano de Colón —sin embargo— ha mostrado signos evidentes de retraso. Desde las políticas municipales, salvo rarísimas excepciones, no han concebido y menos centrado proyectos y visiones que permitan un sostenido y eficiente desarrollo de la parte física y estructural de Colón.

Las calles y aceras deterioradas, sin señalización y sin mantenimiento, parques totalmente descuidados, negocios ambulantes sin ordenamiento, levantamiento de kioscos permanentes sin ninguna regulación establecidos en las aceras y calles, avenidas invadidas en su casi totalidad por ‘lavadores de autos’, ocupación irresponsable de aceras y calles convertidas irresponsablemente en estacionamientos privados por dueños de almacenes, ausencia de señalización vial, basura en callejones transformados en depósitos de ella, aguas negras y maloliente por doquier, terrenos baldíos con crecientes herbazales, orates, drogadictos y desamparados vagando por las calles, construcciones de edificios que atentan en contra del patrimonio arquitectónico colonense, falta de nomenclatura visibles de identificación de calles y avenidas, peligrosa condición de penumbra y de oscuridad, edificios sin la debida presentación y adecuación, casas abandonadas a punto de caerse, patios caseros insalubres, residuos y desperdicios desechados en las calles, dan cuenta de una ciudad agonizante, insalubre, descuidada y desordenada, igual a la que describió Eusebio A. Morales cuando la visitó a fines del siglo XIX.

Desde luego, tienen responsabilidad por la triste y penosa situación por la que atraviesa la segunda ciudad en importancia del país, las autoridades electas y designadas, pasadas y presente, pero igualmente los hombres y mujeres colonense que aquí habitamos, y que hemos preferido apostar por la aniquilación de la ciudad histórica de Colón, que tanto ha dado al país.

La responsabilidad es compartida y la necesaria reivindicación de ella también.

DOCENTE UNIVERSITARIO.

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