Entre Líneas 09/11/2017 - 12:00 a.m. jueves 9 de noviembre de 2017

La corrupción requiere un tratamiento radical

El electorado también contribuye: ‘¿qué hay pa' mí?'

Redacción La Estrella de Panamá
periodistas@laestrella.com.pa

La corrupción, mal que corroe las entrañas de nuestro país, es un delito tan difícil de erradicar, porque muchos ignoran que el perjuicio es severo y extensivo en el tiempo. Otros incautos hasta pretenden justificarla afirmando: ‘robó, pero hizo'. La corrupción es consustancial al modelo político imperante; ‘el que no da, no va'. ‘El que invierte para llegar, llega a robar'. El electorado también contribuye: ‘¿qué hay pa' mí?'. En este escenario de descomposición generalizada, con un sistema de administrar justicia absolutamente venal y dependiente del poder económico, el peculado y la impunidad son las normas, lo que acentúa y promueve la criminalidad. La identificación de los protagonistas no es fácil; los autores intelectuales y cómplices secundarios, permanecen ocultos. La corrupción involucra, por lo menos tres actores; el empresario interesado en hacer negocios con el Estado, el servidor público que, investido de autoridad, acepta el soborno y, la banca, a través de la cual movilizan el dinero proveniente de los fondos públicos. Operaciones todas realizadas con ropaje de legalidad, porque para cualquier obstáculo los ‘honorables' modifican las leyes. Licitación sobre valor y costos no cuenta, porque hasta aprueban la propuesta más baja, pero luego con adendas multiplican las ganancias. La justicia persigue y castiga la asociación ilícita para delinquir; sin embargo, ignora la asociación lícita, que es más grave y perniciosa. Curiosamente algunas organizaciones exigen justicia y hasta pretenden mediar, aunque sin identificar a un solo involucrado del sector, porque muchas de ellas forman parte también de la trama. Mientras prevalezca el modelo que perpetúa el modus operandi de vendedores de ilusiones, expertos en mentir y saquear el erario, la recta administración de justicia seguirá siendo un sueño imposible. El cáncer de la corrupción exige tratamiento radical: Constituyente.

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