15/01/2014 - 12:00 a.m. miércoles 15 de enero de 2014

El Cristo de Esquipulas de Antón: una devoción de fe

El historiador Gaspar Rosas Quirós dice que cuando se construyó el Templo Mayor de la iglesia de Antón, a mediados del Siglo XVIII, toda...

Redacción Digital La Estrella
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El historiador Gaspar Rosas Quirós dice que cuando se construyó el Templo Mayor de la iglesia de Antón, a mediados del Siglo XVIII, todavía no se hacía mención del Cristo de Esquipulas, que luego gozará de gran veneración en la comunidad. Por su parte, Agustín Jaén Arosemena sostiene que fue Monseñor Sebastián de Aguilera quien organizó las fiestas patronales del Santo Cristo de Esquipulas en 1867. Sin embargo, la pregunta es ¿cuándo y cómo llegó esta imagen a esta humilde población? Para Rosas Quirós, ella vino de la región guatemalteca de Esquipulas, de donde es oriundo el Cristo Negro, tallado por el portugués Quirio Cataño en 1594. Este Cristo, que apareció en Antón, lo habría confeccionado el propio Cataño. Hay otra versión de Rafael Isaza Vieto, quien sostiene que la imagen la trajo el cura Marcelino Vega Vissueti desde España, a inicios de la cuarta década del siglo XIX.

Además de las dos versiones reseñadas, hay interpretaciones, que han adquirido la categoría de leyendas. Una de ellas es la que contaba el profesor Armando Del Rosario, quien afirmaba que ante la necesidad de un Cristo para la Ermita de Antón, llega al lugar un hombre ‘patriarca y misterioso’, quien se ofreció a esculpir en madera fina al Cristo crucificado. El profesor Del Rosario afirma que el hombre tomó una casa como taller, se encerró por varios días, durante los cuales nadie supo de él. Le ofrecían comida por una ventana y nada más se escuchaba el ruido que producía al hacer su trabajo. Cuando al cabo de un tiempo, todo quedó en calma, las personas curiosas abrieron la puerta, entraron y se percataron de que el misterioso hombre no estaba, que la comida que le brindaban, no la había consumido, pero había dejado una imagen del Cristo en madera. Esta versión del profesor Del Rosario es confirmada por Rosas Quirós. (Coclé de Natá, pág. 298).

Otra versión dice que unos pescadores la rescataron de la playa de los Azules, camino a Los Pantanos. Éstos la recogieron, venía en una caja de tabla con la inscripción: ‘Cristo de Esquipulas’. La trajeron al pueblo, donde se quedó para siempre. El señor Rosas Quirós dice que también ‘está el relato de que el cura Marcelino Vega Vissueti, al llegar a las playas de Antón, desembarcó con el Cristo, disponiendo dejarlo en las arenas del puerto. En la Revista Lotería de enero-febrero de 1990 aparece un trabajo de Luz O. Ávila, que ubica la llegada de la imagen durante la Época Colonial, cuando, según la leyenda, un barco naufragó, pero la caja que la contenía llegó flotando hasta las costas de Antón. Ésta tenía una inscripción que decía: ‘Santo Cristo de Esquipulas’ (Guatemala). Se pensó en devolverlo, pero ya los moradores del lugar habían hecho una cruz y decidieron quedarse con él. Según Adelaida García, moradora de Los Pantanos, ‘desde el año 2006, se rememora esa leyenda y cada 5 de enero, se hace una dramatización de ese supuesto hecho. En la tarde, muchos feligreses trasladan una réplica del Cristo, desde Los Pantanos, hasta la iglesia de Antón. Los primeros años lo llevaban en una caja, luego en una pequeña canoa y finalmente en la cruz’. Este hecho marca el inicio de las festividades del 15 de enero.

Cualquiera que sea la forma en que llegó el Cristo de Esquipulas a Antón, lo cierto es que, desde su llegada, se ha convertido en el Santo más venerado, tanto por los moradores como por muchas personas, tanto nacionales como extranjeras, que lo admiran por los milagros, que dicen ellos, les ha concedido. Reflejo de esos testimonios son las innumerables y diminutas figuritas de plata y oro en formas de pies o manos, los llamados milagros que adornan la imagen del Cristo.

El 15 de enero de cada año, Antón celebra la fiesta del milagroso Cristo de Esquipulas.

A esta procesión de El Cristo, asisten miles de personas, entre ellas, muchos varones, quienes llevan a sus hijos e hijas a caminar la procesión, o a cargar la imagen durante la misma. Este detalle permite que la tradición se mantenga: los padres llevan a sus hijos desde pequeños a las novenas y a la procesión. Luego los hijos, cuando tienen a los suyos, también los llevan.

Esta es una transmisión de la fe, de veneración al Cristo de padres a hijos, generación tras generación. La ocasión es aprovechada por miles de devotos para rendirle tributo a Cristo, renovar su fe en Dios, para estar con la familia, para que los padres y madres caminen la procesión con sus hijos, para encontrarse con viejos amigos (as) y juntos, rendirle tributo al Santo Cristo.

CRU DE COCLÉ.

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