Columnistas 29/09/2015 - 12:00 a.m. martes 29 de septiembre de 2015

Los venezolanos en Panamá

Recientemente me llamó la atención una columna de opinión del colega Mario Rognoni, publicada en el diario La Estrella de Panamá 

Hugo Santaromita
opinion@laestrella.com.pa

Recientemente me llamó la atención una columna de opinión del colega Mario Rognoni, publicada en el diario La Estrella de Panamá , hace poco más de un mes, donde hablaba del auge de la ‘maleantería' en Panamá y en la cual colocaba a los migrantes venezolanos como los impulsores de este fenómeno en el país. Decía Rognoni en su artículo lo siguiente: ‘El fenómeno empeoró luego, cuando llegaron los venezolanos, que no eran de las mejores costumbres, más tirados a maleantes. Por un lado, los ricos llegaron huyendo de Chávez (...) los malandros llegaron igual y empezaron a robar bancos (...). De pronto, porque en el bajo mundo todo se comenta, se corrió la voz y llegaron los maleantes colombianos, pandilleros mexicanos y hasta las maras de Centroamérica'.

El amigo Rognoni peca en su artículo de impreciso. Si bien ninguna migración es perfecta en ninguna sociedad, dejar en el papel un comentario de este tipo puede generar una matriz de opinión equivocada y, por ende, reacciones negativas contra determinado gentilicio. Confucio dijo en una ocasión que los pueblos se alimentan y progresan con las gentes que vienen de otros pueblos. El sabio chino sabía lo que decía. Más de la mitad de las sociedades en el continente americano fueron construidas por migrantes de todas partes del mundo.

Se equivoca rotundamente nuestro colega al afirmar que los venezolanos llegamos de primeros a introducir malas costumbres en Panamá. Pasa por alto que el país ha sido un receptáculo de muchas migraciones desde principios del siglo XX, movidos principalm ente por el Canal. Desde entonces ya habían migrantes en grandes cantidades. En 1904 la reapertura de las obras de construcción del Canal de Panamá, así como la escasa población nativa que llevara a cabo las obras, dieron lugar a la necesidad de importar y contratar mano de obra migrante.

En caso concreto de los venezolanos, el fenómeno migratorio comenzó a producirse desde el año 2000 en adelante, muchos de ellos avizorando lo que sobrevendría después con el modelo político que imperaría luego en Venezuela. Muchos se adelantaron a la debacle social y económica, unos movidos con sentido de antelación, otros ya sufriendo los embates de las nuevas reglas de juego. En mi caso, fue un sueño premonitorio el que me hizo tomar la decisión.

Por cuestiones de negocios, desde Venezuela se han establecido empresarios, profesionales y, más recientemente, personas de distintas condiciones sociales sin los recursos económicos de la primera oleada, por efectos del control cambiario y la feroz devaluación de la moneda. La inversión venezolana ha sido muy fuerte dentro de la economía panameña, ya que muchos paisanos han encontrado acá un nuevo sitio para preservar su fuente de riqueza y sus logros alcanzados con sudor y esfuerzo.

Recientes estimaciones indican que hay unos 150 000 venezolanos residiendo en Panamá, principalmente por el interés que hay por el país para iniciar un negocio. Incluso, en el primer trimestre de este año, los venezolanos eran los ciudadanos que habían obtenido más permisos de residencia en Panamá. De los 3851 permisos de residencia que fueron aprobados en ese período por Migración, 1419 fueron otorgados a ciudadanos venezolanos, lo que supone el 37 % de la cifra total.

De Venezuela, estimado Mario, hay un importante aporte en el sector bancario, servicios de cáterin, seguros, negocios alimenticios, también la introducción de la gastronomía venezolana, además del sector inmobiliario y la logística. El aporte de mis paisanos es importante, porque estos se han convertido en la tercera fuerza extranjera en la banca panameña con depósitos líquidos de más de 2500 millones de dólares, el tercer lugar, detrás de Colombia y las cuentas ‘off shore'. Se estima, además, que, al día de hoy, hay unas 300 empresas venezolanas legalmente establecidas en el país.

Si vemos el nacionalismo como una herramienta para mantener la unidad y la identidad en nombre de una población, como señala el sociólogo británico Anthony D. Smith, el problema es cuando surgen preceptos que se convierten en matriz de opinión hacia una determinada etnia o ciudadanía, sin reparar en las reales causas que motivan una migración.

Los ciudadanos del siglo XXI, don Mario, han cambiado, y la desinformación es un peligroso caldo de cultivo. Los pueblos no pueden vivir hoy al margen de la globalización. El mundo hoy no es el mundo de las barreras de otrora, menos en un Panamá como el actual, escogido por muchos migrantes para capitalizar sus planes de supervivencia. Cuando solo miramos hacia dentro, le ponemos cercas a nuestro pensamiento.

CONSULTOR, PERIODISTA Y ESCRITOR.

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