Columnistas 17/03/2017 - 12:01 a.m. viernes 17 de marzo de 2017

Usted, su conciencia y la corrupción

Hay diferencias entre ser asesinado o morir gradualmente por hambre o falta de atención oportuna a la enfermedad

Eduardo A. Reyes Vargas
opinion@laestrella.com.pa

Conciencia es el conocimiento que el ser humano tiene de su propia existencia, de sus estados y de sus actos.

Iniciamos esta nueva reflexión sobre un tema actual objeto de preocupación de grandes personajes e instituciones, con una definición sencilla de lo que es la conciencia. Hablamos de ese binomio antagónico: corrupción y conciencia.

Abordamos una vez más el tema, pues muy a pesar de que somos signatarios de múltiples convenios que rigen la lucha contra esa arma mortífera que hoy ostentan personas, tanto en el ámbito público como en el privado, el problema impresiona en preocupante ascenso.

Desviar dineros que no nos pertenecen para nuestros ahorros personales es, sin duda alguna, un homicidio culposo. Lo sustento, pues cuando un funcionario público o privado delinque desviando nuestros impuestos para satisfacciones personales ocasiona muertes prematuras, barreras al ascenso social a través de la educación o salud; expone a los marginados a vivir en lugares de alto riesgo para desastres naturales y a su desaparición física, como acaba de ocurrir recientemente en Panamá y países hermanos; impide al agricultor marginado transportar sus productos para ganarse la vida por carecer de caminos transitables; limita el acceso al agua potable y vacunas a sectores mayoritarios, exponiéndolos a muertes apresuradas y evitables.

¿Ha reflexionado usted, como persona, sobre el daño que usted ocasiona? ¿Es feliz asistiendo a su iglesia sabiendo que actúa con un espíritu de moderno Caín? ¿Piensa que será ‘dispensado' por aportar limosnas o diezmos?

Todas las religiones tienen como principio fundamental no hacer daño al hermano(a). ¿Ha pensado en la herencia nefasta que deja a sus hijos o nietos ‘blancos' de la sociedad acusadora?

Medite cuánto daño le hace al que usted dice es su ‘prójimo'.

Esta reflexión es, por supuesto, dirigida a quienes son practicantes de cualquier actuación corrupta, sea calificada o no como delito. Si no es penada por la ley, es al menos una conducta amoral.

También para quienes, sin serlo, comprendan lo que podrían ocasionar, de practicar ese abominable ejercicio.

Hay diferencias entre ser asesinado o morir gradualmente por hambre o falta de atención oportuna a la enfermedad, continuar en la ignorancia educativa que muchas veces causa frustración y sensación de morir en vida.

Ojalá en la próxima reunión a celebrarse en Panamá (quizás ya celebrada al momento que este artículo sea publicado), en que se debatirá sobre el tema, todos los organismos asistentes vayan pensando en sugerir elevar los actos corruptos a categoría de homicidios o crímenes y ser sancionados con una cantidad ejemplar de años de prisión.

No hacerlo podría percibirse como complicidad.

Solo serán instituciones decorativas en esta lucha constituidas por oradores de la retóricas vacía.

No deseo pensar que el genoma del panameño está saturado de mutaciones que producen la proclividad a la corrupción, la deshonestidad (mal llamada ‘juega vivo') y conductas delincuenciales de todo tipo.

Violentar las leyes del tránsito, colarme en filas, estafar; no pagar, pudiendo, los servicios públicos o privados; sustraer dinero de nuestros impuestos para beneficio individual o familiares, ¿qué es?

Cero tolerancia a la corrupción será entonces una utopía. Quizás 90% de ‘cero corrupción' sea una meta más realista y menos frustrante ante impunidades, privilegios o inmunidades.

MÉDICO INTERNISTA.

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