Columnistas 17/05/2017 - 12:00 a.m. miércoles 17 de mayo de 2017

UBER y la mafia del transporte de Panamá

La mafia presionó y todo sigue igual y hasta peor. Transporte es sinónimo de corrupción.

Ricardo Arturo Ríos Torres
opinion@laestrella.com.pa

La dictadura militar y el PRD avalan a los pícaros que integran la mafia que maneja el transporte público en Panamá. La entidad delictiva con el patrocinio estatal afecta con su pésimo servicio a los miles de panameños que se ven obligados a utilizar los buses y taxis.

Los ‘diablos rojos' asesinaron a muchos, otros quedaron inválidos, esos criminales del volante siempre gozaron de impunidad y fueron inmunes a la ley.

La mafia del transporte elige diputados y goza del poder político. Mireya Moscoso y su ministro de Gobierno se atrevieron a enfrentarlos, fue una acción temporal. Noriega, ante la rebelión de algunos taxistas, les dio una respuesta fulminante, la avenida Balboa amaneció con los taxis vandalizados.

Los cupos de los buses y taxis son el gran negocio de los políticos, la Autoridad de Tránsito es inoperante. Al inicio del Gobierno de Martinelli, una mujer con pantalones, honesta y ejecutiva quiso poner orden e inmediatamente la destituyen. La mafia presionó y todo sigue igual y hasta peor. Transporte es sinónimo de corrupción.

Los gremios de los taxistas protestan porque UBER les hace competencia. Los panameños sufrimos por el ‘NO VOY', sus taxis son colectivos, sin pedirle autorización al usuario, suben a sus vehículos a otras personas, poniendo en peligro al primero que los contrató. Cobran a su antojo.

Las piqueras de los taxis son otra mentira, llamas y te responden que no tienen taxis cuando le dices a donde quieres ir.

Los taxis de la terminal aérea de Tocumen son un peligro, asaltan a los turistas y usuarios en el Corredor Sur; no hay seguridad con ellos; hay complicidad entre el personal de Aduanas y los taxistas.

En otros países y lo vi en México, están los taxis peseros, tienen una ruta establecida por ejemplo: la vía España, Tumba Muerto, la Cinta costera. Solo pagas un peso y compartes con otros el servicio. Aquí pueden cobrar un balboa.

Otra pesadilla son los buses y taxis con su música estridente, conductores groseros sin uniformes ni identificación. Algunos taxistas son maleantes y te asaltan, violan a las mujeres. La mayor parte de los taxis pertenecen a consorcios colombianos, hindúes y venezolanos.

Los taxis y buses piratas es la nueva modalidad. ¿Quiénes son sus dueños? ¿Quiénes los protegen? La respuesta es simple: la mafia del transporte y la Autoridad de Tránsito. El transporte público es un caos organizado en perjuicio de la ciudadanía.

Panamá urge de estadistas, de funcionarios que tomen decisiones sin pensar en el clientelismo electoral. No puede existir el monopolio del transporte que afecte a miles de usuarios. Debe darse la libre competencia que garantice al panameño el derecho a escoger lo mejor. Y UBER es una opción entre tantas. Los peores enemigos de los actuales transportistas son ellos mismos.

ESCRITOR E HISTORIADOR.

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