Columnistas 25/08/2016 - 12:00 a.m. jueves 25 de agosto de 2016

Van tres magnicidios en Panamá

Con este cuento tan corto, cuento con orgullo que la clase política panameña ha mejorado con el tiempo, pero no mucho

Julio César Caicedo Mendieta
opinion@laestrella.com.pa

Con este cuento tan corto, cuento con orgullo que la clase política panameña ha mejorado con el tiempo, pero no mucho. Miren que, en los aciagos años del influyente político liberal, escritor y poeta panameño Gil Colunje Meléndez, Buenaventura Correoso y otros notables del Estado Federal Istmeño, la política era con los espadones desenvainados. Cuando el general de las Barbas, Vicente Olarte Galindo, sustituyó en la Presidencia del Estado al bardo Gil Colunje, no logró finalizar su mandato porque murió asesinado el 13 de marzo de 1868, según dejó para historia la enorme ola de rumores públicos que se levantó en el Istmo por su muerte. Unos escritos colombianos suponen que le brindaron un plato de guacho de cambombia con ponzoña en la isla de San Miguel.

La isla del Rey era muy famosa en ese entonces para celebrar banquetes políticos, ya que los caminos hacia el interior eran peligrosos y los veleros al parecer eran más prácticos porque zarpaban y atracaban en Boca La Caja con frecuencia. Otros escritores dan crédito a que la muerte de Vicente Olarte fue con un vino de iglesia adulterado, sabrá DS. La cosa fue que, ante tantos comentarios sobre la muerte del jefe de Estado panameño que recorrió todo el país en tres años sin el parque vehicular, avionetas ni helicópteros de hoy, se determinó oficialmente que murió, según un parte médico apurado, de: ¿' un ataque de malaria '?

Desde ese entonces la clase política panameña fue mal vista, tanto por los bogotanos como por gente de alto turmequé a nivel mundial. El diplomático gringo Allan Burton llegó a decir: ' Es en verdad difícil imaginar un ejemplo de Gobierno más deprimente que la autoridad ejercida por los insignificantes jefes de Estado costeros, entre los cuales el peor es Panamá '.

87 años después de la muerte del general Olarte, ocurre el asesinato de José Remón Cantera, el 2 de enero de 1955 y luego, el 31 de julio de 1981, matan al general Omar Torrijos. El magnicidio del presidente y militar Remón desató episodios increíbles que es mejor que ustedes mismos los busquen en libros e Internet. Sobre el fallecimiento de Omar, prefiero remitirlos a Globo Visión y a Rusia TV que pueda que ellos los acaben de confundir más sobre el magnicidio de un verdadero líder. Nada de esta narración me ha gustado mucho, pero sostengo que hemos mejorado. A Olarte lo envenenaron, a Remón lo ametrallaron, a Torrijos le estrellaron su avión y, en estos días, dicen que casi matan a nuestro presidente con un biombo de liga viva.

ESCRITOR COSTUMBRISTA.

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