Columnistas 17/12/2018 - 12:03 a.m. lunes 17 de diciembre de 2018

Trascender entre lo sublime y la distracción

El tema de la firma del Pacto Mundial para la Migración de la Organización de las Naciones Unidas la semana pasada

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Ernesto A. Holder
opinion@laestrella.com.pa

Alguna vez señalé que ‘Debiéramos como sociedad estar encaminados a un estado superior de desarrollo…': transcender las limitadas esferas que nos mantienen presos y sumidos en una espiral de deterioro social; estimulados por eventos y circunstancias creadas por nosotros mismos, para que nos enfrasquemos y perdamos el tiempo distraídos en una miríada de cosas…, mientras las verdaderas oportunidades de avanzar en el desarrollo de la especie se esfuman poco a poco.

El tema de la firma del Pacto Mundial para la Migración de la Organización de las Naciones Unidas la semana pasada, otra vez, deja en evidencia ese tóxico ambiente xenofóbico y racista que cierne sobre nuestra sociedad, queriendo olvidar que históricamente, como señalé la semana pasada, el intercambio sociocultural ha sido la naturaleza de nuestro pequeño país como ruta obligada de tránsito. Negros, blancos, asiáticos, indígenas, etc., han contribuido con lo mejor de sus culturas para que esta Panamá sea lo que conocemos en este inicio del siglo XXI.

Preocupa que a estas alturas del desarrollo humano, una representante de nuestro país —Paulette Rosales— haya sido discriminada en un concurso de ‘belleza internacional' (Miss Turismo Internacional) por una enfermedad que afecta la coloración de su piel. Pero también es una distracción innecesaria. Eso de la ‘belleza' es relativo y debemos superarlo, si queremos avanzar con el concurso de todos y todas.

Hoy reafirmo lo siguiente: ‘Las mujeres más bellas que he conocido y con quienes he compartido momentos a lo largo de mi vida, nunca han necesitado de pasarelas, estilistas, diseñadores o maquillaje excesivo para deslumbrarme… a mí y ni a muchos hombres que conozco. Son mujeres que han transitado por los caminos más desafiantes y difíciles de la vida. Hicieron de los retos y las dificultades el escenario propicio para conquistar el futuro, ganándose el respeto de sus pares y de la comunidad con su trabajo, esfuerzo y su aporte a la vida y a la sociedad. Mi madre, mis abuelas, mis tías, las madres de mis amigos de barrio, mis maestras y profesoras y todas las mujeres que tuvieron algo que ver con mi formación como hombre y como profesional, son ejemplos. Todas bellas, en lo físico, en su esencia, en la profundidad de su entrega, en su amor y en su sentido de la vida'.

Estos concursos son una farsa para explotar la inseguridad de muchas mujeres y para que la industria del maquillaje y las máscaras de colores hagan millones y millones de dólares vendiéndoles productos innecesarios a las féminas. Las mujeres del siglo XXI, en particular de nuestros países en desarrollo, deben considerar otras oportunidades y espacios de crecimiento y aportes.

Otro tema que debemos explorar (cada quien en su soledad) es el de la Jornada Mundial de la Juventud, la JMJ, a cinco semanas de su inicio, ocupa un espacio muy singular en el día a día. Se discute lo de la alfombra de 14 mil dólares para recibir al papa Francisco y, por ejemplo, el asunto de la movilidad urbana durante esa semana, que promete ser un reto supremo para la comunidad. No tengo nada en contra de la JMJ, pero debo advertir que, a pesar de tan distinguida visita y la llegada de tantos extranjeros (peregrinos), nuestros más desafiantes problemas y amenazas a la seguridad colectiva, estarán presentes por mucho tiempo después de este evento, en donde la mayoría se sentirá bendecida y, sin duda alguna, declarará como ‘Tierra Santa' el territorio nacional.

El camino hacia una mejor sociedad y mejores conductas sociales, se fundamenta, según Abraham Maslow, sobre un estado humano superior, al que llamó ‘trancendence' (trascendencia o trascender): ‘en donde el individuo no solo se percata de su enorme potencial superior, sino también el formidable potencial superior del conjunto humano'.

Para que esta sociedad trascienda hacia mejores condiciones de vida, debe asumir la responsabilidad de querer acabar con los males que la aquejan y creo que todos estamos claros en el trabajo que debemos hacer: erradicar la corrupción y eso no es asunto de milagros ni de rezos a seres míticos. Bendecidos o no, los nocivos efectos lo sufrimos a diario. Créanme, en ese ejercicio de trascender hacia una mejor sociedad, no depende de la presencia del papa ni de fervientes creyentes y practicantes religiosos, esa responsabilidad es enteramente nuestra.

COMUNICADOR SOCIAL.

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