Columnistas 08/01/2018 - 12:00 a.m. lunes 8 de enero de 2018

Traición a la panameña

El odio, la envidia, la sevicia y la maldad pudo más que la razón

Juan Luis Correa E.
opinion@laestrella.com.pa

Sé que el título de esta confesión podría sonar, tal vez, un tanto alarmante. Lo cierto es que no pude encontrar uno mejor que pudiera describir una situación personal que me tocó experimentar hace poco mas de dos meses. Se trata de lo siguiente.

A finales de octubre pasado, participé en la Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). A lo largo de mi carrera profesional y como consecuencia de mi vinculación a los medios de comunicación social y a los gremios periodísticos nacionales, tuve el privilegio de dedicar 26 años ininterrumpidos a esta organización y debo decir, con modestia, que mi participación estuvo siempre motivada por defender los principios para los cuales se fundó la SIP. Es decir, para promover el libre ejercicio de un periodismo independiente y defender este derecho humano por sobre todas la cosas. Durante todo este tiempo tuve la oportunidad de servirle a la institución presidiendo varios Comités, organizar tres reuniones de medio año en Panamá, dirigir el Comité Ejecutivo de la organización por cinco años consecutivos como su presidente, tesorero, secretario, presidente del Tribunal de Elecciones en varias oportunidades, electo en la Junta de Directores por varios períodos y más recientemente como primer vicepresidente de la SIP.

En la Asamblea General del pasado octubre, la cual se celebró en los Estados Unidos, en la ciudad de Salt Lake City, Utah, el Comité de Nominaciones de la organización, compuesto por los expresidentes, me eligieron por mayoría para asumir la Presidencia de la SIP para el período 2017-2018, tal y como estaba previsto. Al día siguiente de dicha elección, me solicitaron una reunión con el Comité de Nominaciones para manifestar que varios colegas de Panamá se oponían a mi designación para ocupar la Presidencia de la SIP para lo cual señalaron, según me hicieron saber, todo tipo de argumentos y de amenazas, incluyendo que algunos medios de comunicación de Panamá se verían obligados a abandonar la SIP.

No puedo esconder la tristeza que sentí ante esta situación. Mis colegas montaron una campaña malintencionada para impedir que un panameño pudiera lograr ser el primer nacional en lograr un reconocimiento tan distinguido para honra no solo de quien escribe, sino también para todos los panameños.

Frente a un escenario como el que plantearon mis connacionales a los miembros del Comité de Nominaciones, estos indicaron sus preocupaciones sobre la falta de respaldo y, ante el temor que muchos manifestaron sobre la conveniencia de asumir la Presidencia, opté por hacerme a un lado y evitar así que la confrontación pudiera afectar la buena imagen de la SIP ante un hecho inédito en nuestra organización.

Esta catarsis me sirve un tanto de desahogo. Me doy cuenta de que las divisiones que existen en nuestra querida Panamá trascienden las fronteras y se llevan a los escenarios internacionales también. Con esta reflexión, me queda claro que los enemigos de la SIP se encuentran también dentro de la organización y ya no tanto afuera como en el pasado, cuando la SIP se enfrentó a hombres fuertes, autócratas y dictadores de la región.

Al final del camino, de todas las situaciones malas o negativas siempre quedan lecciones. Uno aprende a conocer bien a la gente y en esta vuelta, al menos, he podido diferenciar entre los amigos de verdad y los hipócritas del momento, como esos que operan en la oscuridad y te clavan la daga por la espalda. El odio, la envidia, la sevicia y la maldad pudo más que la razón. Sé que les gustaría saber quiénes fueron, pero considero que no sería elegante dar sus nombres. Ellos saben quiénes son y solitos se darán a conocer eventualmente.

ECONOMISTA

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