Columnistas 07/03/2018 - 12:02 a.m. miércoles 7 de marzo de 2018

Todo cambia, para que nada cambie

Las instituciones del Estado tienen un bajo nivel de credibilidad y la confianza de los ciudadanos en ellas ha mermado a niveles record

Orlando Goncalves
opinion@laestrella.com.pa

En apenas unos días, de los 2742 candidatos que aspiran a ocupar curul en el legislativo colombiano, solo lo lograrán 266.

Si bien la oferta de candidatos es amplia —en promedio diez aspirantes por cargo— la realidad es que las campañas han sido sumamente aburridas, con una falta total de creatividad, sin estrategia e investigación, sin diferenciarse una de la otra y con propuestas que reflejan las creencias personales del candidato, pero que distan mucho de las necesidades de la población.

Queda claro que, los candidatos no tienen una lectura clara del momento histórico que vive Colombia hoy, y peor aún, no están escuchando a la gente.

El país vive momentos complejos. Las instituciones del Estado tienen un bajo nivel de credibilidad y la confianza de los ciudadanos en ellas ha mermado a niveles record. Desde las altas cortes, pasando por el Ejecutivo en sus tres niveles y el Legislativo, han sido afectadas por múltiples casos de corrupción, muchos en investigación aún, otros ya sancionados; pero en todo caso, han sido tantos que la población duda de sus instituciones.

Hasta diciembre del año pasado había un total de 156 figuras políticas y partidistas investigadas por actos irregulares. La corrupción ataca a todos los niveles y en esa lista hay senadores, representantes (diputados) a la Cámara, exministros, exmagistrados, consejeros presidenciales, gobernadores, alcaldes, concejales, diputados (locales) y contralores.

Sumado a esto, tienen el hecho del costo astronómico al que llegan las campañas electorales en este país. Por ejemplo, en 2014 la firma Cifras y Conceptos en conjunto el PNUD y el Instituto Holandés para la Democracia Multipartidaria, entrevistaron a 77 candidatos, los cuales afirmaron que, en promedio, una campaña al Senado puede costar $1.3 millones, pero algunos confesaron que ese valor puede llegar hasta $4.7 millones o un poco más. Hay que hacer la acotación que esas fueron confesiones, a sabiendas de que el techo de gasto permitido por la Ley es de apenas $320 000.

Cuando vemos esta disparidad de cifras, entendemos claramente una de las frases que hizo célebre al expresidente Julio César Turbay: ‘La corrupción hay que reducirla, a sus justas proporciones'.

Como si fuera poco, las encuestas nos dicen que el voto en blanco pudiera llegar al 16 %, el ‘no sabe' o ‘no responde', al 14 %; y, por lo complejo de la boleta electoral, un porcentaje importante de estas serán anuladas, pues la gente tiende a equivocarse. Las estimaciones sobre la participación varían según los encuestadores, pero, en promedio, se estima que esté por debajo del 45 %.

Con este panorama, es lógico pensar que el país requiere con urgencia una verdadera reforma política electoral que, por un lado, sincere los costos reales de las campañas acercándolas a la realidad, que las instituciones regulatorias de las elecciones tengan la fuerza y la capacidad de vigilar, investigar y sancionar, a quien viole la Ley, definir claramente las reglas del financiamiento público y privado para que el mismo se transparente y, estimular y facilitar la participación de los independientes, y así fortalecer la democracia.

Adicionalmente, los candidatos tienen que actualizarse y comprender que la comunicación política moderna ofrece muchas herramientas para hacer campañas más eficientes, profesionales y económicas. Campañas que conectan emocionalmente con los electores, que les escuchan y por lo tanto hacen que los electores se involucren y participen.

Los candidatos actuales se han quedado anclados en las viejas prácticas de las maquinarias políticas, pero más dramático, se han quedado con los vicios de la politiquería barata que, como ya mencionamos antes, encarecen enormemente las campañas y cuyas prácticas cada día son más ineficientes.

Tendremos entonces, un congreso muy fragmentado donde la primera minoría, quizás logre apenas del 20 al 22 % de las curules, con lo cual, si vemos esta elección como un termómetro para la elección presidencial de mayo de este año, para poder gobernar, obligatoriamente tendrán que hacerse acuerdos de varias bancadas, para tener un piso mínimo de gobernabilidad.

Esta elección, si bien debe renovar al parlamento, lamentablemente no lo logrará. No lo hará porque aún hay muchos vicios, cosas tan asombrosas como parlamentarios que, estando en la cárcel, ponen a sus hermanos, primos cuñados o esposas como candidatos. Así que, si bien la oferta es amplia, en el fondo, todo cambia, para que nada cambie.

En buena medida, esto ocurrirá por la baja participación de los ciudadanos. Por ello insisto, la manera de mejorar nuestras democracias, es con más democracia y más participación del ciudadano.

CONSULTOR POLÍTICO; EN TWITTER: @ORLANDOGONCAL.

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