Columnistas 10/01/2018 - 12:01 a.m. miércoles 10 de enero de 2018

Tiempo de jazz

‘Quizás el elemento más importante del Panama Jazz Festival es el intercambio entre un amplio grupo de jóvenes que ahora tiene perspectivas de formación y los artistas, académicos e investigadores [...]

Modesto A. Tuñón F.
opinion@laestrella.com.pa

El año empieza con buenas noticias culturales. Es época de jazz y la ciudad de Panamá se enciende al escuchar los instrumentos y voces que vienen desde plurales sitios a este istmo tan inquieto. Las notas han de calentar un verano que se inicia húmedo y fresco por efectos del cambio climático y por tanto, encenderán el ánimo del pueblo que sabe de esta cita en que otro tipo de música se esparce por diferentes escenarios de la capital.

Por mucho tiempo esta expresión rítmica que nació en las comunidades negras en Estados Unidos de América y que se diseminó hacia sus más importantes urbes, estuvo en estado latente en el país. Aunque desde muy temprano, contó con ejecutantes que hicieron suya sus melodías, no fue una manifestación que ascendió a los niveles de mayor popularidad de los medios de comunicación.

Hubo talentos como el histórico Luis Russell, que desde Bocas del Toro emigró a Nueva York, entre otras plazas a exponer sus habilidades e idiosincrasia armónica para enriquecer un arte que emergía con glorias clásicas. Otros nombres también imprimieron su sello en un nutrido mercado que dejaba poco espacio para impulsar el talento de esta parte del continente; sobre todo con un particular tipo de composición y formato melódico.

Desde que el joven Danilo Pérez empezó a darle notoriedad a sus ideas siempre novedosas, se supo que el contexto de su trabajo podría ser de utilidad para impulsar en Panamá, algún cambio de rumbo de los acordes. Empezó como una idea especialmente particular y actividad de un sector muy estrecho, un festival de jazz que tomara como proscenio, lugares significativos en el Casco Antiguo, sus callejuelas, espacios abiertos, teatros y salas.

Así nació el Festival de Jazz que ya cuenta con una mayoría de edad por lo que ha recorrido, por sus invitados; sobre todo por el respeto que genera en centros académicos y en la comunidad artística de otros países. Por esa razón, se suman cada año, nuevos grupos, centros donde se genera el conocimiento y se discute sobre técnicas que surgen con el imparable desarrollo de la tecnología que transforma los equipos, la acústica y a los actores.

Es una intensa semana que este año corre desde el 15 al 20 de enero. ‘Es un proyecto panamericano, el cual se está modelando en lugares como Santo Domingo, Chile y Costa Rica', dice Pérez. Es testigo de cómo vienen interesados no solo en participar de los conciertos, sino para considerar la posibilidad de dar pasos conducentes a reproducir este tipo de experiencias en otras regiones y sociedades.

Quizás el elemento más importante del Panama Jazz Festival es el intercambio entre un amplio grupo de jóvenes que ahora tiene perspectivas de formación y los artistas, académicos e investigadores que analizan en aulas los diferentes problemas de interpretación o aspectos teóricos que se asientan en este terreno musical. Las charlas, clínicas, demostraciones llenan las aulas y salen también propuestas para quienes exploran estudiar en otros centros.

Esto ha tenido sus resultados. Hay una amplitud de intervenciones sobre ejecución y articulación de grupos experimentales o pequeños colectivos que se mueven en este ámbito. Todo esto tiene su origen en los efectos que deja el festival, las becas, los diálogos y sobre todo la atmósfera que se crea y que permanece en el espíritu de la sociedad cuando se apagan las luces y cae el telón.

Este año vuelven Chucho Valdés, el inigualable Shorter, las academias universitarias y las bandas que surgen al calor de lo que se escucha y se constituyen en modelos activos de capacitación. Hay que integrarse a este gran movimiento porque será una nueva generación beneficiada y ella brindará nuevos elementos artísticos a la cultura nacional.

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.

‘Este año vuelven Chucho Valdés, el inigualable Shorter, las academias universitarias [...]'
 
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