Columnistas 03/02/2015 - 12:00 a.m. martes 3 de febrero de 2015

‘Sumak kawsay’ o el buen vivir

Definitivamente, los latinoamericanos escribimos historia, bajo nuestros conceptos y bajo la lupa heredada de nuestros ancestros

Eduardo L. Lamphrey R.
opinion@laestrella.com.pa

Definitivamente, los latinoamericanos escribimos historia, bajo nuestros conceptos y bajo la lupa heredada de nuestros ancestros. La historia sangrienta de nuestra conquista y colonización, dinamizada posteriormente por sistemas económicos decadentes, sumisos a varios imperios occidentales, nos legaron una exacerbada marginalidad y depauperización de nuestros pueblos. Esta paupérrima e histórica situación nos ha devuelto a nuestros orígenes, a nuestra cultura originaria, donde imperaba el buen vivir, sueño por el que siempre hemos luchado.

Dentro de estas posturas tradicionales, hoy se desarrolla, con suma amplitud, el concepto del Buen Vivir (‘Sumak Kawsay-Kichua’ o ‘Suma Qamaña-Aymara’), consignadas en la constitución de Bolivia y Ecuador; igualmente se desarrolla en otros pueblos indígenas como los mapuches de Chile, los guaraníes de Paraguay, los mayas de Guatemala y México, como también, para orgullo de los panameños, en los Kunas.

‘Sumak Kawsay’ es un concepto de vida alejado de los parámetros mercantilistas de la modernidad, del crecimiento y desarrollo económico, del individualismo, de la corrupción, de la búsqueda desaforada del lucro, de la relación costo-beneficio como axioma social, el exterminio brutal de la naturaleza y sobre todo sobre la mercantilización total de todas las esferas de la vida humana. Para el caso nuestro, el mantener por décadas un ejemplar crecimiento económico implicó un desajuste social en el bienestar colectivo panameño, sumergido hoy en la pobreza, en la violencia, en el narcotráfico, en la desculturización política, que refleja una sociedad corrupta y sin valores cívicos y morales.

Este modelo económico de servicios, donde el poder económico-político se centra en ciento cuarenta y cinco familias, resume la mala redistribución de las riquezas. Igualmente es evidente el desprecio para nuestro ecosistema, ya ni producimos alimentos y la seguridad alimentaria es un sueño para nuestros gobernantes. Sin embargo, nuestros ancestros indígenas vivieron el concepto del buen vivir, del cual hoy retomamos e impondremos por el bienestar de todos.

El buen vivir es la satisfacción de las necesidades, la consecución de una calidad de vida y muerte dignas, el amar y ser amado, el florecimiento saludable de todos, en paz y armonía con la naturaleza, para la prolongación de las culturas humanas y de la biodiversidad. El buen vivir, del cual todos tenemos el deber de ahondar en sus fundamentos y ponerlos en la práctica cotidiana de todos nuestros ciudadanos, debe ser estudiado como concepto para la constituyente paralela que hoy propone el Gobierno.

El buen vivir es un modelo alternativo que mejora la calidad de vida, basado en un sistema económico justo, democrático y solidario. Este concepto germina en diversas posturas en distintos países y desde diferentes actores sociales, es un concepto en construcción, debe ajustarse a cada circunstancia social y ambiental. Es la oportunidad de construir un mundo donde caben todos, sin que nadie viva mal para que otro viva mejor.

ECONOMISTA

comments powered by Disqus