Columnistas 21/12/2018 - 12:02 a.m. viernes 21 de diciembre de 2018

Sobre las Pascuas

De acuerdo a nuestras costumbres, veneramos el nacimiento del Hijo de Dios en Belén, [...] y, con alegría, nos obligamos a repasar lo ocurrido [...]'

Carlos Augusto Herrera
opinion@laestrella.com.pa

Diciembre es el último mes del año que junto a las tradiciones ancestrales, coincide con la Navidad que es el anuncio del origen de Jesús y después sigue el Día de Reyes junto a la Pascua de Resurrección y el Pentecostés, lo que suman cincuenta días más y que rememora la fiesta judía del PESAJ que relata la TORÁ, festejo con lo que se recapitula la salida del pueblo hebreo de Egipto que relata el libro del Éxodo. La última cena es parecida a la ceremonia del SÉDER durante el PESAJ judío, que dura siete días y que culmina con la cena pascual. En Panamá este mes generalmente coincide con el sucinto cambio de estación seca, con una agradable brisa que promueve un cambio en el estado de ánimo de una mayoría enclaustrada en otra historia sobre Nicolás de Bari (Papá Noel) gordo y congelado, nacido de una familia rica en el siglo IV en Patara, distrito de Licia, ahora Turquía.

De acuerdo a nuestras costumbres, veneramos el nacimiento del Hijo de Dios en Belén, junto al pesebre al que agregamos animales impensables, pero por igual y, con alegría, nos obligamos a repasar lo ocurrido cada fin de año sea a favor o en contra, en especial, sobre las novedades empinadas entre la vida y la muerte que siguen catalogadas a manera de misterios. Lo primero es seductor, pero finito e individual y lo segundo es un evento improrrogable y caprichoso convertido en un acto inesperado, instantáneo o en algunos casos agónico que se extiende previo a una larga enfermedad o con la longevidad dilatada, que mientras más dura aumenta los achaques de salud, se pierden calidades y prosperan las impotencias marcadas por una sociedad despiadada, que ignora el dolor que se agrega a la de la ancianidad. La vida y la muerte ocurren sin cesar y esto es algo que nos alegra o entristece, en la medida en que transcurren a través de los años.

En la historia, el papa san León estableció a los tres reyes magos de Oriente, cuya descripción fue hecha en el siglo XIV por un monje benedictino así: Baltasar (Serakin), negro procedente de África, es el que entrega el oro que es el más valioso de los metales como símbolo del Rey. Melchor (Magalath, un anciano de cabello y larga barba blanca, confirió la aromática sustancia roja utilizada para fabricar perfumes y denominada mirra como el símbolo del hombre, común en Medio Oriente y Somalia. El rubio Gaspar (Galgalath), siendo el más joven de todos, le correspondió delegar el incienso, símbolo de Dios, preparado con resinas aromáticas y aceite, cuya calcinación produce humo fragante de característico olor, usado en distintas religiones en sus ritos. Debemos notar esta diferencia con el negocio de los regalos que llena de sufrimiento a los pobres.

Tanto particulares como empresarios distinguen a los allegados y empleados con suntuosas fiestas y regalos, en especial a los hijos. Las oficinas y casas se adornan con ramas de pino importadas que semejan arbolitos llenos de adornos, foquitos, guirnaldas y debajo se juntan los regalos forrados que se abren a la medianoche del 24 y en colateral hacemos públicas promesas que en general no se cumplen por la falta de voluntad y que antes de terminar el próximo enero se desiste del esfuerzo. Este fenómeno siempre ocurre mientras la rueda de la vida circula rociada por algunos aciertos y los profusos reveses, ante el desmedido comportamiento humano en donde prevalece el interés metálico en el que se desgrana en una sistemática y masiva propaganda para promover el consumo.

Claro que estamos marcados por el afán ante el insoslayable deber de superar los escoyos y dar sentido a la vida en una permanente lucha por alcanzar estos niveles que galopan, aun cuando los buenos o malos recuerdos imperan y que los demás aúpan al inyectar la fe al insistir en que recordar es vivir, aunque sea con los compasivos recuerdos, sin embargo, no podemos distinguir entre aquellas experiencias que confluyen a consecuencias de un duelo ante la pérdida de un ser amado con quien se convivió por décadas y que se esfumó sin una explicación para convertir la materialización en idealización que es todo un reto bautizados por los expertos con el nombre de duelo para tratar de adaptar la emoción ante lo irreparable cuyo término varía en cada caso, a pesar de que dicen que los hijos son prestados, nos entristece al pasar la página con el puesto vacío.

ABOGADO

‘[...] estamos marcados por el afán ante el insoslayable deber de superar los escoyos y dar sentido a la vida en una permanente lucha [...]'
 
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