Columnistas 12/04/2019 - 12:03 a.m. viernes 12 de abril de 2019

Sobre debates, ofertas y políticos electoreros

En camerino están quienes pagan las campañas, esperando que su ‘inversión' rinda grandes ganancias después de las elecciones

William Hughes
opinion@laestrella.com.pa

La campaña electoral en la que se encuentra inmersa la población panameña, revela una combinación de viejas y nuevas formas de imbuir, manipular, condicionar y hasta alienar a una población carente de medios de comunicación alternativos, independientes y objetivos que faciliten la formación política crítica, consciente e informada de quienes deben ejercer el sufragio el próximo 5 de mayo.

Lo viejo o lo mismo de siempre, son las promesas, las baratijas, la algarabía y el jolgorio que hacen del proceso electoral un carnaval de colores, que contamina el paisaje, pero también la conciencia y la razón. Lo nuevo, los debates condicionados, que fuerzan a los candidatos a opinar desde cómo se produce hasta cómo se cocina un huevo. Se pasa de lo ridículo a lo sublime, sin reparo alguno en temas realmente importantes, procurando, cual si fuera una mercancía, comparar precios, calidad, cantidad, apariencia y tendencias en las propuestas político-electoral de cada candidato, estandarizándolas y forzando a que nadie se salga del formato, bajo amenaza de ser etiquetado mediáticamente y de convertirlo en blanco de ataques hasta ser acabado políticamente.

Es necesario enfrentar a los seudoestadistas en temas estructurales y estratégicos, como el proyecto de Nación en el que quieren embarcar a los panameños, el tipo de economía hacia donde dirigir al país y su articulación con el problema ambiental, la visión del futuro Estado panameño, hacia dónde va la estructura social panameña y el fomento de la cultura política y ciudadana.

Pero, contrariamente, nos quieren hacer creer que la soberanía, el derecho a la autodeterminación de los pueblos, nuestra negativa a que del norte nos digan qué hacer, la justicia, la equidad, la institucionalidad, la rendición de cuentas, la inclusión social, territorial, étnica y cultural, con principios y valores, son cosas pasadas de moda.

En la campaña electoral, la realidad es presentada como la percepción, el imaginario colectivo, la ideología que se construye y transmite a televidentes, radioescuchas, cibernautas, blogueros, tuiteros, etc., a quienes, sin pedirles permiso, invaden, movilizan y controlan durante 60 días de campañas. Encuestadoras, especialistas en imagen, publicistas, comunicadores sociales, psicólogos y administradores de redes conforman el círculo cero de los candidatos y lideran los equipos de campaña; por supuesto, de aquellos que los pueden pagar. En camerino están quienes pagan las campañas, esperando que su ‘inversión' rinda grandes ganancias después de las elecciones. En este contexto las ofertas electorales llegan a su destino por la fuerza del medio, por repetición continua y sistemática, por ondas sonoras y por imágenes retocadas, construidas y transformadas, para fijarse y alojarse en el cerebro del ciudadano dominándolo y convirtiéndolo en portador de un voto que no es suyo, sino del dueño de los medios de comunicación que encarnan el poder económico del país, negándole de suyo el derecho a votar consciente, formada y educadamente.

Pero no todo está perdido; en esta campaña todavía hay quienes con hidalguía caminan, conversan, educan, reflexionan y construyen colectivamente una propuesta de desarrollo social y económico; hay quienes desdibujan un país de contraste, de inequidades, de injusticia, impunidad y valores perdidos; hay quienes preocupados por el deterioro ambiental que implica el desmedido crecimiento y la neocolonización, denuncian los engaños y gritan ¡basta ya!; hay quienes, como siempre, comprometida y sinceramente, reivindican al panameño de a pie, al campesino, al indígena, al ama de casa, al afrodescendiente, al profesional y a una clase trabajadora que lucha por rescatar su identidad nacional y patriótica, que hoy día está a la deriva.

Hay todavía quienes sueñan, aspiran, alientan utopías, esperanzas, proyectos comunitarios y nacionales que han sido postergados por años; hay quienes renuevan compromisos, con y sin torneo electoral, profundamente desigual; hay quienes tienden puentes, abren trochas y limpian caminos para vincular, integrar y conectar a poblaciones y territorios; en síntesis, hay quienes luchan contra la embestida de grupos de poder económicos, acostumbrados a comprar, secuestrar y arrasar con medios de comunicación controlados o vendidos; estos, que luchan por hacer renacer la esperanza del pueblo, como diría Bertolt Brecht, estos, y no los políticos convencionales y sus ofertas tradicionales, ¡son los imprescindibles!

PROFESOR DE LA UP Y MIEMBRO DE LA DIRECCIÓN NACIONAL DEL FAD.

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