Columnistas 12/09/2017 - 12:03 a.m. martes 12 de septiembre de 2017

¡Sobre la corrupción, peculado, coima e impunidad!

Todo lo que se está diciendo es revelación de que en América Latina despunta una conciencia nueva, escrupulosa, en lo que a manejo de dineros públicos se refiere. 

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Paulino Romero C.
opinion@laestrella.com.pa

Una tara de la administración pública en Panamá, así como de muchos otros países latinoamericanos y del Caribe, es la del enriquecimiento sin causa de los gobernantes a través del tráfico de influencias y de la obtención de porcentajes ilícitos sobre negociaciones en que el Estado es parte. El feo vicio es de vieja data. Tiene raíces hundidas en la Colonia.

Los juicios de residencia instaurados por la Corona española no impidieron que virreyes, gobernadores y capitanes generales amasaran fortuna de dudoso origen, utilizando en beneficio propio los recursos y resortes del poder. Simón Bolívar, quien nació en cuna rica y no solo no aumentó en el ejercicio del poder su fortuna heredada, sino que murió pobre, dejando una indeleble herencia de honradez como administrador de peculios colectivos.

Hay una frase suya que refleja su repudio y angustia por el florecimiento en las patrias recién creadas del vicio del peculado. Dijo en su momento: ‘Se deben destrozar en los papeles públicos a los ladrones del Estado; se deben hacer caer sobre estos delincuentes todo el desprecio de la sociedad y todo el rigor inexorable de la ley'.

Sin descartar casos de gobernantes electos en procesos democráticos que se han corrompido en el ejercicio del poder, lo más generalizado es el enriquecimiento súbito y escandaloso de quienes llegaron por asalto al Gobierno. Los promotores de asonadas para usurpar Gobiernos siempre tienen entre sus objetivos más definidos el de amasar con rapidez fortunas ilícitas. La historia contemporánea de América Latina y el Caribe (de las décadas de los años 50, 60, 70, 80 y 90 del siglo pasado, y de modo especial las dos primeras décadas del siglo XXI), las ha maculado el virtual saqueo de las naciones por los dictadores y por las camarillas que gobernaron en un apreciable número de entre ellas.

En la medida que se generalice y afirme el sistema de Gobierno democrático en la región, se irá corrigiendo ese inescrupuloso y sucio proceder: el flagelo de la corrupción, peculado, coima e impunidad.

La vigilancia de la opinión pública, cuando puede actuar con libertad, limita el riesgo del uso abusivo del poder para beneficio propio de quienes gobiernen. Pero como saludable sanción para escandalosas prevaricaciones en el pasado y como amenaza suspendida sobre las cabezas de quienes gobiernan hoy, algo debía hacerse para impedir que siguiera impune el espectáculo retador de los exdictadores derrocados y expresidentes corruptos viviendo ostentosamente en el exterior con los cuantiosos dineros que sustrajeron a sus países.

Venezuela históricamente, fue de las naciones más saqueadas por los Gobiernos sin escrúpulos, porque su producción petrolera es una fuente de seguros y altos ingresos fiscales. El dictador Juan Vicente Gómez, por ejemplo, gobernó durante 27 años (1908-1935). Al morir en 1935, dejó una fortuna mal habida de muchos millones de dólares, y fortuna similar del mismo turbio origen fue la que amasó el dictador Marcos Pérez Jiménez, derrocado en enero de 1958 por una rebelión coincidente de pueblo y Fuerzas Armadas. La dictadura de Hugo Chávez (1999-2013) y, finalmente, la dictadura infrahumana de Nicolás Maduro (2013-2017).

Lo más escandaloso en Panamá y en otros países de América Latina y el Caribe, tales como Brasil, Venezuela, Colombia, Perú, Ecuador, Argentina, República Dominicana, ha sido la presencia corrupta, nefasta de la empresa brasileña Odebrecht, que ha invertido cientos de millones de dólares en concepto de soborno y coima, favoreciendo a candidatos a la Presidencia, ministros y altos funcionarios de la administración de los países citados. Además, ha impulsado y fomentado la impunidad, particularmente en Panamá, durante los últimos 10 años (2007-2017).

Todo lo que se está diciendo es revelación de que en América Latina despunta una conciencia nueva, escrupulosa, en lo que a manejo de dineros públicos se refiere. Perviven todavía quienes se echan la ética a la espalda y en los bolsillos los dineros de los contribuyentes. Pero en la medida en que la vigilancia de una opinión pública despierta pueda actuar como fiscalizadora de los gobernantes, tenderá a ser más aséptica y honorable la administración de los fondos del Estado.

PEDAGOGO, ESCRITOR Y DIPLOMÁTICO.

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