Columnistas 12/02/2018 - 12:02 a.m. lunes 12 de febrero de 2018

Sea más sincero o sincera

‘La sinceridad es la imagen de una señora que pasó por Colombia hace mucho tiempo'. Fueron las palabras de un colombiano jocoso

Antolino Herrera Castillo
opinion@laestrella.com.pa

‘La sinceridad es la imagen de una señora que pasó por Colombia hace mucho tiempo'. Fueron las palabras de un colombiano jocoso, que generalmente le ponía cierta sazón o humor a cada cosa que decía. El insincero es lo opuesto a un individuo sincero. La etimología o raíz de esta palabra proviene de la época de los cesares en Roma antigua. A estos individuos llenos de poder y opulencia les preocupaba la vida más allá de la muerte y cómo perpetuarse a través de sus actos, edificaciones, y por qué no, elaborar una estatua que reflejara a la perfección su rostro, su poder o su gloria. Si el escultor, por vía del cincel y el martillo, fallaba un trazo al esculpir la piedra, descubría un orificio pecaminoso contrario a la idea de perfección de su dueño, entonces el escultor cubría su error con destreza. Pero el material utilizado en esta tarea era la cera. De ahí que si el busto o estatua estaba libre de cera se consideraba sincera, y era llena de la satisfacción del emperador.

Atendiendo a este asunto, si más mentiras decimos, estamos como un colador lleno de orificios. A mi modo de ver la sinceridad, es lo correcto, es lo real y verdadero, acorde a los atributos de Dios. Es contrario a la falsedad. La Santa Biblia se refiere a lo falso y dice que no tiene peso, que es como el tamo que arrebata el viento, (el viento se lo lleva fácilmente). El tamo es como el afrecho del arroz que las abuelas ventean (con bateas) en el patio trasero de la casa. Este subproducto se lo pelean una serie de pajaritos muy pequeños, (picochos), pero ellos no buscan el tamo o la falsedad, sino algunos granos de arroz que se desprenden de la venteada que realiza la abuela. Otro ejemplo que podemos citar ocurre cuando el ama de casa lava o pone al agua granos de cualquier especie, como lentejas, habas, arvejas, etc. Y ocurre lo mismo; las pajitas, yerbitas y aquellos frijoles vanos o falsos, por no tener peso, flotan. A otros que han sido dañados por insectos, llamados gorgojos, les ocurre lo mismo. En tanto los sanos o útiles para los propósitos que fueron creados no les pasa lo mismo, sino que bajan todos juntos al fondo del recipiente. Asumo que los más pesados llegarían primero.

Creo que haríamos bien en tomar en cuenta algunos mensajes que vienen ya elaborados de parte de las composiciones de los trovadores y cantalantes oriundos de la tierra del CHUCU-CHUCU, o sea, Guararé, Las Tablas, Chitré, Coclé, Veraguas, Chiriquí, etc. No sé el significado de este término, CHUCU-CHUCU, pero lo asocio con alegría, fiesta, amor o ternura. Ha escuchado la tonada: ‘Hojita de tamarindo, que el viento se la llevó'. ¿Por qué el viento se la llevó? Porque no tenía peso; era falsa, sin consistencia, llevada fácilmente por el viento de aquí para allá. Si somos pesados en la balanza, como dice la Biblia, ¿cuántos seríamos hallados sinceros?; sin defectos o sin marca de fábrica. Pienso que ninguno.

Los tejidos compactos como el plomo, hierro o bronce, si caen al agua se sumergen rápidamente. Así entiendo que las personas de contextura fuerte, por decir de poca grasa, de pura fibra y músculos, al caer al agua se van a sumergir rápidamente, sino saben nadar o reciben algún flotador. Por lo mismo, aquellos gorditos con contenido adiposo o grasa, flotarán con más facilidad. Los que están en esta ocupación como guardavidas o entrenadores aseveran que cualquier persona puede flotar en el agua, sino se mueve, pero la desesperación en un evento de esta naturaleza dicta lo contrario. ¡Aprenda a nadar!

ECONOMISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.

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