Columnistas 17/02/2018 - 12:00 a.m. sábado 17 de febrero de 2018

Simón Bolívar y Maduro

Maduro es un autócrata, es la antítesis de Bolívar.

Carlos Iván Zúñiga (1926-2008)
opinion@laestrella.com.pa

El Libertador aspiró a ser reconocido, universalmente, como el buen ciudadano. Prefiero el título de ciudadano al del Libertador, porque este emana de la guerra, aquel emana de las leyes.

Bolívar es un hombre diáfano, hay en él una esencial unidad de pensamiento y acción, una plena armonía entre el sentir, el pensar y el hacer, su visión de la sociedad es humanista.

Maduro es un autócrata, es la antítesis de Bolívar.

Bolívar considera al ser humano como un sujeto con derechos y una dignidad inalienable. Concibe el Estado como una entidad pedagógica. Para él, moral y luces son nuestras primeras necesidades.

Maduro es un ególatra, el Estado es él, toda acción gubernamental está en función de sus caprichos y vanidades, los derechos ciudadanos solo existen en función de su ideología totalitaria. El Gobierno de Maduro es policíaco, todo lo controla, no admite disidencias. Maduro hace de Venezuela una prisión, a pesar de él, millones de venezolanos realizan una diáspora en busca de la libertad que la dictadura chavista les niega.

Bolívar defiende un arquetipo social con un humanismo integral; aboga por la capacidad de decidir a través de la libertad.

Maduro sigue el modelo de la dictadura hereditaria de Cuba, Siria y Corea del Norte. El individuo sometido a la línea del partido comunista es alienado como el Gregorio Samsa de Kafka. El ciudadano carece de los derechos fundamentales.

Bolívar es un hombre reflexivo, con una cultura universal, su haber literario está presente en cada una de sus facetas como estadista, diplomático, militar, pedagogo y revolucionario. Maduro es el clásico sofista, maneja la retórica al estilo de Hitler y Fidel. El Maese Pedro de Don Quijote encarna en él, es malabarista de la mentira. Maduro es un farsante, en él todo es teatro.

El buen ciudadano, no se engaña, es un crítico permanente de sí mismo. Se autoanaliza y así lo expresa, es siempre útil el conocerse, y saber lo que se espera de sí. Maduro es narcisista, no necesita de espejos para reconocerse como infalible. Por eso se equivoca y hoy el chavismo vive el colapso de una sociedad sin valores éticos, carcomida por la corrupción. El Socialismo del Siglo XXI es un gran fraude, un fracaso institucional. La ineptitud y la impunidad del régimen destruyen sus frágiles cimientos.

Bolívar, en el Discurso de Angostura, aboga por un Estado republicano, con separación de los poderes, con libertad. Maduro concentra en él todas las instituciones es el mandamás, su voluntad es ley.

Bolívar afirma que los hombres públicos están sujetos a la censura de todos los ciudadanos. La primera de todas las fuerzas es la opinión pública. En todo Gobierno democrático se debe consultar y oír a los prudentes. El que manda debe escuchar las más duras verdades. Maduro silencia a la opinión pública, censura los medios de comunicación, persigue a los periodistas, impone como en Cuba y los regímenes tiránicos, la voz única de su colectivo.

Bolívar aprecia que la soberanía del pueblo es la única autoridad legítima de las naciones. Que nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. Maduro manipula las elecciones, controla el Consejo Electoral, el chavismo violenta la voz de las mayorías. La reelección es la norma de los autócratas. Maduro es el producto de un gigantesco fraude electoral.

Bolívar proclama que la Hacienda Pública no es de quien gobierna. Que la corrupción de los pueblos nace de la indulgencia de los tribunales y de la impunidad de los delitos. El ejercicio de la justicia es el ejercicio de la libertad. Maduro despilfarra los millones del petróleo subsidia a Cuba, Nicaragua, Bolivia y los grupos como Podemos, solo compra armas e invierte con Odebrecht en proyectos que nunca se terminan. Mientras Bolívar soñó en una Patria Grande, democrática y respetuosa de los derechos ciudadanos, Maduro impulsa el ALBA, entidad de lacayos financiados por la hacienda pública venezolana.

Bolívar declaró que no puede haber error más grande que la esperanza de que una nación dependa de los favores de otra. Maduro y los chavistas hacen de Venezuela una colonia cubana.

Hoy, Bolívar perdura por sus ideales humanistas, Maduro es solo una trágica pesadilla.

Nota: para ampliar información sobre El buen ciudadano, recomiendo en mi libro, Los rostros del tiempo, el ensayo ‘Bolívar y sus lecturas'.

HISTORIADOR, ESCRITOR Y DOCENTE.

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