Columnistas 16/04/2019 - 12:00 a.m. martes 16 de abril de 2019

La silla embrujada

‘Basta ponerse la banda y sentarse en la silla y ¡zaaasss!, por arte de magia, se olvida todo lo prometido'

Aramís Averza C.
opinion@laestrella.com.pa

Para todos los panameños resulta obvio que a estas alturas del maratón hacia la Presidencia, luego de ver, oír y leer, todo lo expuesto por los siete presidenciables, los mismos se encuentran bien ilustrados, sobre los problemas que nos aquejan diariamente, a los cuasi cuatro millones de panameños de sangre y hueso, o sea el pana común y corriente de ‘a pie'. Así las cosas, resulta lógico inferir que los diferentes equipos pensantes que los acompañan en esta aventura, estén abocados a lograr una planificación que le permitan a su candidato, llegado el momento, hacer frente a los mismos, para tratar de eliminarlos o minimizarlos.

Conocidos como ‘plan de trabajo', por lo general ninguno es 100 por ciento bueno o malo; sin embargo, si se pudieran amalgamar, las diferentes ideas pensantes, seguro que obtendríamos un documento con un camino que, de recorrerlo correctamente, sin duda alguna, reduciría el sufrimiento del calvario al que nos han sometido en los últimos 30 años.

Si esto es así, y estoy seguro de que lo es, entonces, ¿por qué sistemáticamente se vienen desmejorando las condiciones en las que día a día nos desenvolvemos la mayoría de los panameños? ¿Quién o qué es responsable de que esa persona, después de discursos fogosos y abrazos multitudinarios, se olvide por completo de todos los ñañecos y marginales que votaron por él?

Dándole vueltas al asunto, mi conclusión es una sola: ‘La silla presidencial está embrujada'. Basta ponerse la banda y sentarse en la silla y ¡zaaasss!, por arte de magia, se olvida todo lo prometido. Parece que el poder que irradian todas las manos peludas, que mueven la silla o la acomodan, ejercen un efecto disuasivo, permanente y sin retorno, sobre la persona que se sienta en ella; y no hay manera de romper ese embrujo, hasta que se encuentran de patitas en la calle, fuera del Palacio de las Garzas, con un celular, que antes no dejaba de sonar, pero que de repente, a nadie le importa llamar.

Estos delincuentes encorbatados, que siempre están cerquita de la silla, se valen de toda clase de embrujos para obtener sus beneficios; no importa quién se siente en ella, siempre han estado y estarán allí. Adulando, ofreciendo, amenazando y cobrando, por los ‘favores' prestados.

Lamentablemente, esta magia negativa de la silla es contagiosa, pues se han enfermado muchas de las sillas de diputados, alcaldes y representantes de corregimiento, ya que una gran cantidad de estos elegidos por el pueblo, muestran una sintomatología similar al presidente.

Mientras muchos de los elegibles a los distintos puestos sueñan con entrar limpios y salir millonarios o entrar millonarios y salir multimillonarios, el resto de los cuatro millones de a pie esperamos y rezamos para que ocurra un milagro, tan simple y tan complejo al mismo tiempo, con el cual pudiéramos disfrutar de una vida más tranquila, sin tanta inseguridad ciudadana, con buena atención en salud y medicamentos a precios aceptables, alimentos a costos razonables, y una educación de primer mundo.

DOCENTE

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