Columnistas 22/10/2018 - 12:03 a.m. lunes 22 de octubre de 2018

¿Qué será de nosotros?

Lo que vivimos se subraya con un sentido egoísta de convivencia

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Ernesto A. Holder
opinion@laestrella.com.pa

Mientras terminemos de descifrar las verdades de la visita del secretario de Estado Mike Pompeo que, a la postre duró menos de una hora, según informo este diario, el tema que nos sigue consumiendo es el descalabro ético, moral y cultural que vive nuestra sociedad. Reconozco que hay gente que quiere cambios; gente preocupada, pero no ven cómo y lo que queda es opinar por la redes, darle seguidilla a los comentarios y opiniones de otros. Unos educados, otros virulentos y malsanos, pero al fin y al cabo es señal de que no estamos bien.

Entonces: ¿qué más podemos decir sobre la corrupción y sus actores? ¿Qué más pueden señalar los indignados? ¿Qué más se puede aportar en harás de que comience el tan anhelado cambio hacia una cultura superior, en donde los que pueden hacer que la justicia prevalezca y realmente sea justa, estén dispuestos a señalar a sus amigos o familiares?

Lo que vivimos se subraya con un sentido egoísta de convivencia. El robo y abuso de los bienes de todos por parte de los que gobiernan y ejercer el poder, tienen que ver con el Yo de ahora, el yo inmediato de minúsculos grupos y gobernantes que solo piensan en ellos. Poco o nada tiene que ver con una visión de futuro para todos.

En la contienda politiquera que se avecina, tampoco hay candidato que demuestre una condición de estadista; alguien que vaya a gobernar para todos y los del futuro. Limpiar los desmanes de hoy para que los de mañana puedan concentrarse en construir y afianzar una sociedad en donde los menos afortunados, tienen igual o más que los afortunados de hoy.

Y con eso no me refiero a bienes materiales, me refiero a una visión de comunidad y de mundo que tiene como centro de rotación una mejor condición de vida para todos. Una educación visionaria y superior a tono con el nuevo milenio. Una visión cultural y de inclusión, fundamentada en las ciencias y las posibilidades reales de la humanidad de seguir trabajando para resolver los problemas que nos aquejan y amenazan; y no dejarlo a las invocaciones y plegarias a entes desconocidas y sublimes. Seguir quejándonos todos los días, mientras no ocurre nada (y nada serio va a ocurrir), no nos abrirá el espacio necesario para pensar y trabajar para que los tiempos del futuro sean mejores, aunque no nos toque a nosotros.

Les recomiendo el libro de Yuval Noah Harari ‘21 lessons for the 21st Century' (‘21 lecciones para el siglo 21'). Aún voy por la mitad, pero hasta ahora, lo leído produce asombro y tristeza. Asombro por el enfoque que ciudadanos intelectuales y visionarios, como Yuval, tienen sobre lo que es necesario para avanzar a la comunidad mundial por los retos desconocidos que aún nos aguardan en este nuevo siglo. Una comunidad mundial de la cual nosotros, los habitantes de este país corrupto, formamos parte.

Yuval teoriza (armado de una increíble cantidad de información en todos los campos del saber) sobre varios temas que ya son retos u oportunidades que los países están confrontando: terrorismo, libertad, equidad, justicia, educación, la posverdad, nacionalismo, guerra, religión, laicismo, ignorancia, etc., todos explorados a profundidad.

Tan solo en la primera parte de este provocador libro (que seguro muchos descalificarán), toca el tema de los retos tecnológicos. Fundamentado en las exploraciones científicas que se realizan en los avanzados centros de investigación del primer mundo, Yuval señala que: ‘La revolución en biotecnología y tecnología de la información nos permitirá controlar el mundo dentro de nosotros y nos permitirá diseñar y fabricar vida. Aprenderemos cómo diseñar cerebros, extender vidas y matar [suprimir] pensamientos a nuestra discreción. Nadie sabe cuáles serán las consecuencias'.

La tristeza que me deja perplejo al leer el libro es porque para nosotros las consecuencias son perceptibles. Los centros de poder ven las posibilidades a futuro de ese párrafo citado y lo peligroso es que lo enmarquen bajo la lupa del racismo, la discriminación y el sectarismo social que no hemos superado. El análisis es discutible, pero el camino está trazado. Al final, nosotros quedaremos fuera de cualquier condición de supervivencia planetaria porque, sumido en esta mezquindad corrupta que vivimos, no ofrecemos intelecto visionario, solo somos un paso entre dos mares, y por esa mezquindad, muy poco quedará de nosotros como sociedad.

COMUNICADOR SOCIAL.

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