Columnistas 04/03/2018 - 12:03 a.m. domingo 4 de marzo de 2018

No salen en cofio

‘No es raro que en vez de llamarlos ‘conocidos', otorguemos categoría de amigos a los de nuestro círculo de actividades (trabajo, deporte, política, etc.)'

Berna Calvit
opinion@laestrella.com.pa

El 14 de febrero celebra el Día del amor y la amistad. En esos días de efervescencia amorosa, de flores, peluches, bombones y tarjetas cibernéticas (mal negocio para las tarjetas en papel), tenía la intención de escribir sobre la amistad, que también es algo parecido al amor pero sin los sube y baja de las emociones y las expresiones afectuosas propias entre parejas. No es raro que los columnistas dejemos en la bandeja de pendientes el tema escogido cuando surge otro ‘sin fecha en el calendario', irrepetible, del momento. Esta vez cumplo con el tema de la amistad resistiendo el deseo de escribir sobre el impacto que causó que el contralor general de la República entregara a la procuradora de la Nación 220 cajas de documentos que, al fin, nos confirmarán con pruebas en blanco y negro el lodazal de corrupción en que están sumidos los diputados que entre el 2009-2014 dispusieron de cientos de millones de dólares. Con razón hubo ese día en la Asamblea Legislativa lo que pareció un cucarachero que salía huyendo del pesticida que finalmente los rociaría. Es tan importante que el trabajo de auditorías haya concluido que me pellizco para convencerme de que de verdad existen el contralor Humbert y las 220 cajas. Ahora falta que el Ministerio Público ‘se ponga las pilas' para que estas pruebas sirvan para castigar a quienes castigo merecen. No comento más porque si me dejo llevar por la contentura vuelvo a quedar en mora.

Las palabras ‘amigo' y ‘amistad' significan mucho, son de gran contenido. La Real Academia Española define la amistad como ‘Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato'. Por eso me fastidia la facilidad con que se usa a la ligera, cuando es conveniente, coyuntural, disfrazando intereses egoístas. Es palabra manoseada por políticos y algunos señores que se les arriman ‘para tenerlos del lado de acá', o para criticarlos con palmaditas suaves, ‘como amigo' para no perder del todo su sombra protectora; el aceite que engrasa intereses. Por eso creo en lo dicho por Aristóteles, el filósofo griego: ‘El amigo de todo el mundo no es un amigo'. No es raro que en vez de llamarlos ‘conocidos', otorguemos categoría de amigos a los de nuestro círculo de actividades (trabajo, deporte, política, etc.). La amistad verdadera, la que nace con el sentido real de la palabra, se trabaja, no nace de la noche a la mañana, no es silvestre; y como las plantas que necesitan agua, luz, abono (y mata bichos), también necesita atención. No me resulta fácil explicarla porque tendría que ser exigente en lo que a otros puede parecerles trivial. Tengo amigas y amigos con los que he caminado muchos años sin que nada enturbie el vínculo con el que hemos recorrido veredas de alegrías, tiempos de vino y rosas; pero también de tristezas y decepciones. Los años son el cernidor de la amistad verdadera, los que ‘separan la paja del trigo', paja que se lleva el viento para que quede la semilla buena, la amistad que no traiciona ni exige porque es generosa, paciente, tolerante, solidaria; no la destruyen la política, ni la religión, ni el sexo, ni las diferencia en la escala social. Es como ganarse el Premio Nobel de la Amistad sin necesidad de público, aplausos, discursos.

Como el artículo de opinión lo permite, puedo hablar con mi Yo que no tiene que ser coincidente con el Yo de otros. Así, puedo decir con una larga mirada hacia el pasado, que sin esos amigos hoy no tendría las satisfacciones y los modestos pero gratos logros que llevo apuntados en mi bitácora de viaje por esta vida. Porque la verdadera, la auténtica amistad pasa la prueba de los años; y tal vez por haber madurado el verdadero sentido de la palabra es que tengo la buena fortuna de contar con viejos amigos y con amigos nuevos que han entrado en mi vida para dar más luz y contenido al valor que para mí encierra la palabra ‘amigo'. Por supuesto que la amistad, como el amor, puede sufrir vaivenes. Pero los amigos, las amigas, aunque te vean en un mal trance no juzgan, no te azotan ni gozan tus descalabros, cualesquiera que sean porque estarán en ellos los buenos sentimientos que se cultivan en ese espacio de afecto ajeno al egoísmo; y están allí para el buen consejo, para el apoyo en los momentos difíciles y para celebrar las alegrías. Los amigos ‘no salen en ‘cofio'.

COMUNICADORA SOCIAL.

comments powered by Disqus