Columnistas 16/05/2017 - 12:03 a.m. martes 16 de mayo de 2017

La religión no debe utilizarse políticamente

No solo eso, sino que se convierten en lugares de peregrinación turística.

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Guillermo A. Cochez
opinion@laestrella.com.pa

Como cristiano comprometido que he sido, lanzo mi voz de alerta contra aquellos que parecieran pretender manipular los eventos religiosos que se aproximan en la República de Panamá, como lo es la Jornada Mundial de la Juventud de 2019.

Frente a las críticas a la Iglesia Católica, tan reiteradas por quienes ni siquiera la primera piedra pueden tirar, he sido solidario con ella. Hay quienes, con aviesos propósitos, pretenden confundir la actuación de un sacerdote con la misma Iglesia, cuando para los creyentes, el cuerpo eclesial lo constituimos todos; somos cada uno de nosotros. Un grupo indivisible del cual formamos parte: obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos y laicos, lo que conocemos como el Pueblo de Dios.

Cuando ha sido atacada por quienes adversan que los templos católicos como la Catedral Metropolitana, los del Casco Viejo y los del interior, como Nata de los Caballeros, sean remozados con fondos públicos he sido de los que argumenta que tales lugares, si bien de culto religioso, constituyen parte importante de nuestro Patrimonio Histórico que debemos preservar tal como lo hacen tantos países. No solo eso, sino que se convierten en lugares de peregrinación turística.

Sentado lo anterior, es preciso señalar lo que veo alrededor de una posible politización de los asuntos religiosos de parte de nuestras autoridades. Como bien decía Cristo, al referirse a los fariseos, no son necesariamente creyentes los que anuncian a los cuatro vientos lo que profesan. La religión, para que tenga sustancia, debe ser un asunto eminentemente espiritual entre Dios y el hombre mismo. El que practica su religión para que los demás se percaten de ello, simplemente, de acuerdo a lo que aprendí en mis años del Colegio La Salle, entra en la categoría de ‘fariseos', de los mercaderes del templo que Jesús largó a punta de latigazos.

Seré de los primeros en apuntarme para hospedar a un par de jóvenes que vengan a la Jornada Mundial de la Juventud. Creo en la solidaridad. Los jóvenes merecen el espacio que en muchos casos no le dan los gobernantes. Es excelente que la Iglesia llene ese vacío brindando ese necesario espacio para su desarrollo espiritual, lo cual les ayudará a alejarse de todos aquellos flagelos que tanto afectan negativamente a nuestros jóvenes.

Me causa recelo ver cómo los gobernantes se aprovechan de este asunto y en eso la jerarquía católica debe estar clara. Hacer la Jornada Mundial a inicios de 2019 es poner el tema en el debate electoral de mayo de ese año. En eso se debe estar claro y se deben establecer límites, aunque el Gobierno nacional facilite gran parte de los fondos que requieren estas actividades hasta el 2019.

No por ello la Iglesia debe dejar de continuar con su compromiso con la justicia social y la libertad ciudadana; debe ser enfática contra la corrupción y la impunidad. No puede desfallecer en exigir a los gobernantes la mayor transparencia en sus acciones, aunque con ello estos, muchas veces intolerantes a las críticas, se molesten. Recordemos la Iglesia somos todos y nuestros pastores, los obispos, deben jugar su gran rol de orientación y apoyo solidario, sobre todo a los más pobres.

ABOGADO Y POLÍTICO.

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