Columnistas 15/05/2017 - 12:03 a.m. lunes 15 de mayo de 2017

Reflexiones sobre la realidad

Esa es una muestra de lo débil que somos.

Ernesto A. Holder
opinion@laestrella.com.pa

Presten atención: si no fuera por lo peligroso que puede llegar a ser, por esos asuntos del desbalance en el orden mundial, lo que sucede en la Presidencia y en el Gobierno de los Estados Unidos… es una película que merece toda nuestra atención. Los actores y cada capítulo (día) asombran más que el anterior; y el final promete ser dramático. Mientras tanto, replanteo algunas reflexiones sobre el ámbito nacional.

Creo que las sociedades débiles, como la nuestra, seguirán inevitablemente sufriendo de deterioro de identidad y una amenaza a su seguridad social, si no buscamos la manera de salirnos de los encasillamientos en que nos hemos encerrado. Bondades para unos pocos y penurias para los muchos. Así estamos, tratando de definir quiénes somos.

Jacob August Riis, documentalista y periodista que emigró de Dinamarca a Estados Unidos en 1870, publicó en 1890 un libro titulado ‘How The Other Half Lives' (Cómo vive la otra mitad), que tenía el objetivo de retratar y hacer del conocimiento de la élite social y adinerada de Nueva York las condiciones de vida de las clases pobres y más necesitadas (generalmente emigrantes) con quienes compartían la ciudad de Nueva York en las postrimerías del siglo XIX.

El título del libro deriva de una frase del escritor galo Francois Rebelais (1494-1553): ‘una mitad del mundo no sabe en qué condiciones vive la otra mitad', tan cierto hoy 500 años después; arrinconados aquí en este pequeño espacio, pero de espaldas a la realidad de cada cual. Unos viviendo de la opulencia y el lujo exorbitante y otros comiendo de la basura que la ciudad desechaba. Unos aprovechando los avances tecnológicos de la época, entonces; y ahora, los otros viviendo de las sobras y las baratijas que la economía de hoy les ofrece.

Proporciones guardadas, en pleno inicios del siglo XXI, menos del uno por ciento de la población mundial controla las riquezas y los centros de producción. Eso, obviamente, es menos de la mitad; y aquí en Panamá, dentro del enmarcado en mención, hemos permitido, con poco espacio para maniobrar, que nuestra sociedad se infecte con una serie de contrariedades que hoy nos tienen amenazados sin una salida sensata para salvarnos de nosotros mismos.

Esta Nación la conforman grupos que llegaron de diversas esquinas del mundo. País de tránsito: esa es nuestra naturaleza desde hace más de 500 años. Y esa naturaleza hace que cada cierto tiempo nos renovemos abriéndole espacios a los que quieren llegar a contribuir con hacerlo un lugar digno en el cual podamos vivir.

Los males que nos aquejan como sociedad han ido envenenando nuestro tejido social desde hace mucho tiempo y una sociedad fuerte, en lo cultural, político y sobre todo en lo judicial –enferma y amenazada–, no debe buscar culpa donde no la hay. Esa es una muestra de lo débil que somos.

¿Qué tienen que ver los emigrantes con las desventajas de un sistema fallido hace años? ¿Qué tienen que ver los recién llegados con los vericuetos y subterfugios que los acusados de ahora utilizan para trancar el sistema? Si los que tenemos tiempo de estar aquí no hemos garantizado mejores espacios para todos, es resultado de nuestras propias inacciones.

Los que se sentaron a ver las luchas por la unificación del territorio nacional sabían claramente cómo aprovechar lo ganado, lo que la otra mitad recuperó; esos que protestaron en las calles y pusieron los muertos. Pero esa mitad que se aqueja, es la que elige cada cinco años a los que diseñan políticas que no los benefician. Una mitad que había mejorado, pero que hoy su deterioro es vergonzoso. Pésimo transporte, falta de agua, un sistema educativo público protervo; no muestran signos de mejorar en el corto ni mediano plazo.

Jacob Riis alguna vez dijo que ‘La experiencia de cada hombre debe valer algo a la comunidad de la cual la sustrajo'. Las experiencias que viven la mayoría de la población parecen no tener valor y continuarán en sus penurias y eso nos mantendrá débiles como sociedad y como Nación.

Las palabras de Riis deben abrirle los ojos a los que solo examinan las estadísticas; a los que aún siguen pregonando que casi somos país de primer mundo. Compartimos este espacio, pero las realidades son muy distintas. Las experiencias de las dos mitades seguirán siendo diferentes.

COMUNICADOR SOCIAL.

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