Columnistas 08/03/2018 - 12:02 a.m. jueves 8 de marzo de 2018

Redes sociales y segregación ideológica

Con la invención de las redes sociales, se buscaba conectar a personas de todo el mundo

Ricardo Luis Batres
opinion@laestrella.com.pa

A pesar de que las redes sociales han conectado a personas de todo el mundo, el efecto no siempre es el de unirlas. A veces, es todo lo contrario. Dentro de una sociedad, diferentes factores, como ideologías y desigualdad social, separan a las personas. Esta separación es internalizada, y muchas veces resulta en una especie de autosegregación. Este no es un fenómeno nuevo en nuestra historia, y con la incorporación de redes sociales, podemos observar una dinámica similar.

Con la invención de las redes sociales, se buscaba conectar a personas de todo el mundo, de modo que pudieran conectarse e intercambiar ideas en entornos casuales, con el fin de unirlas. Se puede decir que su objetivo fundamental era contrarrestar esa segregación que siempre nos hemos impuesto y que limita nuestro potencial. Pero, años después de haber incorporado las redes sociales a nuestras vidas, hasta el punto de volverlas indispensables, vemos que el resultado muchas veces es otro. A pesar de que comunicarse nunca había sido tan fácil e instantáneo, a veces no pareciera que estuviéramos más unidos. Si bien, la comunicación y el intercambio de ideas históricamente ha facilitado el progreso de nuestra especie, no siempre es un proceso pacífico. Invariablemente, la condición humana juega un papel, y a veces damos un paso atrás antes de dar dos al frente.

Con las redes sociales no fue distinto. De repente, nos encontramos con una herramienta que nos permite interactuar con millones. Efectivamente, el mundo se vio más conectado. Pero, por naturaleza humana, empezamos a ver divisiones a lo largo de líneas ideológicas. Esta herramienta que nos permite hablar con millones, también nos permite estar en desacuerdo con millones. En publicaciones controversiales, vemos personas con distintos puntos de vista insultándose, a veces cruelmente. Como ahora el número de personas interactuando aumentó, las opiniones entrando al mismo tiempo también aumentan.

Muchas veces no podemos manejar la presión de ver a tantas personas poniéndose en desacuerdo con nosotros o insultándonos, así que, como mecanismo de defensa, buscamos a aquellos que validen nuestra forma de pensar. Bloqueamos a personas con opiniones distintas a las nuestras y socializamos únicamente con aquellos con las mismas ideologías. Consecuentemente, el punto de vista de la persona es constantemente aprobado, cimentándolo firmemente en su raciocinio. Así, cada uno vive dentro de su propia burbuja ideológica, donde su manera de pensar nunca es desafiada. Esto es exacerbado por el hecho de que las redes sociales usan algoritmos diseñados para mostrarnos únicamente contenido que cree nos gustaría ver, basándose en nuestro comportamiento en línea. Frente a esta constante validación, la persona puede volverse menos dispuesta a reevaluar sus ideas o aceptar un punto de vista que discrepa del suyo, incluso en presencia de pruebas que le demuestren lo contrario; una disonancia cognitiva colectiva.

Otra variable importante es el carácter impersonal de las redes sociales. Si bien, nos estamos comunicando con un número más grande de personas que antes, lo hacemos desde una posición privilegiada. Con ‘privilegiada' me refiero a la relativa anonimidad que brinda interactuar desde una computadora o ‘smartphone'. Esta posición de comodidad muchas veces nos libra de inhibiciones que en cualquier otro contexto nos restringiría. En otras palabras, al no estar directamente frente a quien nos dirigimos, nos sentimos más cómodos diciendo o haciendo cosas que de otro modo no diríamos o haríamos. Como animales sociales, estamos condicionados a percibir movimientos faciales y corporales que nos indican si lo que estamos diciéndole a una persona está produciendo el efecto que queremos. La ausencia de este factor en redes sociales hace que sea más fácil que nuestras palabras sean malinterpretadas, aumentando las probabilidades de un conflicto.

Debemos resistir la tentación de encerrarnos en un grupo que solo nos valida. Muchas veces, por la satisfacción inmediata que produce la aprobación de otros ‘online', nos valoramos usando como métrica los ‘likes' que recibimos. No debe ser así. También, es preciso aprender a escuchar a aquellos que piensan diferente a nosotros, y estar abiertos a la posibilidad de que lo que pensamos puede estar errado. La persona inteligente sabe dudar de lo que piensa, el ignorante siempre está seguro de lo que cree.

Es posible usar esta nueva herramienta para nuestro beneficio. Una herramienta, por definición, nos facilita la vida, no la complica. Esta tiene el potencial de facilitar cambios increíblemente beneficiosos para todos. Teniendo esto en cuenta, recordemos el objetivo original de las redes sociales: unirnos. Las redes sociales son un claro ejemplo del ingenio del que es capaz el ser humano. Su invención representa los dos pasos que dimos hacia el frente. Aunque a veces demos un paso para atrás, tenemos la capacidad de hacer que ese paso sea cada vez más pequeño. El solo hecho de que las redes sociales existan, demuestra que, a pesar de nuestros instintos más básicos de segregarnos, poseemos también el deseo de unirnos, y ese deseo es el que impulsa a nuestra especie a ser mejor.

ABOGADO, CRIMINÓLOGO.

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