Columnistas 05/12/2017 - 12:02 a.m. martes 5 de diciembre de 2017

Recordar es vivir: la historia de Jenny Stone

La conocí bien precisamente por su permanente activismo

Guillermo A. Cochez
opinion@laestrella.com.pa

Nadie describe mejor algunos episodios de los últimos meses de la dictadura militar que la oriunda de Arraiján, Laura Jeannette Gau de Stone, desposada con el coronel Charles Stone, de abuela mexicana, y que regresara a Panamá como el enlace del Pentágono norteamericano con las Fuerzas de Defensa. Días difíciles les esperaban.

Jenny Stone, como todos la conocen, recoge en su libro ‘Gringo Cabrón' (2014) algunas anécdotas de su vida en Panamá, en días tan duros como los que vivimos al final del régimen militar y, para reconclavar, casada con un militar que colaboraba con Noriega, pensando que lo podía cambiar, siguiendo instrucciones de su Gobierno. La conocí bien precisamente por su permanente activismo.

Jenny como que siempre estaba en el lugar de la trifulca, como miles de civilistas como ella. Algunos de esos hechos se dieron en presencia mía, como aquella mañana que un par de envalentonados dobermans pretendieron apresar al activista panameñista Roberto Pittí, frente al antiguo Banco Continental en Obarrio, a escasos metros del hotel del mismo nombre. Pittí se aferró con una correa a un poste de luz, alertando a los transeúntes de lo que le ocurría. Vecino que era del sitio, salí de inmediato de mi oficina, al igual que el colega Freddy García, del edificio contiguo. Enfrentamos a los policías y la multitud que allí se aglomeró y la bulla que les armamos, hizo huir con el rabo entre las piernas a los militares. Allí no fue la primera vez que vi a Jenny, presente en el intento de secuestro de Pittí.

Nos narra en su libro que no se perdía ninguna actividad de la Cruzada Civilista, acompañada de sus hijas, como aquella en San Miguelito, organizada por el entonces párroco de San Antonio, el padre David Cosca, fuertemente reprimida por paramilitares a la altura de la estatua de Roosevelt —después desaparecida— donde murió Armando Morán. O aquella realizada desde el antiguo seminario de Las Cumbres, para conmemorar el primer aniversario de la decapitación del doctor Hugo Spadafora, interrumpida igualmente por francotiradores al llegar al paso elevado de San Miguelito, donde murió el pequeño empresario Carlos Efraín Guzmán Baúles. Estábamos a su lado, entre otros, Ricardo Arias Calderón y su esposa Teresita, Carlos Iván Zuñiga, Andrés Culiolis Bayard y yo.

Si bien usa nombres ficticios para nombrar a los políticos del PRD que participaban en tales atropellos, es muy fácil identificarlos por el rol que jugaron en la represión desatada por los militares en esos días. Por supuesto que ahora niegan que persiguieron a alguien, y no dispararon ni una escopeta de balín, calculo que hasta afirmando que esos muertos los inventamos nosotros los civilistas.

La participación de Jenny en actividades ‘sediciosas' no era muy bien vista por Noriega y sus secuaces, dado el rol que su esposo jugaba para las Fuerzas de Defensa. Stone visitaba diariamente el cuartel central de la avenida A. Las tres hijas de los Stone en algún momento fueron detenidas por el delito de llevar alguna banderita blanca en su vehículo. Allí fue donde los milicos panameños bautizaron a Stone como ‘gringo cabrón'; cuando este les reclamó lo que hacían con las personas que detenían.

Al jubilarse Stone, decidió quedarse a vivir en la propiedad que tenían en Panamá. Jenny siguió participando en las protestas hasta que los de la avenida A se cansaron del ‘gringo cabrón'. Le pidieron varias veces que fuera a Migración —el señuelo para detenerlo— hasta que finalmente allá se presentó. Allí lo detuvieron de inmediato y lo mandaron en la madrugada a Miami en un vuelo de Lloyd Aéreo Boliviano. Llegó allá sin ropa, sin dinero ni pasaporte; desorientado. Dejó a su familia sola, sin siquiera algún apoyo para poder afrontar los gastos de su hipoteca. Cuando la hostigaban en su residencia, le conseguí albergue varias veces donde mi madre Doris, ya viuda, para que se escondiera. Los Stone estuvieron separados varios años, hasta que Jenny y sus hijas se fueron a finales de 1989 a reunirse con él en Estados Unidos, de donde regresaron tras la invasión.

Recordar es vivir. La historia de esa familia Stone nos ilustra cómo fueron esos años, los cuales jamás deben ser olvidados por los panameños, sobre todo los más jóvenes que de a casualidad saben quién fue Noriega. Ojalá que rápidamente se concrete el proyecto del Ministerio de Educación liderado por el periodista Julio Bermúdez Valdés, que espera darle a los jóvenes estudiantes detalles de lo que fue la dictadura militar.

ABOGADO Y POLÍTICO.

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