Columnistas 08/01/2018 - 12:03 a.m. lunes 8 de enero de 2018

Reconciliando un mundo real

En este tiempo que vivimos, los presidentes y mandatarios se asisten de muchos profesionales para llevar adelante su agenda

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Ernesto A. Holder
opinion@laestrella.com.pa

Creo que deben ser reevaluados estos actos de ‘Informe a la Nación', su propósito y su forma. Un correo electrónico puede que sea suficiente o una propaganda audiovisual. Nos ahorraría los dolores de alma y el sufrimiento por la vergüenza ajena a los que aún vemos estas ceremonias políticas del manejo de Estado como eventos formales y necesarios de respeto y dignidad republicana.

En ciertos países, particularmente los de más alta educación, las instancias que gobiernan el rumbo de la Nación, uno de los elementos que toman en cuenta a la hora de llevar adelante su gestión es que, más adelante, dentro de 5, 10, 20, 50 o 100 años, se les evaluará en el marco de un escenario histórico más amplio. Bajo ciertos criterios, eso debería estructurar el pensamiento de un mandatario para que sus actos tengan preponderancia en el tiempo. Influya en el devenir del país y que tenga efectos sobre la vida de las generaciones venideras.

La mayoría de los gobernantes a lo largo de la historia mundial, al pasar del tiempo, solo se convierten en una fotografía oficial en las galerías de presidentes de sus naciones. Sus mandatos, a la larga, no marcaron como punto histórico a considerar en el desarrollo político, cultural o social de sus países. Con esa realidad, que debiera ser profundamente intrínseca para los que aspiran a gobernar, un presidente, un Gobierno y los que lo constituyen, deberían funcionar conforme quieran ser reconocidos en el futuro.

En este tiempo que vivimos, los presidentes y mandatarios se asisten de muchos profesionales para llevar adelante su agenda. Entre estos, los que les preparan sus discursos: sus secretarios o escribanos. Cada profesional, tiene la obligación de funcionar al más alto nivel: al servicio del presidente y en respeto a su propio legado como individuo.

En ese sentido, tiendo a darle algo de espacio al señor presidente en esos asuntos de los discursos y el nivel de la oratoria. Ocupado en su afán por agradar a las masas con su política populista, le toca al equipo que lo asiste con estos menesteres de ‘los mensajes' y el manejo de la palabra, hacerlo ver bien. Eso, si en realidad entienden que las oraciones y los párrafos no son para vender un producto sino para organizar y proyectar el pensamiento del presidente con respecto a las cosas del Estado y en el ejercicio de buscar un mejor futuro para todos.

Tom Clark, del periódico inglés ‘The Guardian', escribió que: ‘… un discurso será realmente grandioso cuando concuerda con los tiempos en que es ofrecido…'. Si ese es el caso, las menciones sobre el tema de la corrupción, por lo menos a mí, no me satisfizo. Debió ser más puntual y decidido. No se puede hablar de ‘reconciliación' cuando personas humildes mueren por falta de medicamentos o insumos médicos (citas, exámenes, operaciones, etc.) y otros se han enriquecido con los dineros del Estado. ¿Qué reconciliación? ¿Cómo reconciliamos eso? ¿Qué se hará para resolver los delitos que se investigan y, más importante aún, erradicarlos lo más que se pueda de ahora en adelante?

Lo de la cantidad de obras que se vienen realizando, que se han entregado y que se recibirán durante este nuevo año, puede que sean importantes en un país controlado y en donde la gente paga sus culpas por los delitos cometidos. Pero, como estamos como estamos, ¿puede el Gobierno hacernos una relación directa entre lo robado y el efecto sobre la población más necesitada en materia de salud o educación? ¿Podrá decirnos cuánto más se pudiera estar haciendo si no se hubieran robado esos dineros?

Los temas de la justicia y la rendición de cuentas están ligados al asunto fundamental de la ‘certeza del castigo'. No solo de los políticos, también de los empresarios bribones, de los bancos y de todo el andamiaje que se teje entre ellos para hacerse de los dineros del Estado. Ese es el asunto que la mayoría de la población está interesada que se atienda. Un líder, en la coyuntura actual, debe atender esa preocupación de frente y sin adornos adicionales.

Dice Tom Clark: ‘Muchos de los grandes discursos pintan un cuadro sobre cómo sería un mundo mejor'. El presidente es el responsable final de su entrega a la Nación; pero para comenzar, sus escribanos tienen la responsabilidad de pintarle un mundo real.

COMUNICADOR SOCIAL.

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