Columnistas 13/03/2018 - 12:00 a.m. martes 13 de marzo de 2018

Un poquito de historia y cosmovisión

El resultado: las Leyes de Burgos y Valladolid que, en resumen, concluyeron que los indios eran libres

Eduardo Jaspe Lescure
opinion@laestrella.com.pa

En las discusiones sobre derechos igualitarios y fe deberían incluirse algunos hechos similares; que el desconocimiento del pasado implica perpetrar errores.

El Sermón de Montesinos de 1511 fue el primer intento de buscar la igualdad por estos lados del mundo, seguido de las luchas de Fray Bartolomé de las Casas. El resultado: las Leyes de Burgos y Valladolid que, en resumen, concluyeron que los indios eran libres, pero debían ser ‘instruidos' en la fe católica; que tenían la obligación de trabajar para la Corona bajo ciertas condiciones, una suerte de semiesclavitud en la que tuvo amplia participación la Iglesia. Estos pequeños grandes pasos del despertar humanístico en el fin del medioevo poco tienen que ver con nuestra actual manera de ver el mundo, aunque diga Efesios 6:5: ‘esclavos, obedeced a vuestros amos terrenales con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo'. Y es que así era la cosmovisión entonces: teocéntrica. El propio De Las Casas, un hombre que se adelantó al pensamiento de su tiempo, asegura en sus ‘Treinta proposiciones muy jurídicas' que el papa tiene ‘autoridad y poder del mismo Jesucristo, hijo de Dios, sobre todos los hombres del mundo, fieles o infieles', que a los reyes católicos pertenecía la jurisdicción y poder sobre todas las Indias y que tenían la obligación de predicar la fe católica.

La evolución del concepto de igualdad fue lento hasta que, en 1776, la Declaración de Independencia de los EE.UU., salpicada aún de teocentrismo, reconoció que ‘todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la Vida, la Libertad y la búsqueda de la Felicidad'. A consecuencia de la Revolución francesa, en 1789, se emitió la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, el primer documento formal sobre igualdad y un paso en firme hacia el humanismo. Después de la abolición de la esclavitud, el siglo XIX fue de consolidación. En el siglo pasado, terminada la Segunda Guerra Mundial se creó la Organización de Naciones Unidas y se emitió la Declaración Universal de los Derechos Humanos, primer documento de derecho internacional que regula esta materia. En 1969 se firmó la Convención Americana Sobre Derechos Humanos o Pacto de San José, que norma la materia en el continente americano.

Mientras tanto, en el Istmo, aunque la Constitución de 1904 aseguraba que ‘todos los ciudadanos mayores de 21 años tienen derecho al sufragio', la primera Ley Electoral excluyó a la mujer del voto y de la vida política aduciendo que ‘los ciudadanos' se refería exclusivamente a los varones. Un grupo de valientes mujeres tuvo que enfrentarse a la mentalidad local que insistía en el teocentrismo y en aquello de ‘mujeres someteos a la voluntad de sus maridos' (nuevamente Efesios). Luego de que nueve países del área habían reconocido el voto a la mujer, que la igualdad entre hombres y mujeres se asentaba como un principio global, Panamá enmendó sus entuertos y aceptó, en 1946, la igualdad de todos sus ciudadanos, en derechos y deberes.

Nuevos temas aparecen en la evolución de nuestra sociedad: el matrimonio igualitario y la educación sexual integral. Aún ante un cambio en la manera de entender el universo, ante avances de muchos países del área que han abierto los ojos a la igualdad, ante el humanismo, los fantasmas del sexo siguen atormentando los corazones endurecidos de quienes se apoyan en la Palabra liberadora para encarcelar. En vez de pretender la libertad como De Las Casas, hoy los maestros de la ley intentan restringir derechos a las minorías, continuar con su marginación, seguir creando pobres (de bolsillos y espíritu); y aunque las blancas hordas balan en las calles, ancladas en una cosmovisión arcaica, atrapadas en esa encrucijada medioeval entre religión y ley, a pesar de Levíticos o Efesios y otras referencias malinterpretadas, la evolución de la humanidad continuará. Tal como en el tema de la esclavitud y el voto femenino, hoy o mañana, la libertad, la igualdad y la fraternidad han de imponerse sobre la barbarie y el oscurantismo.

FINANCISTA Y ESCRITOR.

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