Columnistas 18/05/2017 - 12:00 a.m. jueves 18 de mayo de 2017

Populismo y elecciones 2019

 Y debemos reflexionar sobre él. Percibo que hay momentos en que se le ‘sataniza'.

Eduardo A. Reyes Vargas
opinion@laestrella.com.pa

Palabra que de acuerdo al interés ideológico se le da una connotación. Buena o mala. De centro, de izquierda o derecha. Luego de algunas situaciones mundiales acaecidas en materia electoral, el concepto forma parte de muchos análisis. Y debemos reflexionar sobre él. Percibo que hay momentos en que se le ‘sataniza'.

El deterioro creciente en la confianza en los partidos tradicionales, y que por años han mantenido un rol protagónico, conlleva a variar la opinión del elector, muchas veces influido por la manipulación mediática en sentido favorable o desfavorable al término en discusión.

Sobre esas estrategias que presentan a un ‘nuevo líder' (mimetizado), es importante que el elector medite para no caer en la moda ‘gatopardista'.

En el 2019 (?), nos enfrentamos a un nuevo reto de seleccionar a quienes nos deben representarnos en el Ejecutivo, Legislativo, municipios e indirectamente en el Judicial. Ponderar cada una de las actuaciones de los que forman parte de esos poderes actualmente y hacer la mejor selección es un deber de ciudadano preocupado por el país.

Frente a las próximas elecciones (2019) debemos estar alerta para que el nombre ‘populismo' no sea usado para descalificar candidatos, sobre todo si representan una esperanza que deja al margen a los partidos políticos tradicionalistas. Que no sea la acusación premeditada con alevosía para evitar mejores opciones en la elección de personas honestas y responsables que ocupen directa o indirectamente los poderes gubernamentales, un arma mediática o la calumnia.

Más allá de estudiar propuestas electorales, es importante indagar, con seriedad y mucha objetividad, sobre méritos y trayectorias de los aspirantes, ya sea en su vida pública o en áreas de servicios privados. Por lo de ‘... por sus frutos los conoceréis'.

Insistir en candidatos que sean los mejores representantes ‘del cambio para no cambiar nada', será hundir nuestra democracia debilitada más que nunca hace décadas por la demagogia, corrupción e impunidad.

Nuestro defectuoso y aún débil Código Electoral ‘reformado' no da muchas alternativas para fortalecer la democracia realmente participativa.

Me inclino por el populismo con ‘radicalización democrática', como señalan algunos autores. Para mí es la practica real y auténtica de la democracia, hoy ausente. No dejarse confundir. Y menos por el denominado ‘voto útil'.

Los escándalos recientes de corrupción y malversación de nuestros impuestos saltan a la vista y nos obligan a encauzar el país por mejores avenidas.

MÉDICO INTERNISTA.

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