Columnistas 13/05/2018 - 12:02 a.m. domingo 13 de mayo de 2018

Periodicazos, tuits y mentiras

El problema es que estas expresiones difamatorias crean zozobra y enzarzan el odio

Rafael Carles
opinion@laestrella.com.pa

En los últimos años hemos visto una proliferación sin precedente de juicios mediáticos y mensajes difamatorios en redes. Ataques a la reputación, calumnias infames, imágenes dañinas y titulares sensacionalistas son usados con el propósito de perjudicar y afectar el estatus de personas en la comunidad. El problema es que estas expresiones difamatorias crean zozobra, enzarzan el odio y trastocan el principio fundamental de que los individuos deben ser siempre protegidos de cualquier daño injusto, a fin de preservar la dignidad y el valor esencial de cada ser humano.

En palabras de Donald Gillmor, autor del libro ‘Mass Comunication Law', los jueces están a la deriva en cuanto al tema de calumnia e injuria, a pesar de que estos casos se han disparado en los últimos años. Según Gillmor, más del 70 % de los juicios por difamación son revertidos o limitados en el proceso de apelación. Elizabeth Hansen, autora de un ensayo publicado en el Newspaper Research Journal en 2012, explica que, a pesar de que existe poca tolerancia pública hacia las difamaciones contra individuos, los tribunales han encontrado en las retractaciones una herramienta útil para abordar las quejas de los demandantes.

Según estudio publicado en US News & Report del 3 de febrero de 1997, las personas generalmente tienden a apoyar a los periodistas investigativos, pero ese entusiasmo cae bruscamente si se percibe que los derechos individuales de las personas son obstaculizados en el proceso o si falta imparcialidad en los reportajes. Además, existe una disminución de la tolerancia pública hacia la forma en que los periodistas practican su oficio, con buena parte de la población calificando a los editores de noticias como ‘sesgados, arrogantes, cínicos y vengativos'. El estudio muestra que los periodistas son mucho más partidarios de los derechos de la libertad de expresión que de la opinión de los ciudadanos en general. Los ciudadanos, por otro lado, son más propensos a ver los derechos personales como de mayor importancia.

Aquí valdría la pena hacer tres distinciones significativas: realidad versus opinión, figuras públicas versus personas privadas, y no publicar versus retracción. Estudios realizados confirman que los individuos, jueces y periodistas difieren en su evaluación sobre el papel que juegan los medios en la difamación de personas. De acuerdo al libro ‘The News People: A Sociological Portrait of American Journalists and Their Work', escrito por John Johnstone, Edward Slawski y William Bowman, los individuos son más sensibles a las acusaciones sobre las cualidades morales de una persona y menos discriminatorios sobre la distinción realidad —opinión. Por su parte, los jueces muestran una mayor comprensión del papel limitado de las retractaciones y, en general, tienen un sentido refinado de contexto en el que pronuncian sus comentarios. Y los periodistas son más propensos a utilizar el concepto de que ‘no existe mala intención' y se otorgan un inmerecido privilegio de opinión y un lujo discrecional de oficio donde esconden un derecho no adquirido de publicar lo que venga en ganas. Nadie en su sano juicio puede suponer que una disculpa televisiva o una retracción tardía reparan el daño de un periodicazo o un tuit calumnioso.

Y sobre tuits, un estudio de John Immerwahr, publicado en el Public Opinion Quaterly en 2014, señala que el pensamiento de los tuiteros sobre el tema de difamación los muestra con diferencias grandes en relación a la percepción del público y jueces. Por ejemplo, los tuiteros no lo creen así, pero más de la mitad del público y jueces consideran que ellos a menudo difaman a las personas. Igualmente, en ciertos puntos, los jueces parecen estar más alineado con la mentalidad de las personas que con la actitud de los tuiteros, algo interesante porque puede llegar el momento en que unos y otros se vean la cara y compartan la misma sala de un tribunal en caso de una demanda civil.

Si bien los periodistas parecen ser eruditos en materia de la Primera Enmienda y los tuiteros no distinguen entre libertad de expresión y libertinaje de comunicación, somos de la opinión que debido a la complejidad del tema y las consecuencias nefastas de publicaciones difamatorias, tanto periodistas como tuiteros deberían urgentemente buscar capacitación especial sobre leyes de difamación y asistir a programas de educación ética para aprender y enfatizar en un sistema de información más digno. Poner mayor atención a los objetivos de imparcialidad en tuits y reportajes será fundamental para garantizar una comunicación más responsable en las redes, un periodismo más objetivo en los medios y un ambiente más tranquilo en la comunidad.

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