Columnistas 09/07/2018 - 12:02 a.m. lunes 9 de julio de 2018

S.O.S al papa por Héctor Gallego

Y le cuento Francisco, que acudí al Presidente de Colombia, tanto al actual como al electo, pidiendo ayuda y hay un silencio total

Alexis Sánchez
opinion@laestrella.com.pa

Querido Francisco: Desde el Puente del Mundo y Corazón del Universo, he tomado la decisión de enviarle esta carta pública, no porque quiero que me ayude en algo personal, sino para que Usted sepa que, desde hace cuarenta y siete años, ‘los campesinos de Santa Fe, Provincia de Veraguas, un pueblito al Oeste de la República de Panamá', buscan a un sacerdote colombiano de Salgar, Antioquia, República de Colombia, secuestrado y desaparecido durante la Dictadura de un General llamado Omar Efraín Torrijos Herrera.Le cuento Francisco, y perdone que lo llame por su nombre, es que usted nos ha dado esa confianza, ese sacerdote se llama Héctor Gallego y, como Cristo, tenía 33 años cuando los genízaros de la dictadura que nos tocó vivir a los panameños y extranjeros, se lo llevaron en una operación comando militar. ¿Y me preguntará? ‘¿Y qué hizo este enviado de Dios, si su misión era predicar la palabra de Dios?' Pues mire Francisco, que su pecado -en el código del dictador pienso era delito- se dedicó a evangelizar al campesino, a enseñarle y a no dejarse explotar por los terranientes del pueblo, que como cosa curiosa, eran familiares del dictador, y fue en la tierra del Dictador que lo secuestraron. Como sabrá, aun con la dictadura, estos campesinos no lo olvidaban y, de manera consecutiva desde 1971, todos los 9 de junio lo recuerdan, manteniendo vivo su figura a pesar que Héctor siempre les dijo: ‘si desaparezco no me busquen, sigan la lucha'. Ha sido una labor infructuosa que los campesinos no dejen de buscarlo.

Y le cuento Francisco, que acudí al Presidente de Colombia, tanto al actual como al electo, pidiendo ayuda y hay un silencio total, hasta sucesivos gobiernos de Colombia desde el 9 de junio de 1971 se han olvidado de Héctor.

Pero hoy me dirijo a Usted, ya que el próximo año en Panamá se celebra la Jornada Mundial de la Juventud. Sólo oímos hablar del tema, pero en ningún lado he escuchado a la Iglesia de Panamá, tener en su agenda homenaje alguno al Padre Héctor Gallego.

Francisco: ¿No es importante que la juventud de todas partes que va a llegar a Panamá sepa que la dictadura que tuvimos en Panamá, secuestró, asesino y desapareció a un enviado de Dios? Un breve detalle de la tragedia de Héctor, que fue tratado con alevosía, se inicia días antes de su secuestro, incendiando su rancho por familiares del Dictador. Como no lo pudieron quemar vivo, se montó un operativo militar, donde los esbirros lo vigilaban, hasta que al amparo de la oscuridad del 9 de junio de 1971, después que Héctor había llegado cansado después de recorrer las montañas de Santa Fe, predicando la palabra de Dios, se presentaron dos agentes que querían que los acompañara al Cuartel Militar a altas horas de la noche, ‘porque debía ir a una diligencia', pero por más que Héctor habló con los genízaros, fue engañado y en un descuido fue raptado, tirado en un jeep, donde se golpeó la cabeza, que ‘en la jerga Militar fue bautizado como el del ‘mameyazo'. De ahí, tirado en el vehículo, fue llevado a una escuela de agronomía del estado conocido como el Instituto Nacional de Agricultura, donde fue colocado en una silla en el comedor, donde no repararon en irrespetar y uno de esos genízaros que lo sentó en una silla pidió ‘quítenle el crucifijo'. Y esto lo sabemos, porque adentro de la cocina, había tres estudiantes, que al estar internados tenían hambre, y tuvieron que esconderse cuando vio que sentaron a Héctor. Dos de ellos aparecieron asesinados misteriosamente. Uno pudo contar la historia.

Herido Héctor, fue sacado de ahí y llevado desde Divisa, Provincia de Herrera a una cárcel clandestina en la Ciudad de Panamá conocida como La Charquita, y, al ser examinado por un amigo del Dictador, éste sentenció que ‘de ser operado, quedaría parapléjico' a lo que se tomo la decisión de trasladarlo al Cuartel Militar conocido como Los Pumas de Tocumen y, ‘darle el tiro de gracia'.

Se me olvidaba Francisco, que el funcionario que prestó el vehículo de la institución estatal con el cual se hizo el operativo de captura de Héctor, igualmente apareció envenenado en el servicio de su oficina.

Estas informaciones, las obtuve en mis investigaciones, en la búsqueda de Héctor. Acabada la dictadura, encontramos a Héctor en un entierro clandestino dentro del Cuartel de Los Pumas en 1999 gracias a la confesión de un soldado que decidió vengar lo acaecido a Héctor. Desde ese día, cada cierto tiempo nos niegan una verdad de una simple prueba de ADN.

Recién el 27 de febrero de 2018, mediante un artículo en el diario ‘La Estrella de Panamá', tuve conocimiento que una prueba de ADN identificó a Héctor, y le pedí al Presidente de Panamá, Juan Carlos Varela, que cumpliera una promesa que hizo al padre Fernando Guardia poco antes de su fallecimiento. Guardia habló largo en ese momento con el recién estrenado presidente sobre las pistas que existían para saber sobre el padre Gallego y Varela le prometió actuar. No recibí respuesta.

En el cuarenta y siete aniversario de su desaparición, la hermana de Héctor dijo que había sido identificado Héctor, en base a una prueba de ADN que quedó en un laboratorio en EE.UU. Pero nuevamente, ni el Gobierno ni las autoridades del Ministerio Público confirman o niegan la verdad de la identificación de Héctor.

Mí querido Francisco: Ayúdenos por favor a que el gobierno panameño haga un pronunciamiento oficial, para que cuando esa juventud del mundo venga a Panamá, sea el momento propicio para que el mundo sepa de su propia voz: ‘Campesinos de Santa Fe, no sigan buscando a Héctor, aquí esta'.

Me despido de Usted, sabiendo que intercederá por la verdad de Héctor. Así el mundo podrá dar las gracias porque mi amigo Francisco ayudó a encontrar a Héctor.

EXINVESTIGADOR DE LA COMISIÓN DE LA VERDAD

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