Columnistas 15/04/2018 - 12:03 a.m. domingo 15 de abril de 2018

Panorama político peruano

La macrocorrupción de ODEBRECHT tiene tal envergadura que merece no solo una columna, sino un libro compuesto por varios tomos

Harry Castro Zachrisson
opinion@laestrella.com.pa

La macrocorrupción de ODEBRECHT tiene tal envergadura que merece no solo una columna, sino un libro compuesto por varios tomos, para abarcar el asunto con relativa profundidad. Aquí me he limitado a indagar tan solo un solo episodio escandaloso, el de PPK en el Perú. Esta sigla que responde al nombre de PEDRO PABLO KUCZYNISKY, aquel viejo bonachón, con acento marcado, fresco y convincente —más por su estilo y comparecencia pública, que por su triunfo electoral— escasos 41 000 votos contra Keiko Fujimori, en las últimas elecciones presidenciales. Con él, suman cuatro los expresidentes peruanos investigados, presos o reclamados por la policía: salvo Fujimori, quien cumplió larga condena, (diez años), por delitos de lesa humanidad, el historial del Perú en estos últimos años es tenebroso. Estos tres expresidentes, ALAN GARCÍA, TOLEDO, HUMALA, comparten la misma causa: el haber recibido coimas a cambios de conceder contratos a la famosa firma constructora ODEBRECHT, que también corrompió muchos otros mandatarios de la región.

Esta es nuestra nueva modalidad en América Latina, ya no somos famosos por los dictadores sangrientos de otras épocas (SOMOZA, TRUJILLO, PÉREZ JIMÉNEZ, STROSSNER, CASTROS), lo somos también, por presidentes destituidos por corruptos (ROUSEFF, LULA DA SILVA, LUGO, BUCARAM) ¡Tamaña vergüenza! Gratificante sería contar algún día con expresidentes reconocidos por su ejemplaridad, porque cumplieron con las expectativas que los votantes esperaban de ellos, o porque tuvieran talento para disuadir, capacidad intelectual de argumentar, para desactivar los conflictos imperantes, para realizar los grandes emprendimientos necesarios, las nuevas oportunidades para la gente, las reformas educativas requeridas, los compromisos verdaderos de crear empleo, la despolitización a las instituciones; porque solucionen las tantas tareas urgentes de emprender y es que resulta ser que todos nuestros países han pagado, con sangre y con lágrimas, el fracaso y descomposición de su dirigencia y que hoy perdieron su oportunidad, por mezquinos y egoístas. Nuestras naciones han sido profanadas, hundidas en la ilegalidad, convertidas en comunidades destituidas, por lo que urge emprender una reparación profunda.

El historial de PPK es asombroso, este economista destacado, que desempeñó varios ministerios en distintos Gobiernos, fue educado en los mejores centros educativos, pero terminó recibiendo de paraísos fiscales fondos a sus cuentas personales, (Westfield Capital y First Capital Partners), por parte de Odebrecht, por lograr una concesión. Terminó salpicado en esta escandalosa causa en el ejercicio de su presidencia, que lo llevó a dimitir el 21 de marzo de 2018. Su liderazgo es hoy una fotografía destituida, debido a sus conexiones non sanctas. Este presidente fugaz (veinte meses), pasó de una reputación impecable, a una oscura fama nacional; pasa a la historia con un Gobierno de dudosísima moralidad.

Lo reemplaza su vicepresidente, Martín Vizcarra, ante un panorama político incierto, debido a la reconversión del fujimorismo, donde padre e hijos representan una dinastía que no se guarda fidelidad política y que se distancia y desliga cuando, por razones políticas, conviene y son los que controlaron el escenario político peruano de las últimas décadas y el de actualidad. Keiko, quien no ha titubeado en capitalizar el raudal de simpatizantes que mantiene y llevar adelante sus propósitos políticos y revanchistas; mientras su padre Alberto, enfermo, aquel que en su momento estabilizó la economía del Perú y la reinsertó en el sistema financiero internacional, luego de poner fin y erradicar a la nefasta organización terrorista de corte maoísta, Sendero Luminoso, encabezada por Abimael Guzmán.

Una lástima para un país como el Perú, que tuvo una formidable oportunidad histórica y de sumar más bien en su largo recorrido; un desperdicio más, político e institucional, por causa de este sinfín de latrocinios cometidos por los últimos presidentes, que constituyen esta gran estafa institucional. Es esta la historia más reciente de otra farsa en la región.

ABOGADO

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