Columnistas 22/02/2019 - 12:02 a.m. viernes 22 de febrero de 2019

Panamá y su futuro económico-político

Como ideas sustanciales para un debate nacional, y hasta provincial, permítanseme los siguientes planteamientos referentes a distintos países

Ricardo Lasso Guevara
opinion@laestrella.com.pa

Como ideas sustanciales para un debate nacional, y hasta provincial, permítanseme los siguientes planteamientos referentes a distintos países considerados ejemplares:

Bien se ha dicho que la gran independencia económica y la relativa poca injerencia administrativa de su Madre Patria, desde los humildes inicios coloniales de EUA, contribuyó, considerablemente, a sus libertades políticas de todos los tiempos. También se ha dicho que ese país, de cuya evolución y prácticas administrativas, a diversos niveles, tenemos tanto que aprender, simboliza una sociedad más igualitaria. Esto, debido a que desde el comienzo, su gran mezcla social (‘melting pot') la constituyeron sobre todo personas en busca de oportunidades económicas y hasta libertades religiosas; pero no miembros de la nobleza europea.

No olvidemos las razones por las cuales los puritanos llegaron inicialmente a Nueva Inglaterra, desde los comienzos del Siglo XVII. Para entonces deseaban alejarse no solamente de los católicos, denominados despectivamente ‘Papistas' después del triunfo del Protestantismo, sino también rechazando a los anglicanos miembros de la Iglesia Nacional…, y en busca de lo que ellos llamaban una vida más simple, ‘como la de los Apóstoles'. A este respecto, lo más significativo para nosotros debe ser el simbolismo de una sociedad más igualitaria, que desde siempre ha atraído a inmigrantes de todo el mundo, tanto quizás como la aspiración material del llamado Sueño Americano o ‘American Dream'.

Afirmaba Adam Smith que ‘el rápido crecimiento experimentado por las colonias inglesas obedeció a que casi todo su capital se empleaba en la agricultura'. Sin depender, por supuesto, de una economía basada en la plata y el oro de las ricas minas, sobre todo en México y el Perú, que se buscaron, pero no se encontraron, en la Costa del Atlántico.

Me refiero al mismo Adam Smith, autor del libro clásico ‘La riqueza de las naciones'. Al iniciarse la lucha por la Independencia de las 13 colonias a fines del Siglo XVIII, Adam Smith sugirió la posibilidad de ‘mantener la unión', si se ofrecía a las colonias participación en el Parlamento, en proporción al pago de impuestos. Para este economista filósofo, cuando esta proporción superara la contribución de las Islas Británicas, lo que podía anticiparse dado el rápido crecimiento colonial en América, entonces ‘la capital de Inglaterra se trasladase al otro lado del Atlántico'.

Pero, aunque para esa época la colonización apenas se asomaba más allá de la cadena montañosa de Los Apalaches, relativamente cercanos a la costa, nos estamos refiriendo a un total de su población menor a la del México de la época.

A pesar de todo lo que ello significa en diversidad económico-política con la colonia española y portuguesa en América Latina, iniciada más de cien años antes, prefiero referirme a continuación a países mucho más pequeños; pero modelos de educación pública. Tal es el caso de Finlandia y Corea del Sur, que en verdad pudiesen representar un ejemplo inspirador para nosotros en Panamá. Me refiero a Singapur, el país del Asia con una posición geográfica y un total de su población parecida a la nuestra. Esa posición geográfica muy especial ha sabido utilizarla, plenamente, para el comercio internacional. ¡Ah! Y que en solo una generación pasó de la categoría de País del Tercer Mundo a la del Primer Mundo... con una muy elevada población de extranjeros y ciudadanos nacidos fuera de sus fronteras.

En Europa, el caso de Noruega y su democrática ‘economía mixta' no puede ser descartado, dada su economía privada, pero con notable ayuda del Estado, que más nos parece un país del futuro que del presente.

¿Estaremos nosotros a la espera del llamado ‘capital semilla' proveniente frecuentemente del Estado, pero para asociaciones y empresas dirigidas por particulares? Con la debida concentración en actividades como la pesca, que algún día tendremos que atender, debidamente, dada la potencialidad sin límites que nos ofrecen los dos mares más grandes del planeta.

¿Y qué pudiésemos agregar de Dinamarca, ese otro pequeño país escandinavo, con su admirable economía basada en la agroindustria y las correspondientes ‘industrias sin chimeneas'?

Por otra parte, llama la atención la tradicional neutralidad política Suiza en medio de Europa y, por supuesto, su economía notablemente incrementada desde el Siglo XIX, grandemente dependiente hoy, aunque no al principio, de su actividad bancaria. ¡Qué admirable país este, modelo de respetuosa ciudadanía y Gobierno local! ¿Acaso no somos ya ‘la Suiza de las Américas', con posibilidad de constante superación y ejemplar manejo?

Por cierto que nos estamos refiriendo a países que, según la ONU, se cuentan entre los de mayor ingreso per cápita de sus habitantes. Y si nos parece absurda la comparación con Suiza por su mayor tamaño, pongamos en la balanza a Luxemburgo, con economía parecida a la Suiza y la Alemana.

Suiza no es solo hoy bancos y relojes de prestigio mundial, es también interés por su turismo y además, ejemplo por la falta de petróleo dentro de sus fronteras.

PROFESOR DE DERECHO Y ESCRITOR.

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