Columnistas 02/08/2019 - 12:02 a.m. viernes 2 de agosto de 2019

Panamá y sus deudas

La emisión de deuda de la República de Panamá por $2000 millones a pocas semanas de haber asumido la presidencia Laurentino ‘Nito' Cortizo

José E. González
opinion@laestrella.com.pa

La emisión de deuda de la República de Panamá por $2000 millones a pocas semanas de haber asumido la presidencia Laurentino ‘Nito' Cortizo ha despertado críticas, suspicacia y cierta controversia. La deuda, emitida en dos ‘tranches' involucra bonos 2030 al 3.16 % por $1250 millones y bonos 2060 al 3.87 % por $750 millones con ‘spreads' de 1.10 % y 1.3 % sobre Bonos del tesoro norteamericano, el ‘benchmark' contra el que se mide toda emisión de deuda internacional.

La demanda por los instrumentos llegó a $11 000 millones, superando a la oferta en 5.5 veces. Los bancos encargados de la estructuración y colocación fueron Citibank y JP Morgan.

Según el Gobierno panameño, el uso de fondos será dedicado a gastos presupuestarios generales con parte de los recursos destinados para pagar a ‘contratistas y sindicatos de doctores y maestros', de manera tal que la nueva administración sea capaz de pagar cuentas adeudadas, a fin de reactivar la economía y el empleo.

De acuerdo con las agencias calificadoras, la deuda soberana panameña es de grado de inversión con S&P calificándola a BBB+ (positiva), Moody's a Baa1 (estable) y Fitch a BBB (estable).

Las tasas y tenor de la deuda son positivas, más aun tomando en cuenta que en abril de este año la República de Panamá emitió $1000 millones en deuda soberana en la Bolsa de Valores de Panamá con un tenor de siete años (2026) y una tasa de 3.75 % con un ‘spread' de 1.4 %.

Las nuevas emisiones le ofrecen al país un tenor más prolongado estableciendo una mejor ‘curva' para la deuda soberana y confirman el apetito de inversionistas internacionales por ‘riesgo Panamá' a tasas competitivas.

Comparado a emisiones soberanas recientes en America Latina, las tasas panameñas son ventajosas, tomando en cuenta que el Perú emitió bonos 2030 al 2.844 %; Chile emitió bonos 2050 al 3.5 % y Ecuador emitió bonos 2029 al 10.75 %. Todas estas emisiones se colocaron en junio.

En términos macroeconómicos, las emisiones de la República 2030 y 2060 afectarán marginalmente a la economía nacional, cuyo PIB alcanzará, según el FMI, $72 215 millones en el 2019, con un déficit fiscal del 1.34 % del PIB, una deuda neta pública del 35.3 % del PIB y un déficit en la cuenta corriente de 6.1 % del PIB.

La emisión confirma, sin embargo, lo que ya se había evidenciado en la transición Varela-Cortizo con las tensiones que reinaron en el Ministerio de Economía y Finanzas y la Contraloría, en función del estado de las finanzas públicas a causa de una reducción en los ingresos y un aumento en el gasto público que la administración saliente calificaba de ‘inversión' vis a vis ‘gasto'.

Lo cierto es que tal situación ya era clara para el Gobierno saliente que había anunciado una emisión soberana por $1200 millones para pagar a contratistas y proveedores que no llegó a ejecutar y que fue suplida por la emisión de la Administración Cortizo.

Y es que en las primeras semanas del nuevo Gobierno va quedando claro que las dos administraciones anteriores financiaron obras públicas vía licitaciones que establecían cargas financieras importantes en el balance de los contratistas, acumulando desembolsos que desaceleraron la finalización de obras públicas al mismo tiempo que se incrementaba el gasto corriente. Así, por otro lado, se generó una situación en la que el gasto fiscal no se reflejaba en el balance público, generando una progresiva desaceleración económica en la medida que los contratistas desaceleraban las obras generando descontento laboral por atraso en las nóminas.

En la medida en que el Gobierno no tenía caja, la única manera de ponerse al día era emitiendo deuda para pagar a contratistas, poner ‘dinero en la calle' (i.e. gasto y consumo) y generar un ‘jolt' (sacudida) de actividad en la economía de manera tal que la Administración Cortizo ‘arrancase con aire'.

En el 2016 la economía panameña creció 4.99 %, para hacerlo en 5.34 % en el 2017, desacelerándose a 4.6 % en el 2018 y proyectándose una reactivación al 6.8 % en el 2019.

En términos de repago, es preciso recordar que crecimiento y progreso requieren del manejo adecuado del crédito, ya que sin ahorro e inversión es imposible desarrollar el potencial económico de una nación, tomando en cuenta siempre que la clave es usar el crédito para inversión productiva y no gasto corriente, el que debe ser solventado por ingreso corriente en forma de impuestos.

Ahora bien, el desarrollo requiere que una nación utilice sus propios recursos financieros a fin de capitalizar sus recursos productivos, siendo el endeudamiento externo una forma de transferir valor a terceros, aun inevitable en naciones con escaza capacidad de ahorro e inversión domésticos.

Panamá, como diversos países en America Latina es una economía subendeudada con capacidad crediticia y de endeudamiento que debe articularse con mayores y mejores niveles de producción y productividad con políticas públicas que promuevan la transparencia en las contrataciones y gasto del Estado de manera tal que el endeudamiento, hoy bien recibido como medida última para solventar gasto, no se perpetúe en dinámicas poco productivas y onerosas.

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