Columnistas 07/12/2017 - 12:02 a.m. jueves 7 de diciembre de 2017

Panamá y China

De repente en el siglo XV la élite de China desguazó su flota e inició el repliegue al interior de sus fronteras

Omar Jaén Suárez
opinion@laestrella.com.pa

H ace 550 años China era el Estado más poderoso del planeta. Tenía la cuarta parte de su población, la mayor economía, una sociedad más homogénea en un imperio unificado, una casta de administradores eruditos y la flota más poderosa del mundo que incursionaba a menudo en las costas del océano Índico hasta el África oriental. De repente en el siglo XV la élite de China desguazó su flota e inició el repliegue al interior de sus fronteras.

Mientras, Europa occidental, dividida en muchos principados, salía definitivamente de la Edad Media, comenzaba el Renacimiento y descubría la ciencia experimental y el capitalismo. Después conocía los tumultos de la Reforma protestante y la Contrarreforma católica. Se confirmaban al fin Estados nacionales como España, Francia e Inglaterra y el pequeño Portugal que entran rápidamente en competencia económica, militar y naval. Con la Ilustración triunfa la razón desde el siglo XVIII y desde el XIX florecen las ideologías liberales y socialistas en medio de la Revolución Industrial.

Europa occidental sale de sus fronteras desde finales del siglo XV y principios del XVI con Cristóbal Colón y el periplo planetario de Magallanes-Elcano, termina por conquistar un Nuevo Mundo y el océano Pacífico con buques más pequeños que los chinos e inicia la historia global.

Tres siglos más tarde, en el XIX Francia y Gran Bretaña, a los que se suman los nuevos Estados nacionales Alemania e Italia, además de los imperios ruso, austrohúngaro y japonés y la creciente potencia estadounidense, a los que la ciencia y la tecnología han hecho invencibles, terminan por someter a un imperio chino estancado por demasiado tiempo.

Finalmente, en el siglo XX guerras civiles, la invasión japonesa, la Segunda Guerra Mundial y sobre todo Mao Zedong (1863-1976), con su ideología marxista-leninista de inspiración occidental, cuestan a China más de 50 millones de víctimas, el atraso y la miseria generalizados con un trágico final, su ‘revolución cultural', verdadera involución de una civilización milenaria.

Sin embargo, desde 1978 las elites chinas en el poder más educadas comienzan una auténtica revolución dirigida por una autocracia de partido único que considera que un país tan grande, poblado y necesitado debía construir un sistema eficaz de desarrollo nacional. Otorgan prioridad a la educación de calidad, a la modernización de la infraestructura urbana y productiva y al crecimiento económico ultracapitalista, aprovechando una abundante mano de obra barata y disciplinada. Quieren salir de su aislamiento pluricentenario y transformar a China en la potencia mundial que se justifica por su tamaño. Lo logran rápidamente en cuatro décadas para convertirla en la fábrica del mundo, la segunda economía del planeta y en la potencia hoy geopolíticamente más dinámica.

Los chinos tienen también suerte. Aprovechan enseguida el espacio de influencia que desde hace un año ha abandonado la superpotencia del Pacífico, al replegarse más en sus fronteras y en una ideología que hasta parece de involución. La naturaleza tiene horror al vacío y este es pronto ocupado por otro. La República Popular China, que salió al mar nuevamente, recibe el regalo inesperado de los gobernantes estadounidenses al retirarse abruptamente del Tratado Transpacífico de Cooperación Económica y entibiar su relación con la ASEAN, su alianza estratégica regional.

En esa circunstancia los gobernantes panameños ejecutan su más espectacular y única acción de política exterior relevante desde hace tiempo al establecer relaciones diplomáticas con el segundo usuario del Canal, la potencia emergente del Pacífico y un socio valioso en el naciente orden internacional multipolar. Retoman afortunadamente el sentido de la historia ignorado por sus predecesores engatusados por la diplomacia de la chequera taiwanesa y aceptan la reciente oportunidad que brinda China fuertemente interesada en nuestra posición geográfica.

Los chinos deben tener muy claro lo que quieren con Panamá. ¿Tendremos los panameños una idea semejante de lo que queremos con ellos, además de los acostumbrados acuerdos de cooperación, algunos negocios privados y un hipotético tren que saldría de la capital y 400 kilómetros más allá llegaría a David? ¿Sabremos aprovechar las oportunidades considerables de la nueva relación y evitar las trampas que también pueden aflorar? ¡El tiempo lo dirá!

Para comprender mejor a toda la región ver mi último libro ‘500 AÑOS DE LA CUENCA DEL PACÍFICO hacia una historia global', disponible en El Hombre de la Mancha.

GEÓGRAFO, HISTORIADOR, DIPLOMÁTICO.

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