Columnistas 15/05/2017 - 12:02 a.m. lunes 15 de mayo de 2017

Nosotros los importantes

Debemos desde ahora empezar a meditar sobre nuestra responsabilidad ciudadana para definir la suerte de nuestro país y nuestro destino. 

Berna Calvit
opinion@laestrella.com.pa

Una ‘nochecita', diminutivo tan panameño usado para ese espacio de tiempo cuando está terminando el día, pero aún no es de noche-noche, estaba atenta al noticiero que, aunque tan monótono como siempre, me obligo a ver, como uno de los gajes del oficio de opinante. Y es que no pierdo las esperanzas de que un día me sorprendan con alguna noticia que, además de importante, original o interesante, estuviera analizada y enriquecida con detalles de fondo. La verdad es que ver todos los días en la televisión las mismas noticias es penitencia. Como tengo que cumplirla, me resigno también a la dosis diaria de muletillas que se les han pegado como ‘chingongo' (de chewing gum) a los reporteros y también a los presentadores estrellas. En un artículo de hace muchos años escribí sobre la palabra ‘tema', que reviví hace unos días cuando en un programa radiofónico matutino el ministro invitado usó ‘tema' once veces desde que empecé a contar y dejé de contar porque había llegado a mi destino. En aquel viejo escrito decía que en vez de ‘hay que enfrentar el tema de la pobreza' lo que debe enfrentarse es la pobreza, no el tema. Pero nada… la muletilla sigue ganando terreno. Este ‘tema' daría para rato, pero no es el único ‘tema' para este escrito que va sin rumbo definido porque son muchos ‘temas' los que revolotean en mi cabeza mientras espero las cuentas de Odebrecht. También recuerdo, hablando sobre muletillas, un artículo de hace varios años que titulé ‘Todo se da, nada sucede'; las palabras ‘ocurrió', ‘sucedió', ‘pasó', etc., cayeron en desuso porque ahora, ‘la riña se dio', ‘la muerte se dio'... Y ¡ay! cómo quisiera no oír más las frases ‘Hasta las últimas consecuencias', ‘Nada está escrito en piedra'. Todo esto me lleva a recordar con nostalgia, gracias a los años que tengo en mi calendario personal, mejores días de periodismo televisivo, radiofónico y escrito.

De vuelta a los noticieros. Me causó profundo desagrado que en una escuela se escenificara una riña motivada por amores adolescentes; y decepcionante y hasta grotesco que una madre de familia y sus hijas se hayan involucrado al punto de ir a la escuela del Romeo a agredirlo por algún sufrimiento o daño que le causó a la Julieta de este caso. Sobre estas noticias, sostienen algunos que son realidades que deben mostrarse con relevancia, mientras que otros opinan que deberían ser ignoradas porque no aportan nada positivo, especialmente si solo se quedan en la superficie del espectáculo como gancho para los codiciados ‘ratings' de audiencia. Por otro lado, esta riña tan fuera de lugar, es otra muestra de la epidemia de violencia que está en todas partes y que debería ser considerada ‘tema de Estado', frase socorrida generalmente usada para lo que debe atender el Estado, pero que siempre queda sin resolver (educación, delincuencia, salud, etc.).

Hace unos días dos prominentes políticos intercambiaron groseros tuits con lenguas untadas con ají picante que los llevó a categoría ‘patio limoso'. Cuando suceden hechos como los que desataron en las redes sociales demoledores comentarios entre los simpatizantes de los contrincantes, se cruzan los límites de la crítica y la denuncia respetuosa y bien fundamentada; cientos de tuiteros volcaron sus antagonismos y el resultado fue ‘barrio de trifulcas' tuitero. Esta disputa magnificó el mal uso de las redes sociales que fueron aprovechadas por muchos para el más grosero y obsceno lenguaje para tomar partido. Ojalá los políticos entendieran que dirimir diferencias de esta manera los rebaja en jugadas en las que ninguno gana, todos pierden. Creo que todos tenemos un rincón oscuro donde guardamos antipatías, ‘facturas', rencores vivitos o en reposo, prejuicios, intereses; todos sentimientos negativos personales. Que los sepamos manejar para no andar ‘con sangre en los ojos' tratando de sacarnos el clavo es, en todo sentido, lo más recomendable, hasta bueno para la salud física y mental. No mojar la lengua con el vitriolo de la calumnia, la ofensa y la intención abiertamente malsana de lastimar al contrincante debería estar en un manual de conducta para todos. Pero por su influencia sobre el pueblo, debería ser norma de los políticos que tienen en sus manos (algunos, desgraciadamente) el bienestar, la paz, el progreso del país.

A dos años de la próxima campaña electoral ¿cómo se están conduciendo los que ya muestran interés en alcanzar el poder en 2019? Ya hay señales preocupantes. Tengo el ánimo preparado para seguir soportando las cansonas muletillas; me tranquiliza saber (creer) que la chequera de Odebrecht y de otros pillos internacionales no financiará candidaturas; y que los ‘benefactores' criollos tendrán que andar comedidos. Pero nosotros, los ciudadanos de a pie, somos los más importantes en el ejercicio de nuestra imperfecta democracia. Y porque lo somos, debería ser nuestra responsabilidad, nuestro empeño, dar la espalda a políticos marrulleros, con malos antecedentes, a los que nos irrespetan; y exigir medios de comunicación objetivos y usar las redes sociales para el intercambio inteligente y respetuoso de ideas. Debemos desde ahora empezar a meditar sobre nuestra responsabilidad ciudadana para definir la suerte de nuestro país y nuestro destino. Ya nos hemos equivocado demasiado.

COMUNICADORA SOCIAL.

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