Columnistas 16/05/2017 - 12:02 a.m. martes 16 de mayo de 2017

En el nombre de la libertad

Tales ideas fueron la inspiración de la independencia de nuestras actuales Repúblicas.

Ricardo Cochran Martínez
opinion@laestrella.com.pa

Tucídides, historiador griego, dijo que ‘la historia se repite en espiral', porque las pasiones humanas son las mismas. Y quien tiene el poder lo quiere para siempre, a costa de todo.

Precisamente, los pensadores franceses, Montesquieu, Voltaire, Rousseau, D'alembert, Diderot y otros, defendieron las ideas de la Libertad y Democracia, esta última idea política impracticable en el mundo de aquella época porque los pueblos eran dominados por monarcas absolutistas.

De ahí que, ante el esfuerzo intelectual y el riesgo personal de varios de estos brillantes intelectuales, naciera lo que se ha denominado ‘el siglo de las luces' o ‘el siglo de la razón'. Su intención era erradicar la ignorancia, la injusticia, la tiranía de aquellos que decían gobernar por decreto divino. Tales ideas fueron la inspiración de la independencia de nuestras actuales Repúblicas.

Ha pasado ya mucho tiempo y, aún hoy, nuestra América sigue siendo vapuleada por la tiranía, esta vez no por los monárquicos absolutistas, sino por sus contrarios ideológicos, los cuales, igual que los anteriores, no escatiman esfuerzos en martirizar a sus propios pueblos.

La frase de madame Marie Roland, ‘¡Oh, Libertad!, ¡cuántos crímenes se cometen en tu nombre!', es tan real que provoca estupor y preocupación.

Toda persona reconoce que la democracia, aun cuando es imperfecta, es una solución pacífica y consensuada a la alternancia del poder, el cual descansa realmente en el pueblo.

Lo preocupante es que la tiranía se pasee estrepitosamente por América y amenace la paz en otros países; no solo desea engullir a sus ciudadanos, sino que desea someter a otros pueblos libres.

Debemos recordar que la época contemporánea difiere de la medieval y la moderna, porque el poder político no es ejercido por un solo hombre, por un absoluto que no rinde cuentas a nadie, el poder proviene del pueblo; y los dictadores de la izquierda, están luchando contra lo que en sus principios combatían: el abuso de poder.

La Revolución francesa surge, en su momento, para derrocar un régimen autoritario, y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano es la base de esta era. Los acuerdos internacionales en materia humanitaria y la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1945 son una prueba. Todo Gobierno que obvie esta declaración, es un Estado tiránico.

Todo lo anterior se refiere a un solo hecho: los regímenes absolutistas destruyen a sus países, destruyen vidas, sueños, expectativas, pero antes de matar la conciencia y el alma, matan de hambre, de desesperación, de enfermedades, de impotencia a sus hijos. Y crean una oligarquía de funcionarios que ya han perdido toda ética.

El régimen de los monarcas franceses buscó ayuda en la Santa Alianza, que era el cúmulo temeroso de las monarquías europeas que se negaban a otorgar libertad a sus pueblos y se unían para defender el derecho de ser tiranos; su argumento era que atentar contra su poder, era atentar contra Dios.

En nuestra América, quienes por décadas han hablado de libertad y de cambiar al mundo, no han logrado sino solo traer dolor a su gente, y ahora siguen el viejo procedimiento de aquella Santa Alianza, pero no aduciendo el derecho divino, sino apelando a la revolución.

La historia, se repite en espiral, sí, porque los tiranos del Nuevo Mundo no van a entender jamás que de revoluciones no vive la sociedad actual, sino de las inversiones, empleos, alimentación, seguridad social, planes de vida, etc.

Y el mundo aquel de las tiranías quedó a dos siglos atrás, por lo tanto no solo luchan contra su propio pueblo, sino que ya están luchando, sin ellos percatarse, contra la historia misma, o en decir de Hegel: ¡contra la providencia!

Salud compatriotas… y que ‘Vive la Liberté !'.

ESTUDIANTE DE DERECHO Y CIENCIAS POLÍTICAS.

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