Columnistas 07/08/2017 - 12:02 a.m. lunes 7 de agosto de 2017

De muros y telarañas

¿Será que el alcalde le debe a Martinelli algún favor, son ‘inchi-pinchi' en algo?

Berna Calvit
opinion@laestrella.com.pa

Escribo este artículo en las vecindades de la Casa Blanca del país norteamericano. Estoy convencida de que el muro que quiere Donald Trump en la frontera con México es menos importante que el muro mental que no le permite gobernar con sensatez. La célebre casa, que parece un remanso de paz, es un ‘congo' de avispas en el que el actor principal es el mentalmente desordenado presidente, que no se ha dado cuenta, o le importa un rábano, cómo debe conducirse un presidente; cada día es patente que no tiene idea de que administrar su país y las complejas relaciones internacionales no es levantar el teléfono y dar órdenes caprichosas a sus subalternos; ni es convocar a la junta directiva de alguna empresa para que le dé luz verde a todo lo que sale de su mercantilizado cerebro. Su característica soberbia y su manejo, deslenguado y temperamental (eufemismo para no decir patán), es inquietante; parece que tampoco calibra la debilitada hegemonía norteamericana que ya no es el cuco de otras potencias. Solo el freno que le impone la eficaz separación de poderes logra detener o modificar algunos de sus improvisados planes. La pregunta que se hacen muchos es si su impredecible y polémica conducta le permitirá finalizar su período, o si obligará a mandarlo de vuelta a su Torre Trump en Nueva York. Trump y Martinelli son ‘pintorescos' (otro eufemismo), empresarios millonarios devenidos en presidentes de sus respectivos países.

Diariamente leo las noticias de Panamá donde lo concerniente a aclarar y sancionar chanchullos parece seguir en ‘modo pausa'. La noticia del acuerdo con Odebrecht, los $220 millones de multa que deberá pagar a Panamá, que en principio suena razonable, para algunos analistas financieros es desventajoso; lo que me causó un alegrón fue leer que ‘la firma brasileña se compromete a suministrar información de los panameños vinculados a los sobornos'. Si esa información solo va a manos del Ministerio Público y vamos a tener que seguir oyendo que si ‘la reserva del sumario, etc.', continuaremos especulando e intercambiando ‘figuritas'. No quisiera que se haga realidad lo que vaticina un tuitero: ‘Te lo dije; va a quedar como lo de Lavitola y Finmeccanica y todo lo del PAN: en veremos'. La impunidad se escuda en sentencias fofas llamadas ‘casa por cárcel', ‘país por cárcel' (¿hospital por cárcel?) y ‘permisos para viajar al extranjero' por esto o por aquello. Todo un relajamiento de la justicia que es incitación a continuar en lo que ya hasta va pareciendo profesión: ‘Ladrón con especialidad en Robos al Estado'.

Hace pocas horas me llegó una imagen verdaderamente repudiable. Como si estuvieran en el carnaval de la Calle Ocho en Miami, Luis Eduardo Camacho y la exdiputada Mariela Jiménez (así es, fue diputada) y otra persona que no identifico, irrespetan y alteran nuestra bandera, el más hermoso símbolo nacional, con el rostro del más notorio presidiario panameño, Ricardo Martinelli. ¿Quién, en su sano juicio, después de cinco años de rapiña, de robos descarados e infames, hasta la bajeza de dar comida dañada a los niños pobres, puede sentir orgullo de defender a un expresidente tildado ‘el Loco'? ¿Y en esa imagen de fondo, todo es obra de Martinelli? Y como si no bastara sumar mentira a la burla, en un cartel escribir ‘toy' con el Loco. ¿A qué extremos de insensatez (o de cuidar ‘la papa') lleva defender de manera tan burda y en país ajeno, a un señor detenido en una cárcel del país a donde fue a refugiarse creyendo que allá su dinero lo pondría a salvo de la justicia? ¡Está preso y no es un preso político valiente que luchó contra la tiranía o contra la injusticia social! ¡Está en una celda por abusar de su autoridad, por espiar! Carga a cuestas muchos otros delitos, pero es el espionaje el que está en el candelero. Leí las peticiones del alcalde de Miami y de otros señores, amigotes de Martinelli, solicitando que lo dejen esperar el juicio en su casa; que es un hombre bueno, generoso, filántropo y no sé cuántas razones más. Eso es lo que llamo la moral ‘chingongo'; elástica a conveniencia. Imagino las fiestas, parrandas y regalos de Martinelli a sus amigotes en Miami. Por otra parte, la injerencia del alcalde de Miami en este caso me llenó la cabeza de malos pensamientos. ¿Será que el alcalde le debe a Martinelli algún favor, son ‘inchi-pinchi' en algo?

Al terminar estos días de visita con mis amores lejanos disfrutaré, gracias a la esforzada Cámara Panameña del Libro (Capali), de la Feria Internacional del Libro del 15 al 20 de agosto que este año, con Colombia como país invitado, promete ser extraordinaria; los escritores invitados están en mi lista de autores favoritos. Lo invito, amigo lector de este diario acosado por la jauría de la OFAC, a la feria. No vaya solo a ‘pasar el rato'. Asista a interesantes conversatorios; lleve a los niños para quienes hay muchas actividades y libros maravillosos; aproveche para conocer más a los autores nacionales y a magníficos escritores internacionales. Lleve a casa uno, varios libros; leyendo viajará a lugares lejanos, conocerá otros mundos, otra gente, otras épocas. El libro, quita telarañas mentales y abre ventanas al aire fresco que sacude el polvo del aburrimiento.

COMUNICADORA SOCIAL.

comments powered by Disqus