Columnistas 11/09/2018 - 12:00 a.m. martes 11 de septiembre de 2018

Ha muerto un gran panameño

Quedé muy impresionado por la honestidad, rectitud y espiritualidad de que era dueño el Dr. Raúl Orillac. Era muy corto de tamaño, pero muy grande de corazón y bondad.

Samuel Lewis Galindo
opinion@laestrella.com.pa

Tras una corta, pero cruel enfermedad, falleció en días pasados un gran panameño, el Dr. Raúl Orillac. De joven no tuve el privilegio de conocerlo bien y poder compartir con él las muchas virtudes que adornaban su personalidad. Existía entre ambos una marcada diferencia de edades. Sabía, por supuesto, quién era él, pues era hijo de Alfredo Orillac y Raquel Arango. Su padre era primo del mío.

A Raúl Orillac lo vine a conocer bien cuando él era presidente del ‘Primer Banco de Ahorros' y yo del ‘Banco del Istmo'. Había mucha gente de nuestro banco inmiscuyéndose en la posible compra del ‘Primer Banco de Ahorros'. Eso causó alguna confusión de que era interés del ‘Primer Banco del Istmo' de adquirir, aunque fuera de manera hostil, el banco que tenía como representante legal al Dr. Raúl Orillac.

A objeto de despejar cualquier duda en cuanto a la real intensión que tenía nuestro banco en relación con el ‘Primer Banco de Ahorros', pude aclarar, en las reuniones que tuve con el Dr. Orillac, en el Hotel Sheraton, cuál era nuestro verdadero interés en adquirir por compra el ‘Primer Banco de Ahorros' de una manera amigable, que contara con el visto bueno y la simpatía de sus directores y accionistas. En pocos días de estas reuniones, el Dr. Orillac entendió perfectamente nuestras intenciones y muy pronto se hizo realidad la adquisición por parte de nosotros del ‘Primer Banco de Ahorros'.

Quedé muy impresionado por la honestidad, rectitud y espiritualidad de que era dueño el Dr. Raúl Orillac. Era muy corto de tamaño, pero muy grande de corazón y bondad.

Estando en Londres, un buen día me llamó por teléfono y me dijo que pensaba renunciar al puesto miembro de la Junta Directiva que le había ofrecido en nuestro banco. Me dijo que poseía muy pocas acciones. Le contesté que no lo hiciera. Su nombre era sinónimo de prestigio y nosotros lo necesitábamos. Raúl Orillac nunca tuvo mayores bienes materiales, pero le sobraba espiritualidad y una profunda fe religiosa que dio amplias muestras de ella durante la enfermedad que le causó la muerte tras grandes sufrimientos.

Puedo decir, con tristeza y dolor, que Panamá perdió uno de sus mejores hijos, un gran panameño, y yo a una persona a quien admiré mucho.

EMPRESARIO

comments powered by Disqus