Columnistas 07/08/2018 - 12:02 a.m. martes 7 de agosto de 2018

El ‘modo cabreo' de la población

En el caso de Venezuela, el robo bien puede haber superado los 400 mil millones de dólares

Guillermo A. Cochez
opinion@laestrella.com.pa

Las sociedades venezolana y nicaragüense viven del mismo fenómeno. Hartas con sus gobernantes, dispuestas a hacer lo que sea para sacarlos del poder. Han perdido todo que, hasta sus vidas ofrendan para lograr el cambio que por las buenas no pueden obtener. Se palpa el odio en esas sociedades. Sentimientos profundos e internos de repudio hacia sus gobernantes que provocan el deseo, ante su impotencia, de producirle un daño o de que le ocurra alguna desgracia. Hartamente peligroso termina siendo el odio, dañando más al que lo siente que a quien va dirigido, en el caso de los gobernantes corruptos, que ni lo perciben ante su permanente indolencia. Afortunadamente en Panamá, por ahora, ese odio se canaliza en campañas que no estimulan la violencia, como ‘No a la Reelección'.

Sentimiento, que se ha ido acumulando por muchos años, más de 20 en Venezuela y más de 10 en Nicaragua, en parte se produce por la profunda división que se da en las sociedades de ambos países, estimulada por los abusos de sus gobernantes y por los grandes abismos que se promueven desde el poder, impulsados por el odio de clases que abanican entre su propia gente, para dividir a las sociedades donde actúan.

Mientras unos pocos disfrutan del Estado para acometer todo tipo de actividades ilícitas y llenarse descomedidamente sus bolsillos y el de sus allegados, la mayoría de la población sufre de la falta de recursos para satisfacer sus necesidades mínimas, desapareciendo en el camino la clase media y creando una clase de privilegiados para los cuales la palabra límite en sus ingresos no tiene freno alguno. En el caso de Venezuela, el robo bien puede haber superado los 400 mil millones de dólares. Allí las mafias y el narcotráfico lograron el control total del Estado como lo soñó en Colombia Pablo Escobar Gaviria y no lo logró. Y en el de Nicaragua, solo en lo que recibieron de regalo de la Venezuela chavista asciende a 7 mil millones de dólares, administrados por los familiares de Ortega. De revolucionarios respetados terminaron en sanguinarios despreciados.

Todas estas diferencias propician el odio de la población hacia los gobernantes. Panamá no es la excepción. Por eso lo peligroso de la situación que vivimos hoy, donde el desprecio hacia la clase política se ha multiplicado. Donde a escasos 9 meses de la elección, no se ve en el horizonte ningún candidato que atisbe la posibilidad de algún cambio profundo al horroroso statu quo que se palpa.

Los últimos Gobiernos han ido creando una nueva clase de gente rica. Como decía Martinelli en su campaña de 2009, esos ‘que entran limpios y salen millonarios' y que, en su Gobierno, contrario a lo que pregonaba, sucedió algo igual o peor, en medidas que nunca terminarán de cuantificarse.

El modo cabreo de la gente, para usar el término popular, se enciende a diario cuando ve el daño permanente de las escuelas, el deterioro del sistema de salud, las condiciones infrahumanas en que viven nuestros originarios, las inundaciones y que contrasta con los grandes casos de corrupción descubiertos y que, para fomentar ese sentimiento de odio, siente que es muy poco lo que se ha logrado para castigar a los que se apoderaron de millonarios recursos públicos. Cuatro años de persecución judicial que pareciera terminarán en nada, confirmándose el refrán de que para los gobernantes ‘el crimen sí paga'.

Igual alimenta ese odio cuando se ve que a los que están en el Gobierno nadie los investiga por lo que recibieron de Odebrecht o de Blue Apple y con mucha facilidad se aceptan tesis tan absurdas como que lo que recibieron los demás es ‘coima' y lo que recibieron los panameñistas fueron simplemente ‘donaciones'. Cuando ve el descaro que han tenido los diputados con los recursos del Estado, irritándolo aún más las absurdas explicaciones que algunos brindan para tratar de justificar sus fechorías.

Panamá no está exenta de situaciones parecidas a las que viven países hermanos. La corrupción ha penetrado la sociedad panameña de una forma brutal sin precedentes. Ha sido como un cártel que lidera el gobernante de turno. Todo está podrido. Lo menos que sale de la Presidencia de la República es el ejemplo que se debe dar a los funcionarios o al resto de la población. Es poco lo que podrá hacer Varela para cambiar esta triste realidad en los meses que le quedan; solo confiamos en que podremos esperar mucho más de los que saldrán electos en 2019. Ojalá que Dios se apiade de nosotros.

ABOGADO, POLÍTICO Y DIPLOMÁTICO.

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