Columnistas 14/05/2018 - 12:00 a.m. lunes 14 de mayo de 2018

Medio Oriente, la paz y Palestina

En el fragor de la guerra regional, el pueblo palestino hace una valiente contribución a la paz mediante la exposición de sus derechos en forma valiente, franca y reiterada en los solemnes viernes de protesta

Juan Carlos Mas C.
opinion@laestrella.com.pa

Existen situaciones cruciales de la historia que los humanos conmemoramos como tragedia o como fastos, según nuestra apreciación de los hechos. Ya próximos al ejercicio de la memoria con ocasión de la Nakba o catástrofe, fecha que pone un juicio de valor al día 15 de mayo en que se creara el Estado de Israel y por consiguiente la negación de los palestinos a tener su propio y legítimo Estado, debemos hacer una apreciación del ominoso significado que tiene esa fecha para la humanidad entera y por supuesto para el pueblo palestino.

En aquella fecha se clavó una estaca colonial e imperialista en el seno del mapa medio oriental, esta es un cuerpo extraño que provoca sufrientes dolores a los pueblos de la región y que revive, cual cuadro bíblico, los tormentos de una dominación extranjera sobre un pueblo que defiende su tierra. No es casual que en las vísperas de esa recordación el Estado israelí, incrustado en el cuerpo de la nación árabe como la lanza de Longino, se apresure a una conmemoración entre fuegos y petardos, como si fuera un espectáculo necesario para reavivar el martirio.

Pero no podría ser de otro modo, ya que, como un karma ritual, Israel repite en el escenario las letras del himno estadounidense que ensalza el nacimiento de esa nación entre el fuego provocado por las bombas ‘Oh di tú si puedes ver con la primera luz de la aurora, el rojo fulgor de cohetes y bombas estallando en el aire'. Exponemos esto no como rebuscada afirmación literaria, sino desnudando la realidad de que Israel bajo el auspicio estadounidense se ha propuesto recrear el mismo mito en otras tierras, creando para sí una patria robándola a sus anteriores y legítimos dueños mediante el despojo y la violencia, arropados en supuestos divinos y trascendentes designios de la historia. Es por lo anterior que amo y vasallo intercambian roles en su papel de esclavizadores de pueblos borrando entre sí las diferencias sin poderse precisar quién manda a quién.

En el presente, en una maniobra irresponsable, pero calculada provocación, la aviación israelí, cual perro de presa de su amo estadounidense, surca de bombas los cielos de Siria para reactivar una histeria bélica que dé marco a la irresponsable actitud de Trump con respecto a los tratados que deben ayudar a encauzar la paz en el Medio Oriente. Esta es una actitud sin sentido reforzada por la decisión errática, preñada de ilegalidad, expresada en la disposición de trasladar su embajada a Jerusalén, en claro desafío a las normativas y consensos internacionales que señalan que esa ciudad debe ser el legítimo asentamiento de la capital del Estado palestino.

En el fragor de la guerra regional, el pueblo palestino hace una valiente contribución a la paz mediante la exposición de sus derechos en forma valiente, franca y reiterada en los solemnes viernes de protesta. En ellos se denuncia que las causas iniciales y no resueltas de la inestabilidad regional residen en la existencia perturbadora de un Estado como el israelí que unilateralmente desconoce desde su creación el acto de derecho internacional que en la ONU viabilizó su creación, mediante la precondición de que se crearan dos Estados. Al negar el derecho de los palestinos a su propio Estado, Israel desconoce y anula la legitimidad del acto que lo creó. Por las razones aludidas, Panamá puede hacer una contribución a la paz reconociendo al Estado palestino y contribuyendo al retorno a las condiciones de derecho que han de ser la vía eficaz para construir la paz.

MÉDICO

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