Columnistas 13/04/2019 - 12:00 a.m. sábado 13 de abril de 2019

Una médica indígena o la identidad de clase y etnia

‘A nuestra Facultad de Medicina le toca decolonizarse, esto es, dejar su proclividad europeizante y asumir una identidad de clase de los de ‘abajo' para que egresen [...] cien Bigdi más cada año'

Roberto Antonio Pinnock Rodríguez
opinion@laestrella.com.pa

En la isla de Sasardí —Mulatupu - comarca Guna Yala— nos encontramos con un edificio con paredes cuarteadas, casi derrumbadas, por la desidia propia de la eficiencia económica orientada por los criterios mercantilizados de las autoridades estatales.

Hablamos del hospital rural Inabiguinya, donde fuimos a contactar a la doctora Bigdi Preciado —directora y única médica del centro de salud— de quien nos habían hablado los pobladores por su respeto a sus creencias y uso de medicinas tradicionales, particularmente en la atención del embarazo y el parto.

Se nos comentó que la doctora Preciado permite el acompañamiento de la partera de la comunidad en la labor de parto, cuando esta no anda en otras comunidades que la solicitan. Tampoco pone objeción a que las embarazadas asistan a algún médico tradicional para que le mediquen medicina natural (TULEINA) apropiada para evitar los dolores al momento del parto. Por esto, la mujer guna que la ingiere no anda gritando como lo hace el común a la hora del alumbramiento.

En varias fechas, la doctora se ha encontrado con fetos en posiciones no adecuadas para lograr un parto normal, lo que hace requerir la presencia de Alfred López Restrepo —médico tradicional más experimentado de toda la isla—, quien es altamente eficaz acomodando el feto. Así, lo que en la medicina occidental ‘científica' implicaría una cesárea segura, con sus correspondientes secuelas en costos y riesgos, don Alfred lo convierte en un acto sencillo para la doctora o la partera.

Pudimos conocer de un caso en el que la parturienta y su familia desdeñaron la asistencia de este sabio de 93 años y al ser trasladada de urgencia a un hospital fuera de Guna Yala, el desenlace fue desdichadamente fatal.

Sin duda, se revela un esfuerzo conjunto entre la institucionalidad médico occidental de ese centro de salud en referencia, con la práctica médica tradicional, en materia de la gineco-obstetricia cotidiana de estas comunidades.

Aquí, la doctora Bigdi representa una agente inapreciable de transculturización de la práctica médica, por cuanto que no hace excluyentes o antagónicos entre sí los procesos de una y otra cultura de salud. Más bien, logra su articulación haciéndolas complementarias.

Por otro lado, las evidencias disponibles, dan cuenta de que la efectividad de esta transculturización para resolver este tipo de problemas de salud está más que satisfecha. El sentido común sugiere que un sistema de salud transculturizado es apropiado, prácticamente obligante, en una sociedad subdesarrollada, sobre todo si este sistema no parte de considerar a la atención de salud como objeto de compraventa para generar ganancias para unos pocos.

Es decir, si no hay una identidad con las clases de ‘abajo' de la pirámide social, de nada vale hablar de respeto de las tradiciones culturales de las poblaciones aborígenes, aun cuando sea originario de estas, porque de que hay médicos de la origen indígena que se han pasado al bando social y étnico que no los vio nacer, los hay.

No hay duda que la identidad de clase y de etnia de origen es parte del secreto de la actitud tranculturizada de la doctora de nuestro relato. Ella, a la fecha, no se ha dejado cautivar por las veleidades de las ideologías médicas eurocéntricas —y gringocétricas—, pero menos aún, se ha desarraigado de su clase social de origen.

Nuestras facultades de medicina deberían estar formando este tipo de profesionales, para beneficio del desarrollo de una sociedad panameña con equidad. Lamentablemente, abundan los docentes eurocéntricos y con intereses de clase distintos a los de los de ‘abajo'.

Pero, Bigdi no es la única con esta práctica, hay más ejemplos —pocos, muy pocos— en la comarca Guna Yala dignos de emular, pero que están en condiciones precarias para cumplir con su cometido. El sistema de atención de salud panameño está minado por los de ímpetus mercantilizados —en la mayoría de los niveles de decisión— que no orientan la asignación de recursos donde las necesidades de la población lo indican.

A nuestra Facultad de Medicina le toca decolonizarse, esto es, dejar su proclividad europeizante y asumir una identidad de clase de los de ‘abajo' para que egresen, diez, veinte, cien Bigdi más cada año. Es parte de un sueño por el desarrollo sostenible de nuestro país, que merece ser vivido desde ya.

SOCIÓLOGO Y DOCENTE DE LA UP.

‘[...] la doctora Bigdi representa una agente inapreciable de transculturización de la práctica médica [...]'
 
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