Columnistas 08/10/2018 - 12:02 a.m. lunes 8 de octubre de 2018

Mayo

‘[...] siempre ha sido escenario de sucesos trascendentales en la historia de nuestra Nación. Por razones sobre las que en nada influyen las lunas o soles, los adivinos [...]'

Luis Guillermo Zúñiga Araúz
opinion@laestrella.com.pa

En estos días agitados por las iniciales ventoleras políticas que adornan este trópico llovido, me vino a la memoria el mes de mayo. Mayo siempre ha sido escenario de sucesos trascendentales en la historia de nuestra Nación. Por razones sobre las que en nada influyen las lunas o soles, los adivinos o pitonisas, los ocultos influjos de lo sobrenatural o las cavilaciones de los varones políticos en el entorno de su desgastada bola de cristal, es mayo un mes que como imán colosal atrae hechos importantes en la vida nacional.

Uno de esos hechos, por ejemplo, son las elecciones. Mayo, quizás sin saberlo, define el rumbo angustioso del Estado. Cada cinco años, cuando mayo llega, se encuentra con un paisaje multicolor, abrumado de grandes afiches, enormes pancartas, desmirriados trapos y sugestivas papeletas, con los rostros sonrientes de los candidatos a ocupar la Presidencia y las caras duras de los aspirantes y reaspirantes a diputados. Los unos cargando niños, los otros abrazando viejas. Mira mayo la candidez de aquellos postulados de último minuto, de frente fruncida, como el del joven universitario de barrio pobre que se tilda de serio y que aspira sin recursos a ser representante de corregimiento. Mayo observa y participa como actor sin el cual no hay permiso para iniciar la comedia. A la hora de despedirse, contempla mayo esas cataduras ya descoloridas y lánguidas como los camellos de Darío, todavía colgadas de los postes o soldadas a las paredes y los fija en su memoria, cual retrato imborrable y ahí los deja a ver si vuelven en la próxima jornada. Desde hace años lleva mayo en su sangre ese agridulce sabor electorero, de votos, conteos y actas, de llamadas y reuniones, de calenturas y conspiraciones. Él degusta inmutable las algarabías y los fracasos y las traiciones y las sorpresas y los discursos de los entendidos que, al final del día, justifican o censuran el resultado que se dispongan en las grandes urnas de mayo.

Si se hojea el calendario de mayo, no caben dudas de que se trata de un mes donde han ocurrido cosas que no se atrevieron a suceder en otros meses. A ningún otro se le ocurriría disputarse con mayo el Día del Trabajador. Despojar a mayo de este día, sería una burla al movimiento obrero que con justificada razón saldría por las calles del mundo a recuperar el legítimo derecho que tiene mayo de celebrar desde 1889, el Día del Trabajo.

En ese mes también alumbra con mayor intensidad la figura cimera de nuestro cholo heroico. Desde mi pueblo, clavado donde termina la cordillera, aún se escucha el eco de los fusiles que dieron muerte al guerrillero, allá en la capital. Cuando el cielo se enluta en La Negrita y El Cocal, cuando se encapota el norte y truena, es que recuerda con rabia que un día, 15 de mayo de 1903, se enfilaron los dardos traicioneros contra el pecho de Victoriano.

Mayo volvió a llorar en serio en 1914, cuando aquello de los muertos de El Polvorín. Desde entonces, las lágrimas de aquel mayo las recuerda el Benemérito Cuerpo de Bomberos de Panamá, al rendirle sentido tributo a los que ese día ofrendaron sus vidas en cumplimiento del deber.

Fue en mayo de 1958, y no en ningún otro mes, cuando lo de la siembra de banderas en la Zona del Canal. Los muchachos agrupados en la Unión de Estudiantes Universitarios de Panamá, suscribieron una gesta patriótica de reafirmación de la soberanía nacional. Se les unió todo el pueblo y con una sola voz clamaron por la recuperación de nuestros panales. Mayo, cómplice entusiasta de la nacionalidad, también repudió el colonialismo agobiante del imperio.

Era mayo de 1951, cuando al entonces presidente Arnulfo Arias Madrid, políticamente aislado, se le ocurrió abolir de un plumazo, mediante Decreto Ejecutivo, la Carta Fundamental de 1946 y adoptar la Constitución de 1941, aprobada el 2 de enero de ese año, durante su anterior mandato. El Decreto, calendado 7 de mayo de 1951, además, ordenaba el cierre de la Asamblea y la declaración de interinidad de los magistrados de la Corte Suprema. El generalizado repudio por semejante decisión, conllevó actos de extrema violencia que dieron al traste con su Gobierno.

Mayo es siempre como un pariente que viaja y algo trae. Algo encuentra para todos en esa maleta polvorienta que se perdió un año entero por los senderos inescrutables de los almanaques. Nunca llega como esos meses silenciosos, calmos, desnudos, que andan insulsos y cuyos minutos transitan a hurtadillas y temerosos. Mayo es especial, es inquieto, ruidoso, imponente, vivaz. Mayo es lleno de gracia y llanto, alegría y movimiento. Mayo sentimental, guerrero, soberano cual ninguno, se nos parece tanto que no me equivoco si digo que sus días nos corren en las venas, se anidan sus horas en el pecho y en el alma de la Patria dejan huellas imborrables.

Sí, estos vientos, tenues aún, no mienten. Ya inició delirante su andar el mes de mayo, viene a pie por los viejos caminos de siempre, firme y presto para escrutar las novedades de la próxima contienda política. Mayo, andariego, maestro de cívicas lecciones, acelera el paso, vuela, tú que todo lo puedes y todo lo cambias y lo conviertes en trinos, en verde y en vida. Ven mayo, vuelve, canta tu sonora saloma de esperanzas.

ABOGADO

‘Mayo es siempre como un pariente que viaja y algo trae. Algo encuentra para todos en esa maleta polvorienta que se perdió un año entero [...]'
 
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