Columnistas 13/04/2018 - 12:03 a.m. viernes 13 de abril de 2018

Marta Matamoros, ejemplo de lucha y dignidad nacional

Hasta la década del treinta del siglo pasado muchos autores pasaban por alto el heroísmo de Victoriano Lorenzo

Jaime Flores Cedeño
opinion@laestrella.com.pa

Los textos de historia de Panamá, casi no mencionan a los hombres y mujeres provenientes de sectores populares que lucharon por el bienestar de la Patria. Esto se debe a que los escritores ‘oficiales' de nuestra historia desde inicios del siglo XX, se dedicaron a enaltecer las administraciones de los presidentes de la República que se alternaron desde 1903, y no así, a los líderes sociales que se enfrentaron a las directrices emanadas de los poderes del Estado. Ejemplo fue, que hasta la década del treinta del siglo pasado muchos autores pasaban por alto el heroísmo de Victoriano Lorenzo, a quien consideraban un bandido. Años después sería reivindicado por Diógenes de la Rosa, y otros intelectuales, que le dieron su justo sitial en la historia al gran guerrillero coclesano.

Una de estas grandes dirigentes nacidas en nuestra geografía nacional y cuya trayectoria debe estar presente por su ejemplo y dignidad, fue: Marta Matamoros (1917-2005), quien dedicó gran parte de su vida a reivindicar los derechos de los trabajadores. Nació en el seno de un hogar integrado por padres costarricenses, los cuales a raíz de la Guerra de Coto de 1921, se vieron forzados a salir del país. Al regresar su familia a Panamá, Matamoros, ingresa a trabajar primero en el Corte Inglés, y luego, en el Bazar Francés, cumpliendo labores en este almacén se afilia al Sindicato de Sastres y Similares (1944).

En su condición de sindicalista alzó su voz a favor de un trato más humano para los trabajadores en los talleres, por salarios justos, derecho a la sindicalización, e instalaciones adecuadas y seguras. Defendió a las mujeres trabajadoras que en aquella época no contaban con un fuero de maternidad, situación que las forzaba a trabajar días antes de la gestación. Estas luchas se dieron por medio de negociaciones, paros y huelgas, pero con una firme unidad y organización. Se logró finalmente que los constituyentes de 1946 introdujeran en la Carta Magna de ese año gran parte de las reivindicaciones planteadas, incluyendo el fuero maternal, regulado de manera similar en el Código de Trabajo de 1947.

Marta Matamoros, sobresalió también por sus convicciones patrióticas en defensa de la soberanía nacional. Se le recuerda como una de las principales dirigentes de la Gesta de 1947, por el rechazo del Convenio Filós-Hines, que pretendía prorrogar sitios de defensa estadounidenses en Panamá y al protestar contra la agresión de que fueron víctimas estudiantes y ciudadanos el 9 de Enero de 1964.

En 1951, salió electa secretaria general de la Federación Sindical de Trabajadores. Al frente de esta organización dio su respaldo a la huelga de choferes de buses de Río Abajo (1952), que exigían ser incorporados al seguro social y tener salario fijo. En represalia, el Gobierno de turno, al mando de José A. Remón Cantera, dio órdenes de sacarla a la fuerza del sindicato, arrestarla y enviarla a la cárcel Modelo, donde pagó 99 días inconmutables. En este centro penitenciario fue recluida por un tiempo en una celda de aislamiento llamada la ‘Macarela', como una forma de castigo por su forma de pensar. En esta jornada fueron encarcelados también los dirigentes obreros Domingo Barría y Ángel Gómez.

En la década del cincuenta se integró a las filas del Partido del Pueblo, conformado por líderes obreros, campesinos, indígenas y estudiantes. Allí confraternizó con otros panameños honestos y patriotas de esa generación que merecen nuestro igual respeto como: Rubén Darío Sousa, Cleto Sousa, Carlos Francisco Changmarín, César de León, Miguel Porcell, Luther Thomas, Félix Dixon, José del Carmen Tuñón, Domingo Barría, Ángel Gómez y Hugo Víctor. En este colectivo llegó a ser parte del Buró Político por muchos años.

A lo largo de su vida se mantuvo al lado del sindicalismo obrero y en defensa de la Patria. Constituyó un ejemplo en todo el sentido de la palabra y jamás tranzó por posiciones acomodaticias, siendo su interés fundamental el bienestar de la colectividad. Los arrestos y persecuciones no la doblegaron, todo lo contrario, la hicieron más fuerte en sus convicciones e ideas.

Hoy, la recordamos por todo su legado transmitido, que está lleno de valores, compromisos, amor patrio y defensa de los obreros, quienes por su posición social son los más vulnerables en la relación de trabajo. Su aspiración social se circunscribió en vivir en un país justo, equitativo y, verdaderamente, democrático donde se respeten los derechos de la clase trabajadora a la cual perteneció.

ABOGADO – HISTORIADOR.

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